La agricultura italiana abandona el modelo familiar en favor de una gestión profesional

Los trabajadores ajenos a la familia ya representan el 41,7% del empleo agrario

Lunes 31 de Agosto de 2026

La agricultura italiana se aleja cada vez más del modelo basado en la familia reunida en la explotación y avanza hacia una actividad más profesional, con mayor peso del trabajo asalariado, más uso de tecnología y una gestión más ligada al mercado. Esa es la evolución que recoge Istat en un análisis sobre la estructura productiva, las prácticas de gestión y la fuerza de trabajo de las explotaciones agrarias.

Los datos sitúan en 1.130.358 las explotaciones agrarias activas en 2023. La cifra apenas cambia frente a las 1.133.023 registradas en 2020, pero queda un 30,3% por debajo de 2010. Al mismo tiempo, la superficie agraria útil cayó hasta 12,3 millones de hectáreas, un 1,9% menos que en 2020 y un 4,4% menos que en 2010.

La reducción también alcanza al empleo. La fuerza de trabajo pasó de 3,87 millones de personas en 2010 a 2,49 millones en 2023, lo que supone un descenso del 35,6%. Istat vincula esa evolución a un cambio de fondo en la organización del sector, con menos mano de obra familiar y más presencia de trabajadores ajenos a la familia propietaria.

Ese giro se aprecia con claridad en la composición del empleo. Entre 2010 y 2023, los trabajadores familiares bajaron un 75,3% y su peso sobre el total pasó del 33,9% al 13,0%. En sentido contrario, los no familiares representan ya el 41,7% de la fuerza de trabajo, frente al 24,2% de 2010. También gana terreno la mano de obra extranjera, que sube del 6,2% al 14,5% del total de ocupados. En el noreste del país, esa proporción alcanza el 24,5%, cuando en 2010 era del 13,0%.

Junto a ese cambio en el empleo, también aumenta la presencia de los jefes de explotación dentro del conjunto de trabajadores. En 2023 suponen el 45,3% del total, frente al 41,9% de 2010. Para Istat, el dato encaja con una agricultura en la que las explotaciones son menos numerosas que hace una década, pero tienden a organizarse con estructuras más definidas.

El tamaño medio de las explotaciones refuerza esa lectura. La superficie agraria útil por empresa pasó de 7,9 hectáreas en 2010 a 10,9 en 2023. Las diferencias territoriales siguen siendo amplias. El noroeste presenta la media más alta, con 15,9 hectáreas por explotación, mientras que el sur se queda en 7,3. En esa zona, además, el avance desde 2010 ha sido más limitado, con solo 2,2 hectáreas más por empresa.

Otro cambio relevante afecta a la propiedad de la tierra. Las explotaciones que cultivan únicamente suelos en propiedad han pasado del 73,3% al 48,8%. Eso implica un mayor recurso al arrendamiento y a otras fórmulas de uso de la tierra, una señal de que el acceso a la base productiva depende cada vez menos de la propiedad directa y más de acuerdos de utilización.

Las decisiones productivas también se han movido en los últimos años. Los cultivos herbáceos aumentaron su peso dentro de la superficie agraria útil, del 54,7% en 2010 al 57,1% en 2023. En cambio, los prados y pastos bajaron del 26,8% al 24%. A la vez, se observa una mayor diversificación de cultivos: las explotaciones con más de tres producciones representan el 17,9% del total, frente al 16,2% de 2020.

En el plano económico, el 81,5% de las explotaciones declaró en 2023 ingresos procedentes de la actividad agraria, de actividades vinculadas o de subvenciones. En 2010 esa proporción era del 73,9%. Además, el 6% de las empresas desarrolla al menos una actividad complementaria a la producción primaria. Dentro de ese grupo, el agroturismo aparece como la opción con mayor rentabilidad para el 35,6% de las explotaciones implicadas. Le siguen los trabajos agrícolas para otras empresas con maquinaria propia, con un 11,9%, y la producción de energía solar, con un 9,0%.

La incorporación de herramientas digitales avanza, aunque con diferencias muy marcadas entre territorios. Las explotaciones informatizadas pasaron del 3,8% en 2010 al 18,5% en 2023. El noreste alcanza el 42,4% y el noroeste el 38,9%, mientras que el sur se queda en el 6,7%. Esa distancia muestra una brecha amplia en la modernización del sector según la zona del país.

Istat también recoge una mejora en la formación de quienes dirigen las explotaciones. La proporción de jefes de empresa con un título de bachillerato o universitario subió del 24% al 36,4%. En el caso de los estudios agrarios, el avance es aún más visible: pasan del 4,2% al 11,3%.

Pese a esos cambios, hay varios puntos que siguen sin mejorar. La presencia de menores de 40 años al frente de explotaciones agrarias continúa siendo baja, con un 7,9% en 2023, por debajo del 8,4% de 2010. También se reduce la parte de la superficie realmente regada sobre la que podría regarse, del 64,5% al 61,3%, al tiempo que sigue bajando la superficie agraria total.