La genética acelera la búsqueda de uvas sin semillas

Unos marcadores permiten identificar antes las plantas útiles y recortar años en los programas de mejora vegetal

Lunes 20 de Abril de 2026

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Scientists Identify Markers That Could Speed Seedless Grape Breeding

Un equipo internacional de investigadores ha identificado marcadores genéticos que pueden acelerar la obtención de variedades de uva sin semillas, un avance que puede acortar los tiempos de selección en programas de mejora vegetal y facilitar el trabajo de viveros y centros de investigación.

El estudio, publicado en una revista científica especializada y recogido por Phys.org, se centra en una cuestión que interesa a la viticultura y al sector de la fruta de mesa: cómo saber antes, y con más precisión, qué plantas darán lugar a uvas sin pepitas. Hasta ahora, esa comprobación exigía esperar a fases más avanzadas del desarrollo de la planta, con más tiempo y más recursos invertidos en ejemplares que luego podían no servir.

Según los autores, los marcadores permiten identificar rasgos asociados a la ausencia de semillas en etapas tempranas del proceso. Eso abre la puerta a seleccionar mejor el material vegetal desde el inicio y a reducir el número de plantas que deben seguir adelante en cada cruce. En términos prácticos, el método puede hacer más eficiente el trabajo de mejora genética en uva de mesa.

La investigación se apoya en técnicas de genética molecular aplicadas al cultivo de la vid. Los científicos compararon material vegetal con distintas características para localizar señales del ADN vinculadas a la formación o ausencia de semillas. A partir de ahí, desarrollaron herramientas que pueden usarse como filtro en programas de selección.

El interés comercial es claro. La demanda de uvas sin semillas sigue siendo alta en muchos mercados y obliga a las empresas obtentoras a buscar variedades que combinen ese rasgo con buen sabor, tamaño, textura y resistencia al transporte. Cuanto antes se identifiquen las plantas útiles, menor es el tiempo necesario para avanzar hacia nuevas variedades.

El trabajo también puede tener efectos en la organización de los programas de mejora. En lugar de esperar varios ciclos para comprobar si una planta cumple con lo esperado, los equipos pueden aplicar pruebas genéticas desde fases iniciales. Eso reduce el número de muestras que pasan por invernadero o campo y permite centrar recursos en las líneas con más opciones.

Los investigadores señalan que este tipo de marcadores no sustituye otras evaluaciones agronómicas, pero sí añade una herramienta útil para tomar decisiones más rápidas. La calidad final de una variedad depende además de factores como productividad, adaptación al clima, comportamiento frente a enfermedades y aceptación comercial.

En un sector donde cada campaña cuenta y donde el desarrollo varietal puede prolongarse durante años, disponer de métodos más precisos para seleccionar plantas supone una ayuda para empresas privadas, universidades y centros públicos. El avance se suma a otras aplicaciones recientes de la genética en agricultura, orientadas a acelerar la obtención de cultivos con rasgos concretos sin perder control sobre su comportamiento en campo.

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