Franciacorta ya es conocida por el 94% de los italianos

Solo el 42% identifica bien su método de elaboración, un punto clave para mejorar la comunicación

miércoles 21 de octubre de 2026

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Franciacorta ya es conocida por el 94% de los italianos

El 94% de los italianos conoce Franciacorta al menos de nombre, el 75% dice haberlo probado alguna vez y el 50% afirma que lo consume con mayor o menor frecuencia. Son los principales datos de una encuesta de Ipsos Doxa encargada por el Consorzio Franciacorta y presentada este miércoles, 21 de octubre, en la Universidad Iulm de Milán durante el encuentro “Franciacorta y el futuro del consumo”.

El estudio mide el grado de conocimiento de esta denominación lombarda de espumosos elaborados con método clásico y ofrece una fotografía amplia de su presencia entre el público general. La investigación llega después de años en los que el consorcio ha buscado vincular la marca Franciacorta a espacios ajenos al circuito estrictamente vinícola, con acuerdos y colaboraciones junto a los Emmy Awards, la Guía Michelin, la Mille Miglia y la Camera Nazionale della Moda Italiana, presente en la Semana de la Moda de Milán y en otras citas del sector. A ello se suma el Festival Franciacorta in cantina, una de las grandes citas de enoturismo de la zona, que reúne cada año a miles de visitantes.

Los datos de Ipsos Doxa indican que la notoriedad de la marca está muy extendida, aunque la información sobre el producto sigue siendo parcial en algunos puntos. El 86% de los italianos relaciona Franciacorta con ocasiones importantes. El 85% lo asocia con la capacidad de expresar y poner en valor el territorio y la italianidad, y también lo considera un regalo adecuado. Otro 84% lo vincula con una calidad alta y el 80% lo define como prestigioso.

La parte menos conocida tiene que ver con la elaboración. Solo el 42% de los encuestados dice conocer de forma correcta el método Franciacorta. A partir de ese dato, la investigación plantea la conveniencia de explicar con un lenguaje más accesible cómo se produce este vino y qué papel tienen las bodegas, el trabajo en el viñedo y los tiempos de elaboración en el valor final de la botella.

El análisis de las conversaciones en internet apunta en la misma dirección. Los temas que más interés despiertan son las bodegas, el método de producción, las diferencias con otras tipologías de vino y las iniciativas ligadas al territorio. Para el consorcio, esos asuntos ofrecen una pista útil sobre qué información puede hacerse más comprensible para el consumidor no especializado.

La relación entre conocimiento del vino y conocimiento del territorio también aparece con claridad en la encuesta. El 32% de los italianos ha visitado ya la Franciacorta y el 48% sabe situarla correctamente entre las provincias de Bérgamo y Brescia. Entre quienes ya han estado allí, el 51% asegura que la visita aumentó su inclinación a comprar este vino. Entre quienes aún no la conocen, el 62% cree que un viaje a la zona podría influir de forma positiva en sus decisiones de consumo.

La investigación también pone el foco en los mayores de edad de la generación Z y en los millennials más jóvenes. Aunque el nivel de conocimiento general es alto, el estudio aprecia margen para reforzar la conexión con ese público a través de lenguajes y formas de comunicación más cercanos a sus intereses. El precio sigue siendo un factor de peso para una parte de los compradores, de modo que el consorcio considera útil explicar mejor qué elementos justifican el valor del producto, desde el método de elaboración hasta el trabajo en bodega y viñedo.

El estudio revisa además el efecto de las alianzas institucionales y promocionales del Consorzio Franciacorta. Las colaboraciones con la Camera Nazionale della Moda Italiana, la Mille Miglia, Porsche y los Emmy Awards aparecen entre las que los encuestados asocian con un mayor efecto positivo sobre la imagen de la denominación.

El presidente del consorcio, Emanuele Rabotti, afirmó que la encuesta ayuda a entender mejor cómo perciben los consumidores a Franciacorta y qué aspectos requieren más atención. A su juicio, la notoriedad es amplia, pero todavía queda trabajo por hacer para explicar el método de producción, la labor de las bodegas y el vínculo con el territorio. También señaló que el sentido de ese trabajo diario no siempre resulta inmediato para quien elige un vino en el lineal o en la carta de un restaurante, por lo que ve necesario traducirlo a un relato más claro y cercano.

Davide Cilia, de Ipsos Doxa, subrayó que los resultados muestran una combinación de notoriedad muy alta y conocimiento parcial de la elaboración. En su opinión, comparar esos indicadores entre distintos grupos de consumidores permite separar lo que ya forma parte del saber común de lo que todavía necesita más información. Cilia añadió que, en un escenario saturado de mensajes, la tarea pasa por construir una comunicación más clara y comprensible sobre el valor de la producción y la identidad de la denominación.

Mauro Ferraresi, sociólogo del consumo y profesor asociado de la Universidad Iulm, relacionó el prestigio de un producto con la experiencia personal de quien lo compra y lo consume. Afirmó que conocer un territorio, visitar una bodega y tratar con quienes producen el vino ayuda a entender mejor el valor que hay detrás de una botella. Recordó además que entre la vendimia y el consumo media un proceso en el que el tiempo y el territorio son elementos básicos.

En la misma mesa de debate, la periodista y presentadora especializada en economía Manuela Donghi señaló que el consumidor ya no puede analizarse con categorías simples. A su juicio, los últimos años han modificado las pautas de compra y han llevado a muchas personas a priorizar mejor aquello en lo que gastan. Donghi sostuvo que la capacidad de gasto sigue marcando un límite real, incluso cuando la calidad del producto está reconocida, y defendió la necesidad de explicar con claridad por qué un vino tiene un determinado precio.

Leonardo D’Onofrio, fundador de University Network y consejero delegado de eGroup, puso el acento en la relación con los jóvenes adultos. Indicó que la comunicación de imagen debe ir acompañada de más conocimiento del producto y recordó que, para uno de cada tres jóvenes mayores de edad, la calidad percibida es un elemento básico en la compra. También apuntó que quien se acerca al vino por primera vez suele hacerse preguntas simples, como qué diferencia a una tipología de otra, cómo elegirla o con qué acompañarla, y defendió responder a esas dudas con claridad y con contenidos próximos a sus hábitos e intereses.

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