Martes 05 de Mayo de 2026
La guerra en Oriente Medio está frenando pedidos de vino italiano en una veintena de mercados y afecta a destinos que suman unos 80 millones de euros al año en exportaciones. Así lo advirtió Lamberto Frescobaldi, presidente de Unione Italiana Vini (UIV), durante el consejo nacional de la organización, celebrado en la bodega Girlan, en Cornaiano, en la provincia de Bolzano.
Según explicó Frescobaldi, la situación no solo está pesando sobre el mercado en general, sino que también está bloqueando el acceso a países del Golfo y a otros vecinos de la zona. La organización ve además otros factores que complican la actividad del sector, como el encarecimiento de las materias secas, el transporte y la caída del turismo y del enoturismo.
El aviso llega después de un inicio de 2026 muy débil para las exportaciones italianas de vino. En enero, las ventas al exterior bajaron un 18% respecto al mismo mes de 2025, según datos de Istat analizados por WineNews. Para UIV, esa caída se suma a una demanda ya más limitada y a una presión mayor sobre los márgenes de las bodegas.
La patronal calcula que solo el aumento del precio de insumos como vidrio, papel, cartón, cápsulas y alambres puede elevar entre un 10% y un 20% el precio final de una botella que sale al mercado a 4 euros. Las empresas, añade la organización, no tendrían margen para absorber ese sobrecoste.
A ello se añaden los efectos de los aranceles de Estados Unidos. UIV señala que las bodegas italianas ya se han visto obligadas a rebajar sus tarifas de exportación hacia ese país una media del 11% en 2025 y del 13% en el primer trimestre de 2026.
También preocupa el transporte. La organización habla de subidas ya visibles en Italia y prevé incrementos del 20% al 50% en los contenedores internacionales. Frescobaldi pidió por ello respuestas urgentes al Gobierno italiano y a la Unión Europea para limitar el impacto de estas tensiones sobre el sector.
UIV advierte además de que la combinación de guerra, inflación, posible recesión y menor actividad turística hace difícil medir con precisión el riesgo real para toda la cadena del vino.