Martes 28 de Julio de 2026
Cuando alguien piensa en vino valenciano, los nombres llegan solos: Bobal, Monastrell. Son las banderas visibles de una región con 55.131 hectáreas de viñedo —la cuarta superficie más grande de España— y una historia vitivinícola de más de dos milenios. Pero detrás de esas dos variedades estrella existe un patrimonio genético que la filoxera casi borró del mapa, que sobrevivió en bancales olvidados, jardines botánicos y bancos de germoplasma, y que hoy un puñado de viticultores de mínima intervención está devolviendo a la copa.
El dato que lo explica todo: 9 variedades cubren el 80% del viñedo de vino en toda España. Lo que quedó fuera de ese 80% es exactamente lo que este artículo trata de rescatar.
Lo que la filoxera se llevó (y lo que los viticultores naturales están devolviendo)
La filoxera llegó a la Comunitat Valenciana entre 1879 y 1890 y arrasó un viñedo que hasta entonces contenía decenas de variedades locales cultivadas durante siglos. La replantación que vino después, con patrones americanos resistentes, fue también una homogeneización: se replantaron las variedades más rentables, las más productivas, las que el mercado reconocía. El resto desapareció.
Hoy, el Catálogo Valenciano de Variedades Tradicionales de Interés Agrario —editado por la Conselleria d'Agricultura de la Generalitat Valenciana— documenta 52 variedades autóctonas o tradicionales (45 en su primera edición de 2024, con 7 nuevas incorporadas en 2025). La mayor parte de ellas siguen siendo desconocidas para el gran público.
Lo significativo es que quienes están poniendo esas variedades en una botella son, casi exclusivamente, productores de viticultura natural y mínima intervención. No porque el movimiento del vino natural tenga ningún monopolio sobre la biodiversidad, sino porque su lógica de trabajo —bajos rendimientos, terroir específico, sin correcciones de laboratorio— encaja perfectamente con lo que estas variedades exigen: suelos pobres, paciencia, y ninguna prisa por el mercado.
La Comunitat Valenciana, por cierto, ya tiene el 31,4% de su viñedo en agricultura ecológica —la proporción más alta de España—, lo que convierte a esta región en el epicentro natural de esta tendencia.
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Merseguera: la blanca que dominó el interior valenciano
Prefil·loxérica y presente en las tres provincias valencianas, la Merseguera fue la uva blanca dominante del interior antes de que los mercados globales impusieran Chardonnay y Sauvignon Blanc. De vendimia tardía, gran frescor y acidez natural elevada, tiene una peculiaridad que la hace difícil para la viticultura industrial: en suelos ricos produce demasiado y de baja calidad. Exige suelos pobres, franco-arenosos o pedregosos, con clima mediterráneo continentalizado de interior.
En manos convencionales, fue una uva de rendimiento industrial. En manos de quien respeta el suelo, da vinos minerales, de gran acidez y potencial enorme para la vinificación en naranja. El IVIA (Institut Valencià d'Investigacions Agràries) la mantiene en su banco de germoplasma y trabaja en su caracterización y conservación.
Verdil: el blanco anisado de Els Alforins
Exclusiva de las comarcas centrales valencianas y prefil·loxérica de Alicante, la Verdil es una blanca de perfil marcadamente anisado y cítrico que casi nadie fuera de su zona de origen ha tenido ocasión de probar. Ha sobrevivido durante siglos en pequeños bancales sin ningún reconocimiento comercial, y su concentración —característica de las viñas viejas en secano— la convierte en una variedad de gran personalidad cuando el viticultor se lo permite.
Tardana: la más paciente de Utiel-Requena
Conocida también como Planta Nova, la Tardana es la uva con el ciclo vegetativo más largo del catálogo valenciano. Requiere otoños estables, soleados y secos: si llueve en el momento equivocado, sus grandes racimos —herencia de su uso histórico como uva de mesa— se pudren antes de llegar a bodega. Prospera en los suelos argilocalcarios profundos de Utiel-Requena, donde unas pocas bodegas de mínima intervención están aprendiendo a domesticar su carácter impredecible.
Planta Fina: cuatrocientos años de historia en dos accesiones
Documentada en el País Valenciano desde 1609 y conocida localmente como Faraná o Farrana, la Planta Fina lleva cuatro siglos en estos suelos. Hoy solo existen dos accesiones registradas por la Conselleria d'Agricultura. Es uno de los ejemplos más extremos de lo que la estandarización varietal del siglo XX estuvo a punto de borrar definitivamente.
Valencí Negre: patrimonio genético en recuperación
Prefil·loxérica del interior de la provincia de Valencia, el Valencí Negre es una variedad tinta que el banco de germoplasma de la Conselleria mantiene activa pero cuya presencia en el viñedo comercial sigue siendo marginal. Su pariente blanca, el Valencí Blanc, cuenta con 14 accesiones registradas y una primera cita documental del año 1417 —más de seis siglos de historia en el territorio valenciano.
Morenillo del Alt Palàncies: regreso desde la extinción
Esta es la historia más dramática del catálogo valenciano. El Morenillo del Alt Palàncies —variedad tinta del norte de la provincia de Castellón, distinta del Morenillo castellanomanchego— desapareció completamente de los viñedos comerciales en 1915, el mismo año en que la filoxera terminó de arrasar los últimos viñedos de la zona. Durante décadas, solo existió como registro histórico.
Su recuperación fue posible gracias al Jardí Botànic de València y al grupo COMAV de la Universitat Politècnica de València, que localizaron material vegetal, lo multiplicaron y lo devolvieron al territorio. El proceso ha requerido años de trabajo científico antes de que cualquier viticultor pudiera plantearse vinificarlo.
El primer vino elaborado con Morenillo del Alt Palàncies en más de un siglo lleva el nombre de Ochenta y Siete Cubos —en homenaje a los 87 lagares de piedra del siglo XVI que existían en Viver— y lo produce la Cooperativa de Viver tras cinco años de trabajo de recuperación. Es todavía una edición experimental y limitada. Junto al Morenillo, el proyecto también ha recuperado el Pampolat y el Mondragón, otras dos variedades prefil·loxéricas del Alt Palàncies que habían desaparecido del mapa.
Su potencial enológico, como reconocen los propios investigadores, sigue siendo una incógnita por explorar. Lo cual, paradójicamente, es exactamente lo que lo hace interesante.
La documentación sistemática de estas variedades ha sido, durante años, trabajo de instituciones académicas y de la Conselleria. Pero llevarla al consumidor es otro desafío.
Terroir Radical (terroirradical.es) es una de las pocas plataformas que mantiene un corpus ampelogràfic propio con fichas detalladas de más de 36 variedades autóctonas y tradicionales del Mediterráneo —incluyendo todas las mencionadas en este artículo— y selecciona vinos elaborados con ellas de productores que trabajan con mínima intervención. Es uno de los pocos lugares donde encontrar botellas de Merseguera, Verdil o Tardana en clave natural, con la ficha de la variedad y del productor en el mismo espacio: ver catálogo de vinos naturales con variedades autóctonas valencianas (terroirradical.es/cataleg.html).
¿Cuántas variedades autóctonas de uva tiene la Comunitat Valenciana?
El Catálogo Valenciano de Variedades Tradicionales de Interés Agrario documenta 52 variedades en su edición de 2025 (Conselleria d'Agricultura, Generalitat Valenciana). Muchas de ellas solo existen en bancos de germoplasma o en contadísimas cepas supervivientes.
¿Qué hizo la filoxera con las variedades autóctonas valencianas?
La plaga llegó a la Comunitat Valenciana entre 1879 y 1890. La replantación posterior priorizó variedades comercialmente reconocibles, eliminando de los viñedos productivos decenas de variedades locales. Algunas desaparecieron por completo; otras sobrevivieron en bancales marginales o en jardines botánicos.
¿Qué diferencia hay entre una variedad autóctona y una foránea?
Una variedad autóctona lleva siglos —en muchos casos milenios— adaptada a un territorio específico. Esa adaptación se traduce en resistencia natural a plagas locales, aprovechamiento eficiente del agua disponible y una expresión de terroir que las variedades internacionales, por definición, no pueden replicar.
¿Por qué son los productores de vino natural quienes recuperan estas variedades?
La viticultura convencional optimiza para el rendimiento y el reconocimiento de mercado. Una variedad desconocida, con rendimientos inciertos y sin precio de referencia, no encaja en esa lógica. Los productores de mínima intervención, en cambio, buscan exactamente lo que estas variedades ofrecen: identidad de lugar, baja producción y diferenciación radical.
¿Dónde comprar vino natural elaborado con variedades autóctonas valencianas?
La selección de Terroir Radical incluye vinos de productores que trabajan con Merseguera, Verdil, Tardana y otras variedades recuperadas del Mediterráneo, con fichas de variedad y productor integradas: terroirradical.es/cataleg.html
Fuentes: Catálogo Valenciano de Variedades Tradicionales (Conselleria d'Agricultura, GVA, 2025); Portal Agrari de la Generalitat Valenciana; IVIA; UPV-COMAV; Cooperativa de Viver; corpus ampelogràfic de Terroir Radical.