Canarias reclama una estrategia regional de enoturismo liderada por las empresas del sector

La propuesta busca convertir el patrimonio vitivinícola de las islas en actividad económica, formación especializada y apoyo público

domingo 8 de noviembre de 2026

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Canarias necesita una estrategia regional de enoturismo impulsada por las propias empresas del sector para convertir el potencial vitivinícola de las islas en actividad económica, formación especializada y apoyo público. Esa es la posición que defendió este domingo, 8 de noviembre, Gabriel Santos García, coordinador general de la Cátedra de Agroturismo y Enoturismo de Canarias del Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria y la Universidad de La Laguna, con motivo del Día Internacional del Enoturismo.

Santos García sostiene que el archipiélago parte de una base sólida por su patrimonio vitivinícola, fruto de siglos de historia y de adaptación a unas condiciones naturales singulares. A su juicio, ese patrimonio no se limita al vino, sino que se extiende al paisaje, las variedades locales, las bodegas y la cultura asociada a esta actividad, con un papel central de las personas que la mantienen en activo.

El coordinador general de la Cátedra plantea que el enoturismo permite unir el vino con el territorio y la actividad agraria con la experiencia turística, además de abrir opciones económicas y sociales vinculadas a la identidad cultural de las islas. Pero añade que disponer de recursos no basta por sí solo. Para consolidar un modelo propio, reclama planificación, formación, cooperación institucional y compromiso empresarial.

En esa línea, vincula el papel de la Universidad de La Laguna a una tarea de servicio a la sociedad. Recuerda que la labor académica en este ámbito comenzó en 2011 con el Aula Cultural de Enoturismo y Turismo Gastronómico y que dio un paso más en 2019 con la creación de la Cátedra de Agroturismo y Enoturismo de Canarias junto al ICCA. Para Santos García, esa trayectoria responde a una colaboración entre universidad, administración y tejido empresarial que debe traducirse en resultados útiles para el territorio.

“La Universidad genera conocimiento, el ICCA facilita la conexión con el sector y la Cátedra debe conseguir que esa colaboración se transforme en oportunidades reales para las empresas y los territorios”, afirma. También sostiene que la investigación no puede quedarse dentro del ámbito académico y que debe retornar al territorio en forma de información útil y aplicable.

Esa relación, añade, exige una mayor implicación de las empresas. Santos García considera necesario que bodegas, explotaciones agrarias y firmas turísticas aporten datos, información y experiencias para conocer mejor la situación del sector y orientar con más precisión los estudios. A la vez, cree que los resultados de esas investigaciones deben ser analizados y utilizados por las compañías para introducir mejoras y abrir nuevas líneas de trabajo. En su planteamiento, la transferencia de conocimiento debe ser un proceso continuado de diálogo, no un acto puntual ligado a la presentación de un informe.

Como ejemplo de cooperación, cita el Encuentro Internacional de AgroEnoturismo de Canarias, que suma once ediciones. Según explica, ese foro ha servido para conectar a profesionales, investigadores, administraciones y empresas, además de facilitar el intercambio de experiencias y la puesta en marcha de nuevas iniciativas.

El coordinador general subraya, no obstante, que el avance del enoturismo depende de la decisión empresarial. A su juicio, las instituciones pueden ayudar con políticas públicas, investigación y formación, pero son las bodegas, las explotaciones agrarias y las empresas turísticas las que deben incorporar esta actividad a sus estrategias. También entiende que no existe una fórmula única y que cada negocio debe ajustar su propuesta a sus recursos, su capacidad y su nivel de profesionalización.

En Canarias, recuerda, ya operan numerosas empresas que han apostado por este modelo. Entre ellas menciona a Bodegas Monje, en Tenerife; El Grifo, en Lanzarote; y Los Berrazales, en Gran Canaria. A esas experiencias se suman, según precisa, más de medio centenar de bodegas y proyectos repartidos por distintas islas, una cifra que, en su opinión, refleja que el sector ya está abriendo nuevas vías para poner en valor el vino y el territorio.

Santos García también pide ampliar la mirada más allá del vino y dar espacio a otros productos del sector primario. Considera que esa diversificación es necesaria para construir propuestas de agroturismo más completas y ligadas a la realidad rural de las islas. En ese mismo marco sitúa la igualdad de oportunidades, la promoción de la mujer y la visibilidad de su liderazgo y emprendimiento en el medio rural.

Para el responsable de la Cátedra, 2026 debe ser un punto de inflexión. Entiende que el reconocimiento del enoturismo como actividad turística debe traducirse en una estrategia propia con seguridad jurídica, formación, promoción y herramientas de apoyo a las empresas. También considera necesario adaptar la cualificación profesional a una actividad que, en sus palabras, exige servicios sostenibles, accesibles y de calidad.

Su propuesta pasa por una estrategia regional nacida del consenso empresarial. Santos García sostiene que deben ser las propias bodegas, explotaciones agrarias y empresas turísticas las que lideren la definición del modelo para Canarias, a partir de sus necesidades y expectativas. En ese esquema, atribuye al Gobierno canario, en especial a las áreas de Agricultura y Turismo, la función de respaldar ese proceso y de crear las condiciones necesarias para que las iniciativas privadas puedan desarrollarse.

El coordinador general sitúa además a Canarias en una posición favorable para reforzar la cooperación atlántica. Señala que la relación con Madeira, Azores, Cabo Verde y otros territorios de América Latina y Europa puede servir para compartir conocimiento, impulsar investigaciones y crear redes profesionales. Esa proyección internacional, añade, ayudaría a aprender de otras experiencias y a dar a conocer las particularidades del modelo vitivinícola canario.

La sostenibilidad ocupa otro de los ejes de su planteamiento. Santos García considera que el desarrollo del enoturismo debe ir unido a la conservación de los paisajes vitícolas, al mantenimiento de los sistemas tradicionales de cultivo, a la protección de las variedades locales, a la gestión responsable del agua y a la viabilidad económica de las explotaciones. En su opinión, no tendría sentido promover experiencias turísticas que perjudiquen los elementos que les dan valor.

Desde la Cátedra de Agroturismo y Enoturismo de Canarias, añade, la intención es mantener el trabajo en investigación aplicada, transferencia de conocimiento, formación especializada y cooperación entre actores del sector. Santos García sostiene que el enoturismo puede generar actividad económica, favorecer la emprendeduría, conservar los paisajes y ayudar a mantener vivos los municipios rurales del archipiélago.

También reclama que esta actividad tenga más peso en las políticas públicas de Canarias. A su juicio, las islas cuentan con patrimonio, identidad y potencial, pero necesitan una mayor implicación empresarial e institucional para convertir esas condiciones en oportunidades reales. Su planteamiento pasa por dejar atrás las colaboraciones puntuales y avanzar hacia una estrategia compartida en la que el visitante conozca los vinos canarios y, a través de ellos, el valor del sector primario y de los territorios rurales que sostienen esa identidad.

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