Un verano cálido y seco abre la puerta al tinto inglés con Pinot Noir
El calor con menos humedad reduce enfermedades en un país donde siete de cada diez botellas son espumosas
lunes 7 de septiembre de 2026

Inglaterra ha construido buena parte de su fama vinícola sobre el espumoso, pero el verano de 2026, muy cálido y seco, puede abrir espacio a otro perfil de vino. David Jackson, fundador del mercado de vino de alta gama Squelch, sostiene que estas condiciones favorecen una oportunidad real para que los viñedos ingleses elaboren más tinto tranquilo, con el Pinot Noir como una de las variedades con más interés.
La base de esa idea está en el peso que tiene el espumoso en el país. Alrededor de siete de cada diez botellas de vino inglés son espumosas, un reparto que encaja con un clima relativamente fresco, útil para obtener la acidez que requiere ese estilo. Jackson considera, sin embargo, que el cambio no depende solo de un aumento de temperatura, sino también de veranos más secos, un factor que, a su juicio, puede modificar las opciones del viñedo inglés para las uvas tintas.
El experto rechazó el pasado 6 de septiembre una lectura simple del fenómeno. En su opinión, no basta con que Inglaterra gane uno o dos grados para parecerse a Borgoña. Lo que ve es otra cosa: un país que históricamente no solo ha sido fresco, sino también húmedo e imprevisible en momentos decisivos del ciclo de la viña. Con calor suficiente, las uvas pueden madurar, pero un agosto lluvioso puede traer enfermedades y arruinar la cosecha.
Por eso concede tanto valor al verano de 2026. Jackson cree que la combinación de calor y sequedad cambia el debate sobre el potencial del tinto inglés. Para las uvas tintas, la falta de humedad es una pieza básica, porque reduce parte de la presión sanitaria que suele penalizar a este tipo de cultivo en un clima como el inglés.
La producción ya venía al alza. En 2025 subió un 55% hasta unas 16,5 millones de botellas, y también aumentaron las inscripciones de viñedos y la superficie plantada. Aun así, Jackson avisa de que el cambio climático no significa que el tiempo vaya a ser más cálido de forma fiable todos los años. La variabilidad sigue siendo un problema para el sector, con heladas, lluvias intensas y enfermedades capaces de dañar la viña.
Las condiciones húmedas son especialmente delicadas para las variedades tintas. Enfermedades como la botritis y el mildiu prosperan con humedad, y ahí está, según Jackson, una de las razones por las que el tinto inglés ha tenido más dificultades que el espumoso. Si los veranos secos se repiten con más frecuencia y coinciden con temperaturas más altas, una de las trabas históricas para estos vinos podría perder peso.
Entre las uvas que concentran más atención figura el Pinot Noir. Jackson cita el valle de Waitaki, en Nueva Zelanda, como una comparación útil. Allí se elaboran Pinot Noir de gran nivel pese a tratarse de una zona fresca, muy ajustada para la maduración de la vid. El paralelismo le sirve para defender que no hacen falta temperaturas mediterráneas para lograr buenos tintos de esa variedad.
Para apoyar su argumento recurre a los llamados Growing Degree Days, una medida del calor útil acumulado durante la temporada de crecimiento. Según sus datos, Waitaki se sitúa en torno a 850, mientras que Inglaterra supera ahora con frecuencia los 800. Antes de 1990, añade, eso era muy poco habitual. A su juicio, el país entra cada vez más en una franja térmica en la que un Pinot Noir serio es posible, aunque históricamente faltaban el sol y la sequedad de los que sí disponía Waitaki.
Algunos productores ya han dado pasos en esa dirección. Jackson recuerda que Bolney Wine Estate ha demostrado que en Inglaterra puede hacerse Pinot Noir de calidad, mientras que Gusbourne figura entre las bodegas que están invirtiendo en tintos ingleses. No obstante, advierte de que un clima más cálido no garantiza que las actuales zonas de espumoso vayan a ser automáticamente las futuras grandes zonas de tinto.
El suelo será una parte de esa ecuación. Kent y Sussex suelen compararse con Champaña por sus suelos de creta, pero Jackson sostiene que esa similitud no basta para asegurar grandes tintos tranquilos. En el caso de Bolney, las vides de Pinot Noir están plantadas sobre arenisca. Gusbourne, por su parte, ha comprobado que sus uvas tintas funcionan mejor en arcilla que en la creta que utiliza para elaborar espumosos.
También introduce un matiz geológico al mirar a Champaña. En el sur de esa región francesa, donde el Pinot Noir tiene más presencia, son habituales la caliza kimmeridgiense y la marga, más que la creta pura asociada al Chardonnay en la parte norte. De ahí concluye que los mejores lugares para los tintos ingleses podrían no coincidir con los viñedos más citados hasta ahora e incluso podrían estar en parcelas que todavía no se han plantado.
Ese posible giro tiene una derivada económica clara. Implantar un viñedo exige años y obliga a tomar decisiones con mucha antelación sobre el clima que habrá en el Reino Unido y sobre el mercado que encontrarán las bodegas cuando esas cepas entren en plena producción. Para el sector de bebidas, esa incertidumbre puede traducirse en cambios de inversión, en la elección de variedades y en la planificación de oferta futura de tintos en zonas frías, con efectos para bodegas, distribuidores y compradores.
Pese a ese riesgo, Jackson cree que muchos elaboradores estarán dispuestos a probar. A su juicio, el espumoso seguirá siendo parte central del vino inglés y el país no dejará de ser una zona de clima fresco, pero la distancia que separaba a Inglaterra de un tinto serio se está reduciendo. Si los veranos más calurosos llegan acompañados de sol y sequedad, espera que más productores empiecen a estudiar el tinto con otra ambición, en lugar de verlo como una rareza dentro del sector.