Lombardía prueba árboles y setos en viñedos para frenar el daño del calor y la sequía
Seis bodegas y dos universidades medirán su efecto sobre el suelo, la biodiversidad y la uva
jueves 5 de noviembre de 2026
Lombardía ha puesto en marcha un proyecto para estudiar si la introducción de árboles, arbustos y otras estructuras vegetales en viñedos puede ayudar a frenar la pérdida de biodiversidad, proteger el suelo y reducir el impacto del calor y la falta de agua en la vid. La iniciativa, llamada VitiSilvA, reúne a un despacho agronómico, dos universidades y seis bodegas de Franciacorta y Oltrepò Pavese.
La presentación se celebró el martes, 3 de noviembre, por la mañana en Brescia, en unas oficinas de la Región de Lombardía. El proyecto está coordinado por el estudio agronómico Sata, cuenta con la participación de las universidades de Milán y de Módena y Reggio Emilia, y recibe financiación de la Región de Lombardía a través de la línea destinada a grupos operativos Pei Agri. El responsable científico es Lorenzo Rossi, profesor de la Universidad de Milán.
Las bodegas participantes son Corte Bianca, en Provaglio d’Iseo; Mosnel, en Passirano; y Villa Franciacorta, en Monticelli Brusati, dentro de Franciacorta; junto a Frecciarossa, Cordero San Giorgio y Tenuta Mazzolino, en Oltrepò Pavese. Los promotores sostienen que se trata del primer proyecto de este tipo en Italia y del segundo en Europa, tras una experiencia previa en Francia.
El punto de partida del trabajo es el peso de la monocultura en muchas zonas vitícolas. Los impulsores de VitiSilvA explican que la ocupación continuada de grandes superficies por una sola especie vegetal provoca varios problemas: pérdida de biodiversidad, descenso de polinizadores y de insectos útiles, mayor fragilidad de las plantas ante plagas y enfermedades y deterioro del suelo. A partir de ahí, añaden, muchos viticultores terminan recurriendo con más frecuencia a fitosanitarios y pesticidas, con efectos sobre la calidad del suelo, el agua y el aire.
El consejero regional de Agricultura, Alessandro Beduschi, situó la iniciativa dentro de la línea de trabajo con la que Lombardía busca reforzar el peso de su sector vitivinícola mediante la innovación. La región vincula este tipo de ensayos con la necesidad de adaptar el viñedo a un escenario internacional más exigente y a unas condiciones agrarias más inestables.
Piero Donna, agrónomo y fundador del grupo Sata, señaló durante la presentación que la viticultura está cada vez más expuesta a olas de calor, sequías, heladas tardías y episodios meteorológicos extremos. A su juicio, esa presión obliga a buscar fórmulas que permitan mantener la calidad productiva y, al mismo tiempo, mejorar la protección ambiental.
Ese es el eje de VitiSilvA. El proyecto quiere medir con base científica el potencial de la agroforestería aplicada al viñedo, una práctica que integra árboles y otras cubiertas vegetales en sistemas agrícolas. La hipótesis de partida es que esos elementos pueden amortiguar parte del estrés climático, mejorar la salud del suelo y dar más capacidad de adaptación a las parcelas.
Para comprobarlo, los investigadores analizarán cómo se relaciona la vid con la vegetación que la rodea. El trabajo incluirá observaciones sobre el desarrollo de las raíces, la temperatura de las copas y de las yemas, el crecimiento de las plantas y la maduración de la uva. La intención es determinar si la presencia de árboles y setos modifica el microclima de la parcela y si esa modificación tiene efectos útiles sobre la planta y sobre el equilibrio biológico del viñedo.
Una parte central del estudio se centrará en el suelo. Rossi recordó que, en Europa, se pierden 970 millones de toneladas de suelo al año por erosión. En su opinión, reducir la extensión continua de monocultivos es una de las vías para limitar ese daño. Dentro del proyecto se utilizarán instrumentos de observación subterránea para seguir la evolución de las raíces y conocer mejor cómo se reparte el acceso al agua entre la vid y la vegetación implantada a su alrededor.
Ese punto es uno de los más sensibles del ensayo. La introducción de árboles o arbustos en una parcela de viñedo puede aportar sombra, refugio para fauna útil y una estructura vegetal más variada, pero también obliga a medir con precisión si hay competencia por el agua y por los nutrientes. Por eso, el proyecto pone el foco tanto en los posibles beneficios como en los equilibrios agronómicos que pueden cambiar dentro de la finca.
La elección de Franciacorta y Oltrepò Pavese da al estudio dos zonas con fuerte peso vitivinícola en Lombardía. La presencia de seis bodegas permite seguir el comportamiento de este modelo en explotaciones comerciales y no solo en parcelas experimentales. Esa dimensión práctica puede dar más valor a los resultados si las pruebas confirman mejoras en suelo, biodiversidad y respuesta de la vid al calor y a la sequía.
Para el sector de las bebidas, y en particular para el vino, el proyecto puede tener consecuencias más allá de las fincas participantes. Si la agroforestería muestra efectos positivos, podría orientar futuras decisiones sobre manejo del viñedo, uso del agua y conservación del suelo en zonas donde las vendimias ya están condicionadas por temperaturas más altas y por episodios de falta de lluvia. También puede aportar datos útiles sobre cómo mantener la producción y la calidad de la uva sin aumentar la dependencia de insumos químicos.
La investigación llega, además, en un momento en el que muchas áreas vitícolas europeas revisan sus prácticas de cultivo. La erosión, la reducción de insectos polinizadores, la presión de algunas enfermedades y la irregularidad del tiempo han situado el suelo y la biodiversidad en el centro del debate agrario. En ese marco, el interés de VitiSilvA no está solo en plantar árboles entre viñas, sino en medir de forma precisa qué efectos reales tiene esa decisión sobre la parcela y sobre la uva que después entra en bodega.