La guerra comercial lleva a Collective Arts a estudiar trasladar parte de su producción a EEUU

Los aranceles y los boicots ponen en riesgo un mercado que aporta cerca del 20% de su negocio

viernes 6 de noviembre de 2026

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La guerra comercial entre EEUU y Canadá está alterando los planes de las cerveceras artesanales a ambos lados de la frontera. Collective Arts, una productora de cerveza con sede en Hamilton, en la provincia canadiense de Ontario, estudia mover parte de su producción a EEUU después de que los aranceles y los boicots al alcohol le obligaran a replantear cómo atender ese mercado, que representa cerca del 20% de su negocio, informó Bloomberg News este jueves, 5 de noviembre.

Matt Johnston, consejero delegado de la empresa, afirmó que una de las opciones sobre la mesa es trasladar una parte de la elaboración a territorio estadounidense. La compañía también sopesa reorientar inversión y esfuerzo comercial hacia plazas en las que ya tiene una base más sólida.

La empresa se ha hecho conocida con el lema “drink creatively” y con referencias como la West Coast IPA “Ransack the Universe” y la porter “Stranger than Fiction”. Ese perfil de marca no evita ahora un problema muy concreto: cómo vender en EEUU cuando el comercio bilateral se encarece y se vuelve menos previsible para productores que trabajan con márgenes ajustados y dependen de una red de distribución amplia.

El choque comercial ha enfriado los intercambios de cerveza entre los dos países. A la presión de los aranceles se suma el efecto de los boicots sobre bebidas alcohólicas, una combinación que complica tanto las exportaciones canadienses hacia EEUU como la actividad de fabricantes estadounidenses que compran insumos, envasan o venden al otro lado de la frontera.

Para el sector de bebidas, el impacto no se limita a las ventas. También afecta al acceso a mercado, al precio del envasado y a la organización de la cadena de suministro. En la cerveza artesanal, donde la lata tiene un peso directo en la cuenta de resultados, cualquier recargo sobre el aluminio puede trasladarse al precio final si el productor no logra absorberlo o cambiar de proveedor.

La Brewers Association calcula que los aranceles al aluminio podrían encarecer cada lata hasta 8,2 centavos de dólar para el consumidor. Esa cifra ayuda a medir el alcance del problema: una subida así, aplicada unidad a unidad, puede alterar promociones, formatos y volúmenes de envío, además de empujar a algunas marcas a fabricar más cerca del país donde venden.

En el caso de Collective Arts, la exposición al mercado estadounidense da una idea del alcance del ajuste. Si casi una quinta parte de su actividad depende de EEUU, cualquier cambio en aranceles, tiempos de aduana o clima comercial obliga a revisar rutas logísticas, calendarios de producción y decisiones de inversión.

El efecto potencial también alcanza a empresas estadounidenses del mismo segmento. Muchas cerveceras artesanales operan con cadenas de suministro integradas en Norteamérica y combinan compras de latas, distribución y ventas en varios puntos de la frontera. Cuando aparecen barreras comerciales entre EEUU y Canadá, la presión no se queda en la aduana: pasa al almacén, al precio de cada envase y a la presencia de las marcas en tiendas y bares.

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