Los incendios y la sequía alteran la campaña del vino en Francia
El humo, el calor extremo y la falta de agua ponen en riesgo la calidad y los ingresos
martes 1 de septiembre de 2026

Los incendios forestales y la sequía están alterando la campaña del vino en Francia, con efectos sobre la maduración de la uva, el calendario de vendimia, la calidad final y una parte de los ingresos de las bodegas. En el mayor exportador de vino de la Unión Europea, donde hay unas 739.000 hectáreas de viñedo repartidas por zonas como Languedoc, Burdeos y el valle del Ródano, el calor extremo de este verano ha adelantado la recolección y ha elevado la preocupación por el efecto del humo sobre la fruta.
Para el sector de bebidas, lo que ocurra en Francia puede tener impacto en la cosecha de 2026 de uno de los grandes proveedores europeos de vino, tanto en volumen como en perfil de acidez, graduación alcohólica y calidad comercial. A eso se suma la presión sobre las ventas y sobre el enoturismo, una vía de ingresos que muchas bodegas han reforzado en los últimos años.
El verano comenzó con una cúpula de calor en mayo y, a mediados de agosto, varias zonas alcanzaron los 40 grados. A la vez, el episodio de El Niño trajo condiciones más cálidas y secas en Europa occidental. En ese escenario, los incendios avanzaron por áreas de Gironda, en el suroeste francés, cerca de Burdeos y en pleno territorio vitivinícola.
El ministro del Interior, Laurent Nunez, cifró en al menos 465.000 hectáreas la superficie quemada desde comienzos de año. Solo en Gironda ardió una extensión equivalente a unas cuatro veces París, en el mayor incendio registrado allí desde 1949. Las autoridades evacuaron a unas 220.000 personas, incluidas muchas que vivían cerca de Burdeos, mientras las llamas arrasaban grandes masas de pinar. La intensidad del fuego llegó a generar rayos y nuevos focos, según informaron las autoridades francesas. También hubo incendios en Landes, Var y en zonas de Aude y Hérault.
Este martes, 1 de septiembre, seguían bajo vigilancia algunos focos pequeños en el sur, entre ellos en Saumos, a cerca de una hora de Burdeos, aunque todos estaban controlados.
Per Karlsson, experto en vino y responsable de la agencia BK Wine Tours junto a su esposa, sostiene que la mayor parte de los viñedos de Burdeos ha quedado a salvo porque se sitúa más hacia el interior, aunque el frente del fuego llegó a estar a 15 kilómetros de la ciudad. El riesgo más serio para muchas explotaciones no ha sido tanto la llama como el humo, que puede viajar mucho más lejos que el incendio.
Durante los fuegos de julio, la ceniza llegó a caer sobre Libourne, a más de 100 kilómetros del origen de algunos focos en Cap Ferret, en la costa atlántica al oeste de Burdeos. Libourne está cerca de Saint-Émilion, una de las zonas más conocidas del país. Karlsson apunta a un posible efecto de “smoke taint”, un defecto que aparece cuando los compuestos del humo penetran en la piel de la uva y luego se liberan durante la fermentación. Ese proceso altera el sabor y el aroma del mosto y del vino, y rebaja la calidad final. Una vez que la uva ha absorbido esos compuestos, lavar la fruta apenas corrige el problema.
El calor también cambia la composición de la uva. Las temperaturas altas aceleran la maduración, elevan el contenido de azúcar y empujan al alza el grado alcohólico del vino. Al mismo tiempo, reducen la acidez natural, un elemento básico para el equilibrio y la frescura. Esa combinación ha llevado a muchos productores a adelantar la vendimia a agosto, cuando lo habitual era comenzar en septiembre.
La falta de agua agrava la situación. En varias zonas de Europa occidental, ríos como el Danubio y el Rin han bajado con fuerza. En el este de Francia, el río Doubs ha llegado a casi desaparecer en algunos tramos, con cauces secos a la vista. Las autoridades han impuesto restricciones de uso del agua en numerosas áreas. La ministra de Transición Ecológica, Monique Barbut, dijo en una reunión de crisis celebrada en julio que la sequía de este año era “excepcional” por su intensidad y que se había producido pese a unas lluvias medias.
En muchas regiones vitícolas francesas el riego está limitado o prohibido para obligar a la vid a buscar agua subterránea y evitar una dilución excesiva de la fruta. Pero la planta necesita humedad suficiente para formar bayas grandes y jugosas. Cuando no la encuentra, tira del agua almacenada en la propia uva, lo que reduce su tamaño. Stéphane Vignon, viticultor de Verzenay, en el noreste del país, afirmó a Reuters que algunos racimos pesaban este año casi un 30% menos de lo habitual.
Los incendios y la sequía no solo afectan al viñedo. También golpean al enoturismo. Karlsson explica que las visitas y catas privadas se han convertido en una fuente importante de ingresos para muchas bodegas francesas, incluidas las de Burdeos, donde cada vez más propiedades abren sus puertas al público. Sin embargo, durante los incendios muchos viajeros evitaron desplazarse a ciertas zonas y, a finales de julio, el Gobierno francés pidió a la población que no acudiera a la región de Gironda mientras seguía activo el gran fuego.
La presión llega además en un momento de menor consumo de vino en muchos mercados. En Estados Unidos, el país que más vino bebe y principal comprador del producto francés, el consumo pasó de 3.300 millones de litros en 2020 a 2.700 millones en 2024, de acuerdo con el Wine Institute, con sede en California. A ello se suman los aranceles impuestos por Donald Trump al vino francés en 2025 y sus reiteradas amenazas de elevarlos de nuevo, una incertidumbre adicional para las bodegas exportadoras.
Karlsson considera que el sector puede adaptarse en parte al cambio climático con medidas como la plantación de variedades más tolerantes al calor. A su juicio, la pérdida de consumidores pesa tanto o más que la presión meteorológica sobre un negocio que este verano ha visto cómo el fuego, el humo y la falta de agua alteran una de sus campañas más delicadas.