El Niño pone en alerta a los viñedos de California por el riesgo de erosión

Las lluvias pueden recargar acuíferos, pero los expertos avisan de daños en parcelas, caminos y viviendas.

jueves 5 de noviembre de 2026

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Los viticultores de California se preparan para un invierno de lluvias abundantes asociado a El Niño con una mezcla de alivio y cautela. Las tormentas previstas entre diciembre y marzo pueden recargar acuíferos, limpiar suelos y aportar agua a las raíces en un momento en que la vid está en reposo. Pero esa misma lluvia también puede provocar inundaciones, erosión y daños en caminos, viviendas y parcelas si los episodios son muy intensos.

La preocupación no es menor. El gobernador Gavin Newsom declaró el estado de emergencia en octubre ante la previsión de inundaciones y cortes eléctricos en distintas zonas del estado. Para el viñedo, sin embargo, un invierno húmedo suele ser una buena noticia. Gregg Hibbits, viticultor en San Luis Obispo, resume esa idea con claridad: en el sector están acostumbrados a recibir la lluvia como algo positivo.

Hibbits, que dirige Grapevine Capital Partners, una empresa que gestiona más de 3.000 acres de viñedo, admite aun así que esa relación con la lluvia tiene un límite. Si El Niño resulta tan intenso como apuntan las previsiones, puede arrastrar tierra, afectar a la estructura de las fincas y alterar más adelante la floración de la vid. Parte de sus viñedos están en Paso Robles, una zona donde se espera el 211% de la lluvia habitual entre diciembre y marzo. El mismo modelo prevé un 226% de la precipitación normal en Santa Bárbara y un 173% en el área de Santa Rosa.

Ese riesgo pesa más, según varios expertos citados por productores y técnicos del sector, en regiones secas y cálidas donde las lluvias de invierno no son tan frecuentes. Hibbits lo resume así: cuando cae mucha agua en muy poco tiempo sobre suelos menos acostumbrados a esos episodios, los problemas pueden multiplicarse.

La erosión del suelo aparece como la principal amenaza para muchas explotaciones. En el peor de los casos, el agua puede llevarse tierra, postes e incluso cepas hasta dejar inservible una parcela. Rich Casale, especialista en erosión del Servicio de Conservación de Recursos Naturales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, recuerda un caso en Healdsburg que ilustra ese peligro. La finca todavía no estaba plantada, pero ya se había preparado el terreno. Tras una tormenta fuerte, y debido al laboreo profundo previo, una ladera entera se deslizó montaña abajo. “Dos acres y medio, desaparecidos”, relata.

Casale precisa que no es el escenario más habitual. Durante los ríos atmosféricos que cruzaron California en 2023, el agua abrió grietas en carreteras y anegó calles, pero los viñedos salieron en general mejor parados de lo que muchos temían. También recuerda que ver cepas cubiertas por agua en invierno no implica por sí mismo un daño grave. En algunas comarcas del norte del estado, como Napa Valley, esas inundaciones forman parte de la experiencia de muchos agricultores.

Kendall Hoxsey-Onysko, presidenta de Yount Mills Vineyard, sitúa su principal inquietud en otro punto: los accesos y las casas de los trabajadores. En Yountville, cuenta, las riadas ya marcaron a su familia cuando la vivienda quedó inundada en 2006. En áreas así, el problema no siempre está dentro del viñedo, sino alrededor: caminos cortados, desplazamientos más difíciles y daños en viviendas cercanas.

En las últimas semanas, Casale ha visitado decenas de viñedos y otras explotaciones agrarias para ayudarles a preparar las fincas antes de las tormentas. Entre las medidas habituales figuran las mallas de yute, los plásticos y los tubos largos de malla y paja colocados sobre el terreno para frenar el arrastre de tierra. Su aviso, sin embargo, es claro: instalar estos sistemas sin asesoramiento técnico puede empeorar la situación. A su juicio, más del 50% de estas prácticas se colocan mal o en lugares poco adecuados. En unos casos no hacen nada; en otros, desplazan el problema a otra parte de la finca.

Para Casale, la mejor herramienta contra la erosión es mantener cubiertas vegetales entre las hileras de vid. Las raíces de plantas como la mostaza, los guisantes de olor o los rábanos ayudan a sujetar el suelo y, al mismo tiempo, mejoran su fertilidad. Por el contrario, la tierra removida recientemente se lava con más facilidad. Por eso los viñedos jóvenes suelen tener más exposición a este tipo de daños. Esta campaña, no obstante, esa vulnerabilidad puede pesar menos porque en California se están arrancando más viñas de las que se plantan, en parte por el excedente de uva que arrastra el estado.

Allison Jordan, vicepresidenta de asuntos medioambientales del Wine Institute, añade otro elemento a favor de los productores: el final inusualmente temprano de la última vendimia deja más margen para acondicionar las fincas antes de que lleguen las lluvias. Aun así, el tiempo puede volverse en su contra si la vid brota tan pronto como ocurrió la pasada primavera. Si las inundaciones se alargan hasta marzo, el exceso de agua puede dificultar la entrada de oxígeno en las raíces y alterar la floración.

En Paso Robles, donde el agua subterránea tiene un valor especial para muchas explotaciones, la lectura de este invierno es ambivalente. Cynthia Lohr, copropietaria de J. Lohr, afirma que El Niño puede actuar como un arma de doble filo en zonas donde escasea el agua. La empresa cultiva más de 2.600 acres de viñedo en esa comarca. Allí interesa que llueva lo suficiente para recargar el nivel freático, pero no tanto como para que la capa superficial del suelo desaparezca con la escorrentía.

Hilary Graves, responsable de Booker Vineyard, también en Paso Robles, mantiene una visión más favorable si el agua se gestiona bien. Su plan consiste en abrir canales en el suelo para que la lluvia se acumule en determinados puntos y no se pierda pendiente abajo. En el oeste de Estados Unidos, señala, el agua es un recurso muy valioso y, bien aprovechada, una temporada húmeda puede beneficiar al viñedo.

Lo que ocurra este invierno en California importa más allá de las fincas afectadas. El estado tiene un peso central en la producción de vino y cualquier cambio en la disponibilidad de agua, en la conservación del suelo o en los gastos de manejo puede trasladarse a la actividad de las bodegas y al suministro internacional. Si la lluvia recarga reservas y evita daños, los viticultores ganarán margen tras varios años de presión sobre el agua. Si predominan la erosión y las inundaciones prolongadas, las consecuencias pueden sentirse en la próxima campaña y en la planificación de una de las grandes regiones vitivinícolas del mundo.

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