Los jóvenes cambian el mapa del alcohol en Estados Unidos con un consumo cada vez menor
Un estudio avisa de que el consumo intensivo crece entre quienes tienen de 50 a 64 años
miércoles 23 de septiembre de 2026

El consumo de alcohol en Estados Unidos bajó de forma moderada entre 2022 y 2024, la primera caída desde la pandemia, pero esa mejora no se reparte por igual entre las edades. Un estudio publicado este martes, 22 de septiembre, en Annals of Internal Medicine apunta a que el descenso lo impulsan sobre todo los jóvenes, mientras que entre las personas de 50 a 64 años el consumo intensivo sigue aumentando.
Los datos dibujan una evolución desigual. La bajada general rompe la tendencia de los últimos años, pero el mismo trabajo señala que, si la comparación se amplía hasta 2018, los adultos de más edad beben mucho más que entonces. Eso deja una imagen mixta: menos consumo en el conjunto del país, pero una parte del problema se concentra cada vez más en franjas de edad medias y altas.
Ese matiz tiene peso sanitario. El consumo intensivo suele referirse a episodios de ingesta elevada en poco tiempo o a una frecuencia alta de consumo, dos patrones asociados a más lesiones, problemas hepáticos, trastornos cardiovasculares y daños en la salud mental. En grupos de más edad, además, el alcohol puede interactuar con medicación o con enfermedades previas, lo que agrava sus efectos.
La caída entre los jóvenes sugiere que el cambio reciente no responde a un movimiento uniforme en toda la población. El estudio apunta a una corrección del consumo entre las generaciones más jóvenes al mismo tiempo que persisten hábitos de mayor riesgo en otros grupos. Para la salud pública, esa diferencia obliga a mirar más allá del dato general y a ajustar las campañas de prevención por edades.
La evolución entre 50 y 64 años también rompe la idea de que el uso problemático del alcohol se concentra solo en menores de 30 años. En ese tramo de edad, el impacto puede ser mayor por la exposición acumulada durante años y por la convivencia con otros problemas de salud. Por eso, una bajada total del consumo no implica por sí sola una reducción equivalente del daño asociado al alcohol.
El estudio llega además en un momento de cambio para el mercado de bebidas alcohólicas en Estados Unidos. Si la menor ingesta entre jóvenes se mantiene y el consumo de más riesgo gana peso entre adultos de más edad, las empresas de cerveza, vino y licores pueden revisar sus previsiones de demanda y el tipo de productos que impulsan. También puede ganar espacio el debate sobre etiquetado, publicidad y medidas de prevención, aunque ese efecto dependerá de si la tendencia se consolida en los próximos años.
La nueva fotografía del consumo en Estados Unidos deja así dos movimientos distintos al mismo tiempo: una corrección general tras los años de pandemia y un repunte del uso intensivo en parte de la población adulta. Para médicos, autoridades sanitarias y compañías del sector, esa diferencia cambia la forma de interpretar el dato y de preparar la respuesta.