El castillo de Burgos que no levantó un noble sino un vecino de Cebolleros
La fortaleza nació sobre dos bodegas con cantos del río Nela y un trabajo artesanal
miércoles 7 de octubre de 2026
Según datos de Turismo de Burgos, en Cebolleros, una pequeña localidad de la Merindad de Cuesta-Urria, se levanta un castillo que no responde al origen habitual de estas construcciones en la provincia. El Castillo de las Cuevas, también conocido como castillo de Cebolleros, no procede de la Edad Media ni de una iniciativa nobiliaria: empezó a construirse en 1978 por decisión de Serafín Villarán, un vecino del pueblo que dedicó fines de semana y vacaciones a levantarlo piedra a piedra.
La promoción turística provincial lo presenta como un edificio que, por sus formas y por el trabajo manual de la piedra, recuerda por momentos a Gaudí. Su historia, sin embargo, arranca de una manera mucho más sencilla. Villarán comenzó la obra cuando tenía 42 años y eligió como base dos antiguas bodegas. El material principal fueron cantos rodados del cercano río Nela, que recogió y utilizó para levantar muros, torres, almenas, escaleras y distintas estancias.
Turismo de Burgos explica que el proyecto no contó con un arquitecto de renombre ni con una cuadrilla numerosa de operarios. La construcción fue avanzando con el trabajo directo de su impulsor, que habría pasado años reuniendo piedras antes de empezar a levantar paredes. Esa forma de trabajo acabó marcando la imagen del edificio, muy alejada de la arquitectura habitual del entorno y, al mismo tiempo, vinculada a los materiales del propio valle.
El resultado es una fortaleza de apariencia medieval, aunque su origen sea reciente. El recinto dispone de un gran portón de entrada, torres almenadas, cuatro plantas y sótano. A esa estructura se suman puertas, ventanas, escaleras de caracol, piezas de herrería y pequeños elementos ornamentales hechos a mano, que muestran hasta qué punto el castillo responde a la imaginación de su creador.
La obra quedó interrumpida en 1998, cuando Villarán murió sin verla terminada después de cerca de veinte años de trabajo. La historia no se detuvo ahí. Su hija Yolanda y su yerno Luis continuaron el proyecto familiar, con la intención de mantener en pie una construcción que con el paso del tiempo ha terminado por formar parte de la identidad local y por atraer la curiosidad de quienes llegan a Cebolleros.
En la actualidad, el castillo puede visitarse. El recorrido permite ver tanto la distribución interior como los detalles de una obra difícil de encajar en una sola categoría. No es una fortaleza histórica, aunque adopta muchos de sus rasgos formales, y tampoco un edificio convencional de finales del siglo XX. Su interés reside, en buena medida, en esa mezcla entre iniciativa personal, trabajo artesanal y apariencia de castillo tradicional.
La singularidad del edificio contrasta con la antigüedad de la localidad que lo acoge. Turismo de Burgos recuerda que Cebolleros aparece citado ya en el año 1007 en documentos del monasterio de San Millán de la Cogolla. El municipio conserva el carácter rural de la zona y suma otro punto de interés patrimonial en la iglesia de San Cornelio y San Cipriano, un templo del siglo XVI que guarda un retablo mayor renacentista.
La relación entre el castillo y su entorno no es solo estética. El río Nela, que discurre cerca del pueblo, proporcionó buena parte de las piedras empleadas en la obra. Ese vínculo con el territorio ayuda a explicar el aspecto del edificio, levantado con materiales muy próximos y con una técnica basada en la colocación manual de cada pieza.
Cebolleros se encuentra en la comarca de Las Merindades, una de las áreas naturales con más afluencia de la provincia de Burgos. En este ámbito se alza la sierra de la Tesla, reconocible por sus crestas calcáreas y por varios enclaves geológicos de interés. Entre ellos figuran los Cuchillos de Panizares, el paraje de los Cárcabos, cerca de Quecedo, el desfiladero de Arroyo y la hoz con la cascada de Tartalés de los Montes.
La presencia del Castillo de las Cuevas añade un elemento poco habitual a ese paisaje del norte burgalés. Frente a las fortalezas levantadas hace siglos por razones militares o de control del territorio, el caso de Cebolleros responde a una iniciativa privada y reciente, nacida del empeño de un vecino que convirtió un proyecto personal en uno de los lugares más reconocibles del municipio.