El comercio del vino y las bebidas alcohólicas teme retrasos por los conflictos portuarios

Francia arrastra paros en terminales y un fallo aduanero con más congestión en Le Havre

viernes 6 de noviembre de 2026

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La negociación laboral en los puertos de Los Ángeles y Long Beach y los paros en Francia mantienen en alerta a los cargadores de vino y bebidas alcohólicas. La asociación Wine & Spirits Shippers Association informó este jueves, 5 de noviembre, de que el sindicato ILWU Local 26 y la Pacific Maritime Association han ampliado hasta la medianoche de este viernes, 6 de noviembre, hora del Pacífico, el plazo para cerrar su negociación, lo que aplaza por unas horas la opción de una huelga en los dos grandes puertos del sur de California.

La Pacific Maritime Association, que representa a navieras y operadores de terminales que emplean a trabajadores del ILWU, y el Local 26 han optado por darse más tiempo. Ese local sindical agrupa a unos 250 vigilantes con funciones de seguridad. Aunque se trata de un colectivo limitado en número, la patronal portuaria ha advertido de que otros afiliados del ILWU podrían respetar los piquetes si no hay acuerdo. Ese respaldo podría provocar un parón amplio o, al menos, una ralentización del movimiento de mercancías.

La disputa abierta no afecta al convenio general de los trabajadores portuarios de la Costa Oeste de Estados Unidos, que sigue vigente hasta 2028. Aun así, la incertidumbre pesa sobre importadores, distribuidores y bodegas, porque cualquier interrupción en Los Ángeles y Long Beach puede retrasar llegadas, alterar calendarios de entrega y obligar a mover contenedores a salidas posteriores. En el comercio de vino, cerveza y destilados, esos cambios suelen trasladarse a la reposición de existencias y a un mayor gasto logístico.

La propia asociación de cargadores afirma que sigue esperando una solución sin huelga, pero mantiene la vigilancia sobre la negociación. Los puertos de Los Ángeles y Long Beach son una puerta de entrada habitual para mercancías que llegan a la costa oeste estadounidense, de modo que cualquier incidencia laboral tiene efectos que van más allá de la zona portuaria y alcanza a transitarios, almacenistas y cadenas de distribución.

En Francia, la situación es más inmediata. La asociación señaló que este jueves, 5 de noviembre, el país vivía una huelga nacional y que seguían los paros en puertos y terminales. Los informes que maneja el sector apuntan a que la protesta continuaría este viernes, 6 de noviembre, con una huelga independiente de 24 horas convocada por las tripulaciones de los remolcadores portuarios.

A ese calendario se suma la movilización de los llamados Chalecos Amarillos, que han pedido paros rotatorios, sobre todo en transporte e infraestructuras, y manifestaciones en todo el país para este sábado, 7 de noviembre. El movimiento se ha unido a estudiantes y a varios sindicatos para protestar por el encarecimiento de la vida, la falta de profesores y las medidas de austeridad. Para la operativa portuaria, eso implica más presión sobre la manipulación de contenedores y sobre la puntualidad de los buques.

La asociación prevé retrasos en las terminales francesas y cambios en los horarios de los barcos, con más congestión añadida a la acumulación ya existente en Le Havre. Ese puerto es una vía importante para el tráfico de bebidas y otras mercancías entre Francia, el resto de Europa y mercados de fuera de la UE. Si la congestión se prolonga, exportadores e importadores podrían verse obligados a reprogramar cargas, asumir más gasto de almacenamiento y transporte o aplazar embarques.

A los paros se añade un problema técnico en las aduanas francesas. Desde las 15.00 horas de este martes, 3 de noviembre, el sistema nacional Delta IE está fuera de servicio y el sistema aduanero de proveedores GAMMA 2 ha quedado desconectado. Las autoridades esperaban resolver la incidencia en 24 horas, pero la reparación no se había completado cuando la asociación lanzó su aviso. Ese fallo ha saturado el procedimiento de emergencia por el volumen de peticiones remitidas por proveedores y agentes de aduanas. Como consecuencia, muchos contenedores pueden quedarse sin despacho aduanero a tiempo y pasar a salidas posteriores, con demoras que pueden afectar tanto a los envíos de producto terminado como a materiales ligados a la industria de bebidas.

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