Italia atrae al turista estadounidense con viajes de vino ligados a cultura, paisaje y gastronomía
El 79% la ve como destino enogastronómico auténtico dentro de rutas con ciudades históricas y vida local
jueves 22 de octubre de 2026

Los turistas estadounidenses que piensan en Italia para un viaje vinculado al vino no buscan solo una cata. Quieren combinar bodegas con ciudades históricas, paisaje, gastronomía y contacto con la población local. Esa es la idea central del informe “El mercado de Estados Unidos y el enoturismo”, elaborado por Aite, la Asociación Italiana de Turismo Enogastronómico, para Vinitaly Tourism y para Vinitaly.Usa 2026, que se celebrará en Nueva York los próximos 26 y 27 de octubre con Veronafiere e Ice Agenzia.
El estudio sitúa a Italia en una posición muy favorable entre los viajeros estadounidenses interesados en este tipo de escapadas. El 79% de los encuestados reconoce al país como un destino capaz de ofrecer experiencias enogastronómicas auténticas y el 47% considera deseable viajar a Italia en los próximos 24 meses con al menos una actividad de enoturismo incluida en el plan.
La investigación refleja, además, que se trata de un público que ya conoce este tipo de propuestas. El 60% afirma haber participado al menos una vez, en los tres últimos años, en una actividad relacionada con el vino. Dentro de ese grupo, el 39% lo hizo solo en Estados Unidos, el 16% tanto en Estados Unidos como en otros países y el 6% únicamente en el extranjero. Entre quienes ya han vivido una experiencia de este tipo, el 42% dice que el vino fue el motivo principal del viaje y el 38% que fue uno de los motivos principales.
El informe de Aite interpreta ese dato como una señal clara: para una parte amplia del visitante estadounidense, el vino funciona como puerta de entrada a un territorio más amplio. No se limita a la degustación, sino que se conecta con la cultura local, el paisaje, la cocina y la historia de las zonas productoras. Por eso, la visita a la bodega pierde valor cuando se presenta aislada del resto del viaje.
En la imagen que ese público tiene de Italia pesan varios factores. El 73% considera que el país reúne paisajes vitivinícolas singulares, vinos de calidad y propuestas ligadas al vino con valor cultural. El 67% aprecia la posibilidad de conocer a las personas del lugar y la historia de las bodegas y de sus vinos. Otro 71% asocia Italia con experiencias enológicas de alta gama o de lujo.
Las regiones con más tirón para ese posible viaje son Sicilia, citada por el 82% de los encuestados, y Toscana, con el 81%. Después aparece Piamonte, con el 56%. Entre los destinos subregionales y zonas del vino figuran la Costa Amalfitana, con el 67%; el área del Prosecco, con el 60%; Chianti, con el 59%; Etna, con el 58%; Montalcino, con el 56%; Cinque Terre y Montepulciano, ambos con el 55%; Franciacorta, con el 54%; Langhe y Barolo, con el 53%; y Valpolicella, con el 52%.
La combinación entre ciudades y zonas rurales tiene un peso claro en la decisión. El 66% cree que unir experiencias vinculadas al vino con visitas a ciudades históricas y lugares culturales hace a Italia más atractiva. Al mismo tiempo, el 65% considera importante vivir el paisaje vitivinícola y la campiña italiana. Entre los 474 encuestados que no descartan un viaje relacionado con el vino en Italia en los próximos 24 meses, incluidos los indecisos, el 54% elegiría una fórmula mixta, con visita a ciudades y excursiones o experiencias ligadas al vino, mientras que el 37% optaría por un itinerario centrado sobre todo en regiones vitivinícolas.
La parte gastronómica también tiene peso, aunque no monopoliza el interés. El 39% imagina como plan ideal un almuerzo o una cena en el restaurante de una bodega y el 36% se inclina por una cena entre viñedos. Las catas al atardecer y las degustaciones acompañadas de productos del territorio alcanzan en ambos casos el 33%.
La organización del viaje aparece como otro factor de primer orden. El 55% considera importante poder reservar visitas y experiencias en bodega por internet. Para futuros viajes a Italia, el 49% cita plataformas de reserva de actividades, como Viator o GetYourGuide, entre los canales que utilizaría antes de salir, y el 43% asegura que recurriría a ellas ya durante la estancia.
Los intermediarios mantienen, aun así, un papel muy relevante. El 62% dice que acudiría a agencias de viaje y turoperadores para reservar este tipo de experiencias antes de la salida. El 43% prefiere un paquete completamente organizado y el 41% un viaje parcialmente organizado, con al menos algunos servicios contratados con antelación. Solo el 16% optaría por planificar todo por su cuenta.
La movilidad también condiciona la experiencia. El 42% se inclina por un coche de alquiler para llegar a las zonas enogastronómicas italianas y recorrerlas, mientras que el 25% prefiere coche o minibús con conductor. El dato sugiere que la accesibilidad y las conexiones en las áreas rurales pesan mucho en la percepción del viaje.
Roberta Garibaldi, presidenta de Aite y profesora de la Universidad de Bérgamo, señala que el estudio dibuja un turista estadounidense con perfiles muy distintos. Junto al aficionado experto aparece otro viajero para quien el vino es una forma de conocer un territorio, su gastronomía, su paisaje, su cultura y a su gente. Garibaldi añade que, aunque en Estados Unidos están cambiando los hábitos de consumo de vino, el interés por los lugares y las culturas vinícolas mantiene margen para seguir atrayendo viajeros. También subraya la importancia de que el público estadounidense encuentre información clara, pueda planificar con antelación y reserve a través de los canales que ya utiliza.
El informe incorpora además dos aportaciones de investigadores estadounidenses, Angelo A. Camillo, de la Sonoma State University, y Matthew J. Stone, de la California State University, en Chico. Stone recoge que el 58% de los viajeros de Estados Unidos afirma beber vinos locales en al menos la mitad de sus viajes, frente al 52% registrado en 2020. Para el autor, esa evolución apunta a que el vino sigue ocupando un lugar importante dentro de la experiencia turística.
Camillo interpreta el momento actual de California, una de las referencias del enoturismo en Estados Unidos, como un reajuste estructural de la economía del vino y de los modelos de hospitalidad. Cita en particular la situación de Napa Valley, donde la ocupación hotelera entre enero y agosto de 2025 se situó un 10% por debajo de los niveles de 2019, aunque mejoró respecto a 2024. Stone añade otro dato: las tarifas medias de degustación ascienden a 79 dólares para las fórmulas estándar y 125 dólares para las reservas en Napa, frente a 47 y 95 dólares, respectivamente, en Sonoma.
A juicio de los autores, ese caso muestra que el problema no pasa solo por el consumo de vino, sino también por el acceso económico a la experiencia y por la necesidad de revisar precios, hospitalidad y relación con el visitante. En paralelo, la oferta de enoturismo en Estados Unidos se está ampliando con más gastronomía, naturaleza, cultura, eventos, actividades al aire libre y propuestas de bienestar, además de opciones pensadas para acompañantes que beben poco o no toman alcohol. También cambian los clubes de vino y la venta directa al consumidor, con una relación más duradera entre la bodega y el visitante después del viaje.