El 94,4% de los italianos bebe vino al menos de forma ocasional

El gusto pesa más que el precio en una compra dominada por botellas de gama media

jueves 5 de noviembre de 2026

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El 94,4% de los italianos bebe vino al menos de forma ocasional

El vino mantiene un peso amplio en los hábitos de consumo de los italianos, aunque cambian la forma de comprarlo y los momentos en los que se bebe. Una encuesta realizada en 2024 a 1.038 consumidores y difundida esta semana por el CREA en su boletín trimestral CreAgritrend sitúa en el 94,4% la proporción de personas que lo consumen al menos de manera ocasional. Dentro de ese grupo, el 56,5% afirma que lo hace por lo menos una vez a la semana.

El trabajo, incluido en el especial “Vino y Consumidores” del Centro de Investigación en Políticas y Bioeconomía del CREA, dibuja el perfil de un comprador que no se guía solo por el precio. El gusto aparece como el principal criterio de elección, por delante de la denominación de origen y del importe de la botella. Al mismo tiempo, el estudio recoge una disposición a pagar más en ocasiones concretas, aunque el tramo más habitual de compra sigue estando en precios medios.

La edad marca una parte importante de las diferencias. El consumo diario pasa del 3,8% entre los jóvenes de 18 a 24 años al 24,6% en la franja de 55 a 65 años. En sentido inverso, la proporción de quienes beben vino rara vez baja del 32,3% al 16,6% entre esos mismos grupos. Los datos apuntan a una relación más frecuente con el vino a medida que avanza la edad.

También cambia el lugar de consumo. Beber vino en casa aumenta de forma progresiva y pasa del 33,3% entre los más jóvenes al 61,6% entre las personas de 55 a 65 años. Las reuniones con amigos o familiares siguen la tendencia contraria y tienen más peso entre las edades más bajas. El consumo en restaurantes, bares o vinotecas se mueve en niveles parecidos en todas las franjas analizadas, entre el 50% y el 60%, de acuerdo con el boletín del organismo italiano.

Las diferencias por sexo aparecen sobre todo en el tipo de vino. El tinto es el más habitual y su consumo frecuente es mayor entre los hombres: un 56,7% frente al 47,3% de las mujeres. En el blanco ocurre lo contrario. El 45,5% de las mujeres dice consumirlo a menudo, frente al 36% de los hombres. En el rosado, las mujeres vuelven a situarse por encima, con un 20,5%, mientras que entre los hombres el dato es del 15%.

En gasto, la franja de entre 4 y 8 euros por botella concentra el mayor número de respuestas, con un 45,8%. Le sigue el tramo de 8 a 15 euros, con un 32,8%. Por debajo de 4 euros se sitúa el 11,8% de las preferencias habituales, y por encima de 15 euros, el 9,6%. Esa distribución muestra que el mercado corriente se apoya en botellas de precio medio, muy por encima de los segmentos más bajos.

Sin embargo, la encuesta introduce un matiz al preguntar por el importe máximo que los consumidores aceptarían pagar. El 41,2% responde que superaría los 20 euros por una botella. Dentro de ese grupo, el 27,8% fija su techo entre 20 y 30 euros y el 13,4% lo sitúa por encima de 30 euros. La distancia entre el gasto normal y la cifra máxima sugiere que una parte amplia del público está dispuesta a subir de tramo en compras ligadas a celebraciones, regalos o consumos menos frecuentes.

Cuando se observa qué pesa más en la decisión de compra, el gusto ocupa el primer lugar. Obtiene una nota media de 4,22 sobre 5 y el 82% de los encuestados lo considera importante o muy importante. A continuación aparece la denominación de origen, con una media de 4 puntos y un 73,7% de valoraciones altas. El precio queda en tercer lugar, con una media de 3,91 y un 71,1% de respuestas en los niveles superiores de importancia.

La bodega productora conserva también un papel relevante, con una media de 3,79 y un 66,3% de juicios favorables. Más atrás quedan el año de producción, con 3,48 puntos y un 51,8%, y el embalaje o presentación, con 3,27 y un 42,6%. Para el CREA, esta jerarquía indica que el valor que el consumidor atribuye al vino no depende solo del importe, sino también de la calidad percibida, del origen y de la identidad del producto.

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