Miércoles 24 de Junio de 2026
Los líderes de la Unión Europea acordaron este jueves, 23 de junio, encargar a la Comisión Europea nuevas herramientas de defensa comercial para responder al aumento de las exportaciones chinas que Bruselas considera una amenaza para parte de la industria europea. Al mismo tiempo, el bloque mantendrá la vía del diálogo con Pekín para intentar evitar una escalada.
La decisión se tomó durante una cena de trabajo de dos horas en Bruselas. Al término de la reunión, un alto cargo europeo explicó que los jefes de Estado y de Gobierno pidieron al Ejecutivo comunitario que siga en contacto “de forma constructiva con nuestros principales socios económicos” y que amplíe, si es necesario, el conjunto de instrumentos en materia de defensa comercial para que la UE tenga “todos los medios que necesita para defender sus intereses y reducir riesgos”.
En la UE gana peso la idea de que el bloque depende en exceso de China y de que esa relación lo expone a posibles presiones económicas y a interrupciones del suministro. El déficit comercial europeo en bienes con China rondó los 360.000 millones de euros el pasado año, con unas exportaciones chinas muy por encima de las europeas.
Aunque los Veintisiete comparten el diagnóstico general, no todos coinciden en la respuesta. Varios dirigentes reclamaron priorizar el diálogo. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, adoptó antes de la cena un tono más conciliador que otros socios. “Necesitamos amigos, necesitamos relaciones equilibradas, necesitamos pragmatismo y necesitamos tender puentes tanto con grandes economías como con aliados potenciales, como China”, dijo ante los periodistas, en declaraciones recogidas por AFP.
Una de las opciones sobre la mesa sería crear un nuevo mecanismo para imponer aranceles por sectores, por ejemplo en química o tecnologías verdes. El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió el pasado mes un “equivalente europeo de la Sección 301”, en referencia al instrumento comercial utilizado por Donald Trump para aplicar aranceles amplios, al considerar que está en juego la soberanía económica europea.
Alemania había mantenido hasta ahora una posición prudente por su mayor exposición a posibles represalias chinas, mientras España ha tratado de evitar tensiones en un momento en el que busca inversión china. Sin embargo, Berlín empieza a abrirse a nuevas medidas. Un cargo alemán afirmó que su Gobierno está dispuesto a estudiar nuevos instrumentos si son necesarios, siempre que no estén dirigidos contra destinatarios concretos. El canciller Friedrich Merz evitó pronunciarse sobre China ante la prensa en Bruselas.
El primer ministro irlandés, Micheál Martin, pidió conocer primero “la forma y la naturaleza” de cualquier mecanismo nuevo y advirtió de que Europa debe medir bien sus consecuencias. Desde las instituciones europeas no precisaron todavía cómo serían esas herramientas.
La preocupación por el peso económico de China no se limita a la UE. En varios países occidentales aumenta la inquietud por el control chino sobre el mercado de tierras raras usadas en aparatos electrónicos de uso diario. China también figuró esta semana en las conversaciones del G7 celebradas en Francia.
Bruselas suele justificar su posición en la necesidad de garantizar una competencia justa y sostiene que las empresas chinas parten con ventaja por las ayudas públicas masivas que reciben. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos calcula que entre 2005 y 2024 las compañías chinas obtuvieron entre tres y ocho veces más apoyo estatal que las empresas radicadas en países de la OCDE, una estimación que ese organismo califica de conservadora.
Pese al endurecimiento del tono europeo, la UE no quiere abrir una guerra comercial más amplia con China. El riesgo de represalias ya se ha materializado antes. Después de que Bruselas impusiera en 2024 aranceles más altos a los coches eléctricos chinos, Pekín aplicó derechos antidumping al coñac europeo. Además, China ha advertido de que responderá si la UE aprueba normas para excluir de los contratos públicos a ciertos productos fabricados fuera del bloque.
Ese precedente afecta también al sector de bebidas porque nuevas medidas comerciales o una respuesta china podrían extender la presión sobre exportadores europeos de vinos, licores u otras bebidas elaboradas a partir de la uva. Para empresas con ventas en Asia, cualquier cambio en aranceles o barreras comerciales puede alterar precios, márgenes y acceso al mercado.
El comisario europeo Maros Sefcovic ha invitado al ministro chino de Comercio, Wang Wentao, a Bruselas este mes para intentar contener el conflicto por la vía negociadora, aunque un alto cargo europeo no confirmó oficialmente esa visita.