Jueves 11 de Junio de 2026
El mercado internacional del enoturismo alcanzará 119.700 millones de euros en 2033, según una previsión de la firma de análisis Persistent Market Research difundida este jueves, 11 de junio. El estudio calcula que este negocio moverá 57.400 millones de dólares en 2026 y llegará a 138.400 millones de dólares en 2033, con un avance medio anual del 13,4% entre ambos años.
La consultora atribuye esta evolución al mayor interés por los viajes basados en experiencias, a una renta disponible más alta en parte de los mercados emisores y a la búsqueda de visitas que combinen viñedo, bodega, degustación y oferta cultural. El informe añade que entre 2020 y 2025 el mercado avanzó un 12,3%, una señal de que esta actividad mantiene una trayectoria al alza tras los cambios registrados en el consumo turístico durante los últimos años.
Europa ocupa la primera posición en este negocio. En 2025 concentró cerca del 42% del mercado, impulsada por destinos como Burdeos, la Toscana y Rioja. Persistent Market Research atribuye ese peso a la tradición vitivinícola, a la llegada de viajeros internacionales y a una red de transporte y servicios turísticos ya asentada. El estudio cita también el papel de figuras de calidad como las denominaciones protegidas, que ayudan a reforzar la confianza del visitante y a ordenar la oferta.
En Asia-Pacífico se sitúa la zona con mayor ritmo de avance. En 2025 reunió el 32% del mercado y la previsión apunta a un crecimiento medio anual del 15,2% hasta 2033. La consultora relaciona esa evolución con el aumento del gasto de las clases medias, con nuevas inversiones en infraestructuras y con el desarrollo de regiones vitivinícolas que buscan atraer visitantes dentro y fuera de sus fronteras. Entre los países mencionados figuran China, India, Japón, Australia y Nueva Zelanda.
Las catas y las visitas guiadas al viñedo y a la bodega siguen siendo la principal puerta de entrada para el visitante. En 2025 representaron el 52% de las experiencias contratadas. Según el informe, estos formatos mantienen su peso porque permiten un contacto directo con el productor y ofrecen una visita fácil de entender para un público amplio, desde aficionados ocasionales hasta consumidores con mayor conocimiento del vino.
Otro cambio relevante aparece en la reserva digital. Los marketplaces online cubrieron el 45% del mercado en 2025 y se perfilan como el canal con mayor ritmo de expansión en los próximos años. La planificación del viaje desde el móvil, las plataformas especializadas y las herramientas de personalización están modificando la forma en que se contratan estas actividades. El estudio menciona además recursos como mapas interactivos, visitas virtuales o contenidos inmersivos para mantener el vínculo con el cliente antes y después del viaje.
Para el sector de bebidas, esta evolución puede traducirse en más venta directa en bodega, mayor visibilidad para marcas locales y una relación más estrecha entre productor y consumidor. También abre margen para ampliar la oferta con catas temáticas, maridajes, talleres o propuestas ligadas a otras bebidas elaboradas en el territorio. En zonas rurales, ese flujo de visitantes puede ayudar a repartir ingresos entre bodegas, alojamientos, restauración y comercio local.
Italia aparece como uno de los países donde esta actividad ya tiene un peso claro para las bodegas. Un informe de Nomisma elaborado junto a UniCredit y Vinitaly, con la colaboración de Città del Vino, cifra en más de 138 millones los turistas que visitaron el país en 2025 por motivos ligados al vino. Ese movimiento generó 3.100 millones de euros para las empresas vinícolas italianas y supuso el 21% de su facturación media empresarial vinculada a esta línea de negocio.
Persistent Market Research señala que parte del avance previsto depende también de mejoras materiales en los destinos. La consultora cita conexiones ferroviarias más eficaces, carriles bici, alojamientos dentro o cerca de las bodegas e inversiones en hospitalidad como factores que alargan la estancia media y facilitan una oferta más amplia. En regiones consolidadas como la Toscana o Burdeos, estas mejoras permiten recibir más visitantes y combinar vino con gastronomía, patrimonio cultural y actividades al aire libre.
El informe también recoge límites que pueden frenar esa expansión. Entre ellos figuran las normas sobre volúmenes de degustación, horarios de apertura o venta directa en bodega. A eso se suma la fuerte estacionalidad: buena parte de la demanda se concentra en vendimia y festivos, lo que deja a muchas empresas expuestas a periodos muy concretos del año. Las pequeñas bodegas son las más sensibles a esa dependencia porque cuentan con menos margen financiero para compensar meses flojos.
La meteorología añade otra fuente de incertidumbre. Episodios de sequía o cosechas irregulares pueden alterar tanto la producción como la llegada de visitantes. El estudio cita oscilaciones registradas en regiones como Burdeos o Rioja por perturbaciones climáticas que afectaron al viñedo. Cuando eso ocurre, no solo cambia la cantidad de vino disponible; también se resiente la experiencia turística si disminuye la actividad en campo o si se reduce la capacidad operativa durante ciertas semanas.
La situación económica internacional y las tensiones geopolíticas forman parte igualmente del análisis. Persistent Market Research advierte de que los destinos muy dependientes del viajero extranjero con alto poder adquisitivo quedan más expuestos a cambios bruscos en movilidad o gasto turístico. Por eso apunta a estrategias basadas en público nacional, precios flexibles y una oferta más variada para repartir mejor los ingresos durante todo el año.
La sostenibilidad aparece como otra vía de desarrollo para muchas bodegas. El informe sostiene que una parte del público valora cada vez más los destinos con prácticas ambientales responsables y que esa preferencia anima a adoptar certificaciones específicas e iniciativas ligadas al clima. Regiones como el valle del Duero o Barossa Valley figuran entre los ejemplos citados por integrar estos criterios dentro de su propuesta turística.
En Norteamérica, la previsión es un crecimiento medio anual del 12,8% entre 2026 y 2033. La consultora vincula ese avance al interés por viajes experienciales y al uso rápido de herramientas digitales para reservar desde el móvil o diseñar itinerarios personalizados. También observa una mayor demanda de paquetes que unen vino, comida y actividades al aire libre, una fórmula que eleva el gasto medio por visitante en varios estados productores.
Aunque Europa mantiene su liderazgo por volumen y madurez del mercado, Asia-Pacífico gana terreno por velocidad y por inversión pública y privada en nuevas zonas vitivinícolas. Esa combinación dibuja un mapa más amplio para el negocio del vino ligado al viaje: regiones históricas que conservan su peso gracias a su reputación y nuevos destinos que buscan abrirse paso con infraestructuras recientes, oferta cultural propia y un consumidor local cada vez más interesado por este tipo de experiencias.