Miércoles 03 de Junio de 2026
El verdadero viaje contemporáneo no siempre se mide en kilómetros. A veces se mide en metros cuadrados, en silencio y en la posibilidad de cerrar la puerta por dentro y dejar fuera el reloj. Esa es la idea que propone el Meliá Villaitana, cerca de Altea y Benidorm, donde el servicio The Level convierte la habitación en el centro de la estancia y plantea una duda constante al huésped: quedarse dentro o salir a recorrer el complejo.
El resort, diseñado como un gran trampantojo arquitectónico que recrea un pueblo mediterráneo, juega precisamente con esa tensión. Quien llega con la intención de pasar unas horas sin moverse demasiado encuentra estancias pensadas para el descanso y para la desconexión. La luz del levante entra en las habitaciones y el ambiente invita a bajar el ritmo desde el primer momento. La propuesta está orientada a quienes buscan una escapada tranquila, con privacidad y sin interrupciones.
En la Suite Ático, uno de los argumentos más claros para no salir de la habitación es la bañera de hidromasaje situada bajo una cúpula de cristal. Desde ahí se pueden ver las estrellas sin abandonar el agua. En la Suite Presidencial, el bienestar se traslada a una terraza con jacuzzi propio y camas balinesas, un espacio pensado para prolongar la estancia al aire libre sin renunciar al confort.
A esos elementos se suman otros detalles que refuerzan la sensación de refugio. En el baño, los aromas de la línea The Ritual of Jing de Rituals acompañan la estancia. También hay cafetera espresso, menú de almohadas y servicio de habitaciones, que permite desayunar con calma en la terraza o alargar la sobremesa sin prisas. Todo está orientado a que el huésped pueda pasar parte del día sin necesidad de abandonar su espacio.
Pero en el Meliá Villaitana resulta difícil mantener esa decisión durante mucho tiempo. Basta asomarse a la ventana para que el diseño del arquitecto Andrés Piñeiro empuje a salir. El hotel no tiene el aspecto de un alojamiento convencional, sino el de un conjunto de fachadas que evocan las casas de colores de Villajoyosa, palacetes de aire señorial y una réplica de la cúpula azul de la iglesia de Altea. El conjunto invita a pasear por plazas, callejuelas y rincones que forman parte de la propia experiencia del complejo.
Los huéspedes de The Level cuentan además con espacios propios que funcionan como reclamo. Uno de ellos es The Level Lounge, un lugar tranquilo para tomar un café o leer la prensa, que por la tarde se convierte en punto de encuentro para un aperitivo o un cóctel al atardecer. También está la piscina climatizada de estilo laguna, exclusiva para estos clientes, con hamacas y jacuzzis al aire libre en un ambiente relajado.
La oferta gastronómica también empuja a salir de la habitación. El complejo reúne propuestas como el restaurante Indigo, con cocina mediterránea; la trattoria Casa Nostra, y Botanic, con platos más frescos. Cada una de estas opciones añade un motivo más para abandonar, aunque sea por un rato, el espacio privado de la estancia.
A ello se suma la oferta deportiva. El resort está rodeado por dos campos de golf de 18 hoyos con la firma de Jack Nicklaus y cuenta con un YHI Spa de 1.200 metros cuadrados, con circuito termal. También dispone de una amplia oferta para distintos deportes, lo que amplía todavía más las posibilidades de pasar el día fuera de la habitación.
La experiencia que propone el Meliá Villaitana se mueve entre dos impulsos. Por un lado, el de quedarse en la habitación y aprovechar cada detalle del servicio The Level. Por otro, el de salir a recorrer un complejo que reproduce un pueblo mediterráneo y concentra alojamiento, gastronomía, spa, golf y espacios comunes. La estancia termina siendo una elección continua entre el recogimiento y la vida que espera justo al otro lado de la puerta.