El 73% de los viticultores del sur del Ródano ya aplica medidas de adaptación climática

La poda tardía, el cambio de variedades y la vendimia nocturna encabezan las respuestas al calor y la sequía

Lunes 31 de Agosto de 2026

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El 73% de los viticultores del sur del Ródano ya aplica medidas de adaptación climática

La adaptación al cambio climático ya forma parte de la gestión diaria de buena parte de los viñedos del sur del valle del Ródano. Una encuesta del Institut Rhodanien entre 98 viticultores de esta zona francesa recoge que 72 de ellos, el 73%, habían puesto en marcha al menos una medida de ajuste entre julio de 2025 y febrero de 2026. El 27% restante respondió que no había aplicado ninguna.

El Institut Rhodanien difundió estos datos el pasado 30 de agosto. El sondeo fue voluntario, por lo que sus resultados no pueden trasladarse de forma automática al conjunto de productores de la región, pero sí ofrecen una fotografía útil de cómo una parte del viñedo del Ródano meridional está cambiando sus prácticas ante el calor, la sequía y otros episodios meteorológicos que afectan a la uva y al trabajo en campo.

La encuesta refleja que la respuesta de los viticultores ya no se limita a una sola decisión puntual. Lo que aparece es una combinación de cambios en el calendario de trabajo, en el manejo del viñedo, en el material vegetal y también en la gestión del riesgo económico. En una región de gran peso dentro del vino francés, ese movimiento ayuda a entender por dónde están yendo las decisiones en explotaciones que necesitan adaptar la producción sin perder viabilidad.

Entre quienes dijeron haber adoptado alguna medida, la más citada fue la poda tardía, con un 70%. Después aparecen la adaptación de la variedad o del portainjerto, con un 64%; la vendimia nocturna o a primera hora de la mañana, con un 63%; y las cubiertas vegetales permanentes, también con un 63%. Además, un 54% afirmó haber adelantado la fecha de vendimia.

Otras prácticas se centran en el suelo y en la disponibilidad de agua. El 50% dijo aplicar abonado verde y otro 50% aseguró regar al menos una parcela. A eso se suma un 50% que recurre a un manejo de la vegetación con porte caído, una técnica dirigida a proteger mejor la uva y la planta. El 32% afirmó aportar mayores cantidades de materia orgánica al suelo.

El granizo también aparece como un problema claro para parte del viñedo del sur del Ródano. Dentro del grupo que ya había tomado medidas, un 21% declaró utilizar cañones antigranizo. En cambio, las redes de protección frente a granizo, heladas o sombra apenas tienen presencia en las prácticas regionales recogidas por la encuesta.

La adaptación no se queda en la parcela. En la parte económica, un 39% de los viticultores que habían actuado dijo utilizar seguros y otro 39% declaró diversificar su producción. El 28% señaló el uso de paneles solares y el 14% afirmó haber trasladado terrenos o parte de su actividad productiva, una decisión que va más allá de un ajuste puntual y que implica cambios de mayor alcance en la explotación.

También aparecen otras vías, aunque con una implantación mucho menor. La hidrología regenerativa, los biocarburantes y la robótica figuran cada una en el 7% de las respuestas. Esa distancia entre las medidas más extendidas y las menos usadas sugiere que los productores están optando primero por herramientas que pueden incorporar con más rapidez o que encajan mejor en la estructura actual de sus viñedos.

Los datos del Institut Rhodanien muestran, en cualquier caso, que la adaptación ya está moviendo cuestiones muy concretas del negocio vitícola: cuándo se poda, cuándo se recoge la uva, qué variedad o portainjerto se planta, si conviene regar, si hace falta contratar seguros o si interesa diversificar ingresos. Son decisiones que afectan al funcionamiento diario de la bodega y del viñedo, y que exigen planificación, mano de obra y capacidad de inversión.

La encuesta, sin embargo, no cuantifica cuánto dinero requiere cada una de esas medidas ni cuál es su efecto en el rendimiento de la parcela o en la rentabilidad final. El trabajo tampoco aporta cifras sobre inversión, coste por hectárea o retorno económico, de modo que su principal valor está en mostrar el grado de adopción de estas prácticas y el tipo de respuestas que ya se están abriendo paso en el Ródano meridional.

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