Brasil se convierte en la gran apuesta exterior del vino italiano
La oportunidad depende de importadores fiables, precios coherentes y una presencia estable sobre el terreno
domingo 8 de noviembre de 2026
Las bodegas italianas ven en Brasil una vía para diversificar sus ventas al exterior, pero el acceso a ese mercado exige algo más que interés comercial. Esa fue una de las ideas centrales del foro Brasil y Europa: nuevas fronteras para el negocio del vino, celebrado este sábado, 7 de noviembre, en la Palm Lounge del Hotel Therme, dentro del Merano WineFestival 2026. En el encuentro participaron instituciones, productores y especialistas del vino para analizar cómo están cambiando los intercambios entre Europa y Sudamérica y qué espacio puede ganar Italia en uno de los mayores mercados de importación de la región.
Las cifras presentadas en Merano dibujan un mercado de gran tamaño. Brasil importa vino por un valor de unos 561 millones de dólares y exporta 13,8 millones. El país cuenta además con 965 bodegas registradas y una producción declarada de alrededor de 310 millones de litros. Esos datos apuntan a una realidad mixta: existe una base productiva propia, pero al mismo tiempo hay una presencia amplia de vinos llegados del exterior. Entre los proveedores más asentados figuran Chile y Argentina, mientras que, dentro de Europa, Portugal ocupa una posición relevante.
Ese punto es básico para entender el margen de entrada de las bodegas italianas. Brasil no es un mercado vacío, sino un destino con operadores ya instalados, redes de distribución complejas y referencias conocidas por el consumidor. Por eso, varios participantes en el foro coincidieron en que el avance de Italia pasa por diferenciar su oferta dentro de un escaparate amplio, en el que no basta con llegar, sino con encontrar una posición clara.
Durante el debate también se abordó el cambio en las preferencias de compra. Junto a los tintos, que siguen teniendo mucho peso en Brasil, los consumidores muestran más atención hacia blancos, rosados y espumosos. Los asistentes señalaron además una mayor curiosidad por zonas italianas menos conocidas fuera de los circuitos habituales. Para Italia, ese interés abre margen a una oferta muy variada en variedades, denominaciones y territorios, aunque el paso de la curiosidad a la venta depende de que cada bodega adapte su propuesta al mercado de destino.
Otro de los asuntos tratados fue el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, que incluye a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. La aplicación provisional del pacto comenzó el 1 de mayo y plantea una reducción gradual de barreras comerciales y una mayor integración económica entre ambos bloques. Para el vino europeo, esa apertura puede mejorar las condiciones de acceso y reforzar la posición de los productores comunitarios, aunque en Merano se insistió en que el acuerdo, por sí solo, no resuelve las dificultades de entrada.
El sistema brasileño mantiene varios elementos que condicionan la venta de vino. A los aranceles se suman la fiscalidad interna, los trámites administrativos, la estructura de la distribución y el posicionamiento del producto. En el foro también se aludió a las reformas fiscales en Brasil, que podrían alterar las condiciones de comercialización. La conclusión compartida por los operadores fue que la apertura comercial ofrece una oportunidad, pero construir una presencia estable exige inversión, conocimiento del mercado y relaciones continuas con socios locales.
Esa necesidad se nota sobre todo en las pequeñas y medianas bodegas. Los participantes señalaron que, para entrar en Brasil, resulta esencial dar con importadores y distribuidores adecuados, fijar una política de precios coherente y entender cómo compra el consumidor brasileño. El factor precio sigue siendo importante, pero también lo es la capacidad de explicar el valor del producto en un entorno cultural distinto del europeo. En ese proceso, los encuentros profesionales, las catas y las ferias tienen un papel práctico: permiten presentar las etiquetas, crear confianza y abrir conversaciones comerciales.
Para el negocio de bebidas, y en particular para el vino, el caso de Brasil puede funcionar como referencia de un mercado alternativo en un momento en el que muchas empresas buscan reducir su dependencia de destinos tradicionales. El interés no se limita al volumen de importación. También importa la combinación de apertura comercial, cambios en el consumo y barreras fiscales y logísticas. Esa mezcla puede ofrecer nuevas ventas, pero obliga a preparar mejor la entrada y a asumir plazos más largos.
La atención sobre Brasil encaja además con la estrategia exterior del propio Merano WineFestival. Helmuth Köcher, fundador del certamen, defendió durante esta 35ª edición que el futuro del vino italiano pasa también por reforzar su presencia en mercados internacionales. Köcher recordó las iniciativas desarrolladas en Japón y Georgia, así como la segunda edición brasileña del festival, y situó a Canadá entre los posibles destinos de 2027. Con esa línea de trabajo, el festival busca llevar su modelo directamente a países considerados prioritarios para el vino italiano.
El Merano WineFestival también está incorporando nuevas tendencias de consumo, entre ellas las elaboraciones con baja graduación alcohólica, al tiempo que mantiene el foco en las etiquetas tradicionales. En ese marco, Brasil aparece para muchas bodegas italianas como un mercado a seguir de cerca, no solo por su tamaño, sino por la posibilidad de abrir una nueva vía comercial en Sudamérica si logran ajustar producto, precio, distribución y presencia local.