El jueves vuelve a oler a cocido en Alcalá de Henares

Alberto Sanz Blanco

Lunes 23 de Febrero de 2026

Los “Jueves de Cocido” del Travelodge Alcalá de Henares consolidan una cita semanal dedicada a la tradición madrileña de los tres vuelcos en el corazón de La Garena.

El calendario gastronómico madrileño conserva códigos no escritos. Uno de los más persistentes fija el jueves como territorio natural del cocido. No responde a una tendencia reciente, sino a una costumbre asentada que todavía hoy estructura el ritmo de muchas casas de comidas.

En ese contexto, el Travelodge Alcalá de Henares ha puesto en marcha una iniciativa específica: los "Jueves de Cocido", activos desde el 15 de enero. La propuesta nace con la intención de convertir ese día en una cita reconocible dentro de Alcalá de Henares, vinculando tradición y mesa compartida en un entorno hotelero que busca abrirse también al público local.

El establecimiento se ubica en el corazón del complejo comercial de La Garena, en la calle Fausto Elhuyar, 3, una zona de fácil acceso y con aparcamiento, circunstancia que facilita que la convocatoria trascienda al huésped habitual y atraiga también a residentes y público de empresa.

Desde el equipo del hotel explican que el objetivo pasa por asociar el jueves a la buena mesa y recuperar el carácter social del cocido: redescubrirlo, compartirlo y devolverlo a la conversación habitual de la ciudad. Más allá del enunciado, el movimiento resulta significativo en un momento donde el menú del día tiende a simplificarse y los guisos de larga elaboración pierden presencia.

El cocido madrileño no admite atajos: requiere un fondo bien trabajado, legumbre firme, hortalizas en su punto y un equilibrio cárnico calibrado con criterio. Su identidad se articula en la liturgia de los tres vuelcos, una secuencia que ordena la experiencia y marca el ritmo de la mesa: primero la sopa, intensa y reconfortante; después los garbanzos con las verduras, eje estructural del plato; por último, las carnes y embutidos, aportando profundidad y carácter. Esa progresión convierte el guiso en una arquitectura culinaria con sentido interno, donde cada fase cumple una función precisa dentro del conjunto.

Convertirlo en cita semanal introduce algo más que un menú temático. Supone reinstalar un hábito. Y en una escena gastronómica dominada por la rotación constante y la novedad inmediata, recuperar un rito fijo adquiere una dimensión cultural que trasciende lo estrictamente culinario.

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