Martes 26 de Mayo de 2026
Leído › 863 veces

Un equipo de la Universidad de California en Davis estudia cómo el ruido nocturno, incluido el de los tractores, altera la caza de las lechuzas americanas en viñedos de California. La investigación se desarrolla en parcelas de la zona de Lodi y busca saber si estos sonidos cambian el lugar donde cazan las aves y la forma en que reaccionan sus presas.
La dirección del trabajo recae en Karen Gallardo Cruz, doctoranda en ecología en UC Davis. El grupo analiza si la actividad agrícola durante la noche modifica la relación entre depredador y presa en viñedos y huertos del condado de San Joaquín. Los investigadores quieren saber si el ruido hace que las lechuzas eviten ciertas zonas o si, por el contrario, siguen cazando con normalidad.
El estudio tiene interés para los viticultores porque las lechuzas se usan como una forma de control biológico sin químicos. En muchas fincas se colocan cajas nido para atraerlas y favorecer que permanezcan en el terreno. Según Matt Johnson, profesor de Cal Poly Humboldt y colaborador del proyecto, una sola familia de lechuzas puede matar entre 3.000 y 4.000 roedores en un año. Añadió que mantener las cajas nido resulta más barato que recurrir a trampas de forma intensiva.
Los roedores son un problema habitual en los viñedos porque dañan las cepas y también las conducciones de riego. Por eso, el equipo quiere medir hasta qué punto el ruido nocturno reduce la eficacia de estas aves como aliadas del campo. La hipótesis es que las lechuzas dependen del oído para localizar a sus presas y que una maquinaria funcionando de noche puede alterar esa búsqueda.
Para comprobarlo, los investigadores han repartido más de 200 cajas nido entre viñedos y otros cultivos. Capturan a algunas aves, les colocan anillas y un pequeño dispositivo GPS sujeto con un arnés ligero, parecido a una mochila. Ese sistema registra sus movimientos durante unas tres horas cada noche, durante cinco noches, antes de volver a capturarlas para retirar el aparato.
En varias parcelas también han instalado altavoces potentes entre las hileras de vid. Según la noche, emiten ruido de tractor, sonidos de roedores moviéndose entre hojas o silencio. Con ello, el equipo compara si las lechuzas cambian sus rutas cuando hay ruido mecánico y si se sienten atraídas por grabaciones que imitan a sus presas.
Daniel Karp, profesor del departamento de Wildlife, Fish and Conservation Biology de UC Davis, explicó que los agricultores no pueden indicar a las aves dónde deben cazar. Por eso, una parte del trabajo estudia si reproducir sonidos de roedores podría llevarlas hacia zonas con más plagas. Al mismo tiempo, los científicos observan cómo reaccionan los propios roedores cuando aumenta el ruido.
Para esa parte del estudio han colocado estaciones de seguimiento con semillas de girasol y cámaras activadas por movimiento. También usan grabadoras para medir el nivel sonoro en cada punto y comparar si los roedores se mueven con más libertad cuando hay más ruido alrededor.
Las pruebas comenzaron en marzo y seguirán hasta julio. Durante ese periodo, el equipo revisa las cajas nido una vez al mes con una cámara GoPro montada en una pértiga larga. En esas visitas han encontrado polluelos muy jóvenes, algunos con apenas unos días de vida.
El proyecto incluye además actividades con la comunidad local de Lodi. Los investigadores colaboran con el Lodi Wine Visitor Center, donde una pareja de lechuzas cría cuatro pollos dentro de una caja nido con retransmisión en directo por internet. Este 21 de mayo, parte del equipo participó en una jornada abierta al público con demostraciones sobre anillamiento y propuestas para poner nombre a los pollos.
En junio volverán a Jessie’s Grove para otra actividad organizada por Wild Farm Alliance y Salmon Safe. Mientras tanto, los científicos seguirán registrando vuelos y sonidos para saber qué condiciones ayudan a las lechuzas a cazar mejor y a permanecer cerca de los viñedos.
Leído › 863 veces