El emparrado 'high wire' se impone como la vía más eficaz para elevar la producción

Una sesión técnica en Estados Unidos alerta además de nuevas exigencias sobre pesticidas y resistencia a fungicidas

Martes 23 de Junio de 2026

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El emparrado 'high wire' se impone como la vía más eficaz para elevar la producción

La American Society for Enology and Viticulture celebró el jueves, 18 de junio, una sesión de desarrollo profesional para viticultores centrada en tres asuntos con efecto directo sobre el viñedo y la elaboración de vino: la elección del sistema de conducción, los nuevos requisitos de etiquetado de pesticidas y antimicrobianos en Estados Unidos y la formación para reducir la resistencia a fungicidas.

La sesión tuvo lugar entre las 15.45 y las 16.45 en el Grand Ballroom 100B, dentro de la conferencia nacional de la entidad, y estuvo moderada por Cain Hickey, de la Pennsylvania State University. Intervinieron Haley Williams, de Mississippi State University; Megan Luke, de Penn State Extension; y Malcolm Hobbs, de University of California Cooperative Extension en el condado de Napa.

Haley Williams presentó un trabajo sobre la influencia del sistema de conducción en el rendimiento y la calidad de la uva de mesa y vinificación en el sur de Misisipi. El estudio comparó dos modelos, high wire bilateral cordon (HWBC) y vertical shoot-positioning (VSP), en seis variedades híbridas interespecíficas: Ambulo blanc, Black Spanish, Lomanto, Mamont noir, MidSouth y Victoria Red. Los ensayos se realizaron en la estación experimental agrícola y forestal de Misisipi en Poplarville, con cosechas recogidas en 2024 y 2025.

Las mediciones incluyeron rendimiento por hectárea y por cepa, peso de racimos y bayas, número de racimos por planta, número de bayas por racimo, sólidos solubles totales, acidez titulable y pH del mosto. Williams y Eric Stafne observaron interacciones entre variedad y sistema de conducción en todos los componentes del rendimiento, mientras que la calidad del fruto varió entre cultivares.

Black Spanish, Lomanto y MidSouth dieron más producción con HWBC. Black Spanish y Victoria Red registraron mayor peso de racimo con ese mismo sistema. El peso de baya fue superior con HWBC en Ambulo blanc, pero mayor con VSP en MidSouth. Lomanto, Mamont noir y MidSouth presentaron más racimos por cepa con HWBC, y Black Spanish mostró más bayas por racimo también con HWBC.

En calidad del fruto, Black Spanish, Victoria Red y Ambulo blanc alcanzaron los valores más altos de sólidos solubles totales. Black Spanish tuvo una acidez titulable superior a todas las variedades salvo MidSouth. Victoria Red y Ambulo blanc registraron el pH de mosto más alto. A partir de esos resultados, los autores concluyen que el tipo de emparrado no mostró un efecto aparente sobre la calidad del fruto, aunque HWBC puede ajustarse mejor a la maximización del rendimiento en esas variedades.

La segunda intervención se centró en los cambios regulatorios que afectan al sector del vino y la uva en Estados Unidos. Megan Luke explicó que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) lleva varios años revisando las etiquetas de pesticidas para incorporar nuevas exigencias ligadas al riesgo para las personas expuestas a estos productos y al impacto ambiental bajo la Endangered Species Act. La estrategia sobre herbicidas quedó cerrada en 2024 y la relativa a insecticidas se publicó en su versión final en 2025. La estrategia sobre fungicidas se espera para 2027.

Luke señaló que se trata de los primeros cambios amplios en el etiquetado desde la implantación de las Worker Protection Standards. Por eso, considera necesario que personal técnico, viticultores y responsables de bodega conozcan las nuevas obligaciones y manejen el vocabulario y las herramientas exigidas para acreditar el cumplimiento.

Entre los puntos tratados figuraron el uso de Bulletins Live! 2 y del portal Mitigation Menu, así como el sistema de “puntos” ya implantado para verificar medidas de mitigación. También repasó ejemplos concretos de productos habituales en viticultura que ya están sujetos o pasarán a estar sujetos a estas nuevas condiciones. La ponencia incluyó además los nuevos calculadores sobre deriva y escorrentía, mapas de riesgo por ubicación y orientaciones sobre vertidos de aguas residuales para operaciones que emplean antimicrobianos, como las bodegas.

Ese bloque tiene una derivada directa para el sector de bebidas porque puede influir tanto en las decisiones agronómicas como en los procedimientos internos de bodega. La adaptación a estas reglas puede afectar al uso de fitosanitarios, a la documentación exigida por las autoridades y a prácticas ligadas al tratamiento del agua en instalaciones vinícolas.

La tercera presentación abordó la resistencia a fungicidas en viñedo desde una perspectiva formativa. Malcolm Hobbs, junto con Michelle Moyer y Monica Cooper, expuso resultados obtenidos a partir de encuestas y entrevistas realizadas entre 2018 y 2025 con profesionales del sector del vino en California y Washington. Ese trabajo detectó diferencias en el conocimiento sobre prácticas para limitar resistencias, barreras sociales y conductuales para aplicar medidas recomendadas, lagunas formativas y distintos niveles de uso de los recursos técnicos disponibles.

Con esa información, el equipo desarrolló y evaluó nuevas actividades de divulgación sobre gestión de plagas y enfermedades orientadas a mejorar la comunicación y la colaboración dentro del sector. Los autores plantean reforzar redes locales entre pares, adaptar mejor los materiales formativos al público al que van dirigidos e impulsar habilidades interpersonales que faciliten la circulación del conocimiento.

Hobbs sostiene que ese enfoque puede favorecer una mayor adopción de prácticas basadas en evidencia para contener la resistencia a fungicidas. Para bodegas y productores, esa línea de trabajo puede traducirse en una protección más eficaz del viñedo frente a pérdidas productivas o problemas sanitarios que terminan afectando a la disponibilidad y calidad de la uva.

El estudio sobre sistemas de conducción contó con apoyo del Mississippi Agricultural and Forestry Experiment Station, del National Institute of Food and Agriculture a través del proyecto Hatch con número 440157 y del Agricultural Research Service del Departamento de Agricultura de Estados Unidos con el expediente 59-6062-6-003. El trabajo presentado por Luke se basó en una revisión bibliográfica sobre directrices y herramientas de la EPA e incluyó entrevistas con personal estatal encargado del cumplimiento normativo. La investigación sobre resistencia a fungicidas recibió financiación de American Vineyard Foundation y del Specialty Crop Research Initiative del Departamento de Agricultura estadounidense.

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