El consumo de alcohol sube entre los adultos de 50 a 64 años en Estados Unidos
La bajada entre los adultos jóvenes no se repite en un grupo con más riesgo de caídas y cirrosis
sábado 7 de noviembre de 2026
El consumo de alcohol en Estados Unidos ha empezado a bajar entre los adultos jóvenes por primera vez desde el repunte registrado durante la pandemia, pero esa mejora no se repite en todas las edades. Un estudio publicado a finales de septiembre, a partir de la National Health Interview Survey anual de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), concluye que tanto el consumo general como el intensivo mantienen una línea al alza entre los adultos de 50 a 64 años.
El trabajo sitúa en alrededor del 5% el aumento, en la última década, de las personas de ese grupo de edad que dijeron haber bebido con regularidad en el último año. En ese mismo periodo, la proporción de bebedores intensivos pasó de algo más del 5% a cerca del 7,5%. Para los hombres, el estudio consideró consumo intensivo tomar cinco o más bebidas al día o una media de 15 o más a la semana. Para las mujeres, el umbral fue de cuatro o más al día o una media de ocho o más a la semana durante los 12 meses previos a la encuesta.
Los datos de los CDC muestran que, históricamente, la población en edad de jubilación era la que menos bebía, seguida por el tramo de 50 a 64 años. Esa pauta empezó a cambiar hace unos diez años, cuando la generación X, nacida entre 1965 y 1980, superó las tasas declaradas por adolescentes y adultos jóvenes. La distancia entre unos grupos y otros se ha ido ampliando en los últimos años. En 2026, los integrantes de esa generación tienen entre 46 y 61 años.
El estudio también recoge que las personas mayores de 65 años se acercan a esa evolución. Entre ellas, el consumo habitual ha aumentado a un ritmo parecido al de la generación X, mientras que el consumo intensivo ha subido algo más de 1%.
Los expertos consultados por los autores avisan de que este cambio tiene consecuencias sanitarias concretas. Kenneth Mukamal, profesor de Medicina en Beth Israel Deaconess Medical Center, afirma que el consumo intensivo “empeora prácticamente cualquier problema” asociado al envejecimiento. Entre los riesgos que menciona están la cirrosis, varios tipos de cáncer, trastornos cardiacos y problemas agudos más vinculados a la edad, como tropiezos y caídas.
Jagpreet Chhatwal, director del Center for Health Technology Assessment de Mass General Brigham, considera que estas cifras pueden anticipar más problemas de salud en los próximos años. A su juicio, cuando una persona bebe en esas edades no suele tratarse de un hábito reciente, sino de una exposición acumulada durante décadas. Chhatwal recuerda que el hígado puede soportar durante mucho tiempo ese impacto sin síntomas claros, pero el consumo elevado y prolongado de alcohol puede derivar en cirrosis, cáncer de hígado y enfermedad hepática terminal.
Mukamal añade que uno de los efectos agudos mejor conocidos del alcohol es la alteración del ritmo cardiaco. Cita en particular la fibrilación auricular, mucho más frecuente entre las personas de más edad, y sostiene que incluso una sola bebida probablemente duplica el riesgo. A eso se suma un cambio fisiológico que hace que la misma cantidad de alcohol tenga más efecto a medida que pasan los años: el metabolismo se ralentiza, suele haber menos peso y masa muscular, y el organismo elimina el alcohol más despacio.
Esa combinación aumenta la posibilidad de pérdida de equilibrio y de una peor percepción, y agrava la menor capacidad de reacción ante una caída que acompaña al envejecimiento. Mukamal recuerda que las consecuencias de una caída a estas edades pueden ser graves, como una fractura de cadera. También subraya que las personas mayores toman con más frecuencia medicamentos con receta cuyos efectos secundarios, incluida la sedación, pueden intensificarse con el alcohol.
Chhatwal matiza que todavía no está claro si el descenso del consumo entre las generaciones más jóvenes es una oscilación puntual o una tendencia estable. También cree que modificar hábitos consolidados durante décadas resulta más difícil entre las cohortes de mayor edad. Aun así, insiste en que dejar de beber puede mejorar la salud del hígado, aunque avisa de que cuando la enfermedad hepática ha llegado a su fase final el margen de recuperación ya es muy limitado.
La divergencia entre jóvenes y adultos de más edad puede tener efectos más allá del sistema sanitario. Para las empresas de vino, cerveza y bebidas espirituosas en Estados Unidos, un mercado con menos consumo entre los consumidores jóvenes y más peso de compradores de 50 a 64 años puede alterar la base de clientes y las estrategias comerciales. Al mismo tiempo, refuerza el debate sobre consumo responsable, advertencias sanitarias y prevención en un segmento de población con más riesgo de enfermedad y de interacciones con medicamentos.