El campo brasileño mantiene su apoyo a Bolsonaro pese al arancel del 25% de Trump
Los viticultores del sur temen que el pacto con la Unión Europea perjudique al vino local
martes 20 de octubre de 2026
El voto del campo brasileño se inclinó por Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las presidenciales del pasado 4 de octubre, pese al arancel del 25% que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso en julio a cerca de un tercio de la producción agrícola del país. Según informa EFEAgro, esa preferencia también se vio en áreas vitícolas de Rio Grande do Sul, donde parte de los productores cuestiona además el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea por el efecto que puede tener sobre el vino local.
En ocho de los diez principales municipios agrícolas de Brasil por valor de producción ganó Bolsonaro frente al progresista Luiz Inácio Lula da Silva. La sierra de Rio Grande do Sul, la mayor zona vinícola del país, siguió la misma pauta. En Flores da Cunha, uno de los grandes productores de vino de Brasil, Bolsonaro obtuvo el 79% de los votos y Lula se quedó en el 12%.
Christian Rancan, viticultor de 26 años y concejal de su localidad, resume ese apoyo en una frase: “Soy de derechas al 100%, es una cuestión de identidad”. Ni siquiera el gravamen aprobado por Trump ha cambiado su posición. Lula ha acusado a Bolsonaro de haber pedido ese arancel para perjudicarlo en campaña, algo que el candidato niega y que, a juicio de muchos agricultores, no resulta creíble. Rancan sostiene que Bolsonaro tendría más capacidad para lograr una rectificación por su cercanía con el presidente estadounidense.
El caso de su familia refleja el giro político de una parte del agro brasileño. Las tres generaciones trabajan en la misma propiedad. El abuelo y el padre votaron a Lula en las primeras elecciones en las que se presentó, hace más de tres décadas, pero con el paso de los años se pasaron a la derecha porque consideran que ese espacio político respalda más al campo. Ese cambio se ha asentado aunque el sector ha encadenado cosechas récord en los últimos años y aunque el Gobierno ha puesto en marcha paquetes de crédito rural subvencionado.
La relación con Lula se deterioró aún más tras una declaración hecha en campaña. El presidente dijo hace poco, en un acto electoral, que los agricultores no solo deberían votarlo, sino también “arrodillarse” por todo lo invertido en el sector durante su mandato. Rancan afirma que en su zona esas palabras sentaron mal. A eso se suman las normas más duras y los controles reforzados contra la deforestación impulsados por Lula, mientras Bolsonaro propone revisar la actuación de los organismos ambientales, una vieja reclamación de parte del sector.
La agricultura tiene un peso político y económico de primer orden en Brasil. Aporta alrededor de una cuarta parte del PIB, y por eso el sentido del voto en las zonas rurales resulta decisivo en una campaña presidencial. En la franja vitícola del sur, además, la discusión no se limita a los aranceles de Trump ni a la regulación ambiental. El acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea se ha colado de lleno en el debate electoral.
Muchos agricultores, y en especial los viticultores, discrepan de la apertura comercial impulsada por Lula y rematada con el pacto entre ambos bloques, firmado en enero. El acuerdo prevé que, en un plazo de diez años, el vino europeo importado entre en Brasil sin aranceles. Esa perspectiva inquieta a numerosas bodegas, que temen perder margen y ventas en su propio mercado si el producto europeo llega con una carga fiscal menor.
La discusión tiene una derivada directa para el negocio de las bebidas. Si esa rebaja arancelaria se aplica en los plazos previstos, el mercado brasileño del vino podría repartir de otra forma el espacio entre productores locales e importadores. Para las bodegas del sur, la cuestión no es solo comercial: también influye en decisiones de inversión, en la apertura de centros para visitantes y en planes de crecimiento a medio plazo.
Maicon Galiotto, uno de los directivos de otra bodega de la región, sostiene que sus vinos pueden medirse con los italianos en calidad, pero advierte de que la tributación encarece cerca de un 40% el precio final. A su juicio, la desaparición de aranceles para el vino europeo puede poner en riesgo a muchas empresas brasileñas. La empresa, al mismo tiempo, está a punto de abrir un centro para visitantes y prevé aumentar un 10% anual sus ventas hasta 2030, con el objetivo de llegar a 14 millones de litros.
Galiotto evita alinearse con candidatos concretos, pero reclama que el próximo Gobierno favorezca el crecimiento del campo con incentivos y con más apoyo al seguro agrario frente a fenómenos climáticos extremos. El Estado solía asumir alrededor del 40% de ese seguro, pero en los últimos meses redujo de forma importante la partida presupuestaria. Bolsonaro, por su parte, ha prometido ampliarla.
Rancan, mientras tanto, prepara el lanzamiento de una botella conmemorativa de cabernet sauvignon llamada TRÉ, en alusión a las tres generaciones de su familia que trabajan la finca. Su petición al próximo presidente es más simple. “Lo central es que sea un presidente que no incomode”.