Un ensayo en un viñedo de Paderne apunta a una mejora del suelo con soluciones naturales

El proyecto europeo propone 25 actuaciones para extender este modelo a viticultores, denominaciones de origen y administraciones

jueves 29 de octubre de 2026

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Un ensayo en un viñedo de Paderne apunta a una mejora del suelo con soluciones naturales

La parcela de A Picha, en Paderne (A Coruña), ha funcionado durante los tres últimos años como campo de pruebas de un proyecto europeo que busca aplicar soluciones naturales al manejo del viñedo. Los resultados se presentaron este jueves, 29 de octubre, en el Centro Interdisciplinar de Química e Bioloxía (CICA) de la Universidade da Coruña, en un acto organizado por los socios gallegos de ECOSPHEREWINES.

En el encuentro participaron la Fundación Juana de Vega, que coordina el consorcio, la Universidade da Coruña, la Reserva de Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo y el nuevo propietario de la bodega Pagos de Brigante. Durante la jornada también se dio a conocer una estrategia de infraestructura verde para el viñedo con 25 actuaciones previstas para el periodo 2027-2030, dirigida a viticultores, denominaciones de origen y administraciones.

ECOSPHEREWINES es un proyecto de investigación aplicada centrado en la gestión sostenible de viñedos situados en zonas de valor ecológico de España, Francia y Portugal. Se desarrolla entre enero de 2024 y diciembre de 2026, cuenta con un presupuesto de 1.622.891,04 euros y está cofinanciado al 75% por el programa Interreg Sudoe con fondos FEDER. El consorcio reúne a 12 entidades de los tres países.

La parcela gallega de A Picha, situada en la IGP Betanzos y dentro de la Reserva de Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo, es una de las cuatro zonas experimentales del proyecto. Las otras se localizan en Arribes del Duero, entre Salamanca y Zamora; en la zona francesa de Gaillac-Tarn, en Occitania; y en Vila Nova de Foz Côa, en el norte de Portugal, dentro de la Red Natura 2000.

Según los responsables del proyecto, el trabajo en Paderne ha buscado comprobar si un viñedo puede seguir produciendo uva y, al mismo tiempo, recuperar elementos del paisaje tradicional que ayuden a conservar el suelo, retener agua, filtrar contaminantes, favorecer la biodiversidad y mantener la identidad cultural del territorio. La intervención se ha realizado en casi 10 hectáreas abancaladas con vistas al cañón del río Mandeo.

Alfonso Ribas, director del Área de Investigación e Innovación de la Fundación Juana de Vega, situó el origen del proyecto en una preocupación extendida entre viticultores por la pérdida de fertilidad del suelo y por la menor capacidad de retener agua. Ribas señaló que la intención ha sido pasar de un modelo intensivo a otro en mosaico, en el que la producción conviva con funciones ambientales y paisajísticas.

Los trabajos en A Picha se dividieron en tres áreas. La primera se centró en la salud del suelo. Allí se aplicaron acolchados hechos con restos de desbroce de tojo, cubiertas vegetales perennes con leguminosas para aportar nitrógeno, cubiertas anuales con brásicas como mostaza o grelo para aportar potasio y una acción fungicida, y biochar obtenido a partir de restos de poda y desbroce.

Los primeros análisis, según la información facilitada por el consorcio, apuntan a una mejora del vigor de las vides, medido con NDVI, y del contenido de clorofila con los acolchados de tojo y las cubiertas de mostaza. También se probaron dos tipos de biochar y, a los 15 días de su aplicación, se observó un aumento de la actividad de enzimas relacionadas con el ciclo del carbono y un mayor contenido de nutrientes en el suelo.

Vanessa Álvarez, investigadora Ramón y Cajal del CICA, vinculó estos resultados al uso de materiales ya presentes en el propio territorio. La investigadora señaló que aprovechar restos de matorral como acolchado ayuda a proteger el suelo y a reducir biomasa combustible, y añadió que los ensayos con biochar de origen forestal han mostrado aumentos del carbono orgánico del suelo. Álvarez también subrayó que estas prácticas deben ajustarse a las condiciones locales de cada viñedo.

La segunda zona del piloto se orientó a la recuperación del viñedo tradicional y a la conservación de la diversidad genética de la IGP Betanzos. Allí se acondicionaron taludes para la posterior plantación de variedades autóctonas como Branco Lexítimo, se retiraron tocones y se talaron eucaliptos y pinos. También se implantaron “taludes comestibles” como forma natural de contención de las terrazas y se aplicaron abonos lactofermentados a base de suero con la intención de reducir el uso de insumos químicos.

La tercera área se dedicó a la restauración ecológica y patrimonial. En esa parte de la finca se recuperaron caminos, se restauraron muros de piedra seca, se actuó sobre la fuente de A Picha y su charca, y se rehabilitaron otras zonas húmedas para favorecer hábitats acuáticos. El proyecto incluyó además la conservación y regeneración del bosque de ribera, la plantación de frutales como bosque comestible y la creación de bandas florales para polinizadores. Los promotores consideran que este espacio puede servir también como transición entre el viñedo y el entorno natural y abrir la puerta a propuestas de enoturismo ligadas a la conservación.

Los socios de ECOSPHEREWINES presentaron además resultados de las otras áreas de ensayo. En Arribes del Duero se completó la restauración tradicional de bancales en laderas de fuerte pendiente y se llevó a cabo una monitorización continua de humedad y temperatura para ajustar la gestión hídrica. En Vila Nova de Foz Côa, el consorcio informa de que el biocontrol del “mosquito verde” mediante hongos entomopatógenos alcanzó una mortalidad de ninfas de entre el 80% y el 90% en laboratorio, y de que las cubiertas sembradas y enterradas mejoraron el número y el peso de los racimos por vid frente a la vegetación natural. En Gaillac-Tarn, las investigaciones apuntan a que los abonos verdes pueden secuestrar más carbono que el manejo químico convencional del suelo y a que setos y árboles ayudan a regular el microclima de la parcela.

La estrategia presentada este jueves en A Coruña quiere trasladar ese trabajo al sector. En la primavera de 2026, el equipo técnico ya había mostrado los primeros avances a la DOP Montilla-Moriles, la DOP Penedès y la DO Valdeorras. Las tres, según la Fundación Juana de Vega, expresaron interés por conocer con detalle las soluciones probadas en el proyecto.

La continuidad en Galicia depende ahora de dos vías. Por un lado, el nuevo propietario de Pagos de Brigante ya ha expresado su intención de seguir con la línea de trabajo puesta en marcha en A Picha. Por otro, la Fundación Juana de Vega ha presentado un nuevo proyecto de innovación a una convocatoria de Interreg Sudoe para prolongar las actuaciones y el seguimiento técnico iniciado en ECOSPHEREWINES.

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