Chile queda a un paso de reconocer una categoría propia para el vino de bajo alcohol

El decreto rebaja a 8,5 grados el umbral de estos productos frente a los 11,5 del vino tradicional

Lunes 31 de Agosto de 2026

Chile está a un paso de reconocer por primera vez una categoría específica de vino bajo alcohol. El Gobierno del presidente José Antonio Kast firmó un decreto que fija en 8,5 grados la graduación mínima para esos productos, tres puntos por debajo de los 11,5 grados exigidos al vino envasado para consumo directo. La medida, avanzada por la agencia UPI, sigue bajo examen de la Contraloría General de la República y aún no ha entrado en vigor.

El cambio no modifica la definición legal del vino chileno tradicional. La norma vigente del Servicio Agrícola y Ganadero mantiene en 11,5 grados el mínimo para el vino envasado destinado al consumo directo. También fija exigencias superiores para otras categorías: 14 grados para los vinos generosos y 16 para los licorosos.

La novedad consiste en crear una vía separada para los llamados vinos de bajo alcohol. Esa nueva categoría se integraría en los vinos especiales y abarcaría productos elaborados exclusivamente a partir de mosto de uva fermentado mediante prácticas enológicas autorizadas, con una graduación alcohólica real mínima de 8,5 grados.

A este lunes, 31 de agosto, el decreto seguía en revisión y la regulación aplicable continuaba siendo la actual. Eso significa que las bodegas chilenas no pueden comercializar como vino para consumo directo productos por debajo de 11,5 grados, salvo las excepciones ya previstas en la legislación. El artículo 36 contempla una rebaja hasta 10,5 grados en determinadas comunas del Biobío cuando un decreto supremo la autoriza por anomalías climáticas que hayan perjudicado el desarrollo normal de la viticultura.

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, afirmó en declaraciones recogidas por UPI que el nuevo umbral se ajusta al estándar de 8,5 grados utilizado por la Organización Internacional de la Viña y el Vino, la OIV. El ministro añadió que la medida responde a una petición que la industria venía trasladando desde hace años.

Detrás de la reforma pesa también el cambio en los hábitos de consumo. Pablo Cañón, profesor asistente de Viticultura y Enología de la Universidad Mayor, explicó a UPI que entre los consumidores jóvenes gana peso la moderación, el cuidado físico y mental y la búsqueda de bebidas con menos calorías. A su juicio, ese cambio ha restado espacio al vino como bebida cotidiana en muchos mercados tradicionales.

Cañón citó datos de la OIV para situar esa evolución. Según esas cifras, el consumo mundial de vino rondó los 5.500 millones de galones en 2025, un 14% menos que en 2018. El profesor añadió que la bajada se aprecia con fuerza entre los consumidores jóvenes y, de forma especial, en Estados Unidos, al que describió como el principal mercado internacional del sector.

Ese movimiento del consumo tiene efectos directos sobre la oferta chilena. Cañón señaló que la barrera legal de 11,5 grados hacía difícil colocar dentro de la categoría convencional vinos pensados para una demanda de menor graduación. En su opinión, una categoría específica puede abrir nuevas ocasiones de consumo y ayudar a las bodegas a competir con otras bebidas, como la cerveza o los spritz.

Para ilustrarlo, el profesor puso el ejemplo de vinos de hasta 9 grados que pueden encajar mejor en un almuerzo, un aperitivo, una comida ligera o una reunión entre semana en la que el consumidor quiere limitar la ingesta total de alcohol. Nicolás Román, profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de los Andes, coincidió ante UPI en que la reforma busca acercarse a los mileniales, a los que atribuye una mayor atención a la salud y a la condición física.

La industria chilena llega a este ajuste normativo con un peso exportador amplio. Según UPI, Chile fue en 2025 el cuarto exportador mundial de vino y vendió al exterior 188 millones de galones a más de 140 países. Entre sus mercados figuran Estados Unidos, Brasil, China, Reino Unido y Canadá.

La nueva categoría también podría tener efectos sobre el mapa productivo del país. Cañón sostuvo que las zonas costeras y del sur ofrecen condiciones útiles para este tipo de vinos por sus vendimias más tempranas y por variedades capaces de conservar mejor la acidez. Eso, añadió, reduce la necesidad de ajustes tecnológicos y facilita mantener la identidad varietal y regional. Román apuntó en la misma línea que esas áreas aún ofrecen margen para nuevos desarrollos porque la uva madura antes que en la zona vitícola central.

La propuesta chilena no equivale al vino desalcoholizado por completo. Se limita a reconocer una franja de producto con menos alcohol dentro de los vinos obtenidos del mosto de uva fermentado y sometidos a prácticas autorizadas. Hasta que la Contraloría termine su revisión, las bodegas seguirán sujetas al mínimo de 11,5 grados para comercializar vino en la categoría tradicional dentro de Chile.