Miércoles 28 de Enero de 2026
En 2026, la decisión de comer fuera de casa ha dejado de estar vinculada únicamente al ocio. Para muchas personas, se ha transformado en un cálculo diario en el que influyen el precio de los alimentos, la energía y el tiempo disponible. En este escenario, la paella, un plato tradicional, se ha convertido en una referencia práctica para medir cuánto cuesta hoy comer caliente y completo fuera del hogar.
La razón es sencilla: la paella reúne en un solo plato varios de los productos que más se han encarecido en los últimos años. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre 2021 y 2025 los alimentos básicos han experimentado subidas muy superiores a la media histórica. El arroz ha registrado incrementos sostenidos de dos dígitos, el aceite de oliva ha alcanzado precios récord y las verduras frescas y proteínas habituales, como el pollo, el marisco o el pescado, se mantienen en niveles elevados y con mayor volatilidad.
A estos ingredientes se suma el coste energético. El INE señala que, aunque la inflación se ha moderado, la electricidad y el gas siguen por encima de los niveles previos a la pandemia. La preparación de una paella requiere tiempos de cocción lenta, lo que convierte la energía en un factor relevante tanto en el hogar como en la restauración.
Cocinar una paella en casa puede suponer actualmente entre 8 y 12 euros por ración, sin contar el tiempo dedicado a la compra, la preparación y la limpieza. Además, no es un plato pensado para una sola persona, lo que complica su elaboración doméstica. Esta combinación de factores explica por qué muchos consumidores utilizan la paella como referencia para decidir si comer fuera les compensa.
Diana Londoño, directora de operaciones de Paellería, explica que "la paella no admite atajos: si quieres hacerla bien necesitas ingredientes del día, energía y tiempo". Según Londoño, "hoy la gente decide si sale a comer comparando una paella con su presupuesto y con cómo quiere emplear su tiempo". Desde Paellería observan que este razonamiento ha cambiado el lugar del plato en el consumo habitual. La paella ha dejado de ser solo una comida de celebración para convertirse en un punto de comparación frente al menú del día, el tupper o el pedido estándar entre semana.
Londoño añade que "mucha gente llega a la conclusión de que, por lo que cuesta hacerla en casa y el tiempo que requiere, prefiere comerla fuera y dedicar ese tiempo a estar con su familia o con sus amigos". No se trata solo de una decisión económica, sino también de calidad de vida.
El INE confirma que, tras los años de inflación, los precios se han estabilizado en un escalón más alto, lo que ha obligado a racionalizar el gasto cotidiano. Comer fuera ya no se percibe como un capricho, sino como una elección comparativa en la que pesan precio, tiempo y experiencia. En este nuevo escenario, la paella ocupa un espacio distinto al de la comida rápida o los ultraprocesados. "No competimos en ser lo más barato", concluye Londoño, "competimos en ofrecer una comida completa que encaje con la forma en que vive hoy la gente".
Así, en 2026, la paella se consolida como un termómetro cotidiano del precio de la vida, un plato que permite entender, mejor que muchos indicadores abstractos, cómo se toman hoy las decisiones básicas sobre comer, gastar y aprovechar el tiempo.