La bodega extremeña que fusiona siglos de historia con la vanguardia del sector vinícola

Viñas de Alange produce 400.000 botellas anuales bajo una filosofía que prioriza el carácter de la tierra y la innovación técnica

Miércoles 29 de Abril de 2026

Una finca con siglos de historias da nombre a un vino extremeño cuya calidad ha traspasado fronteras: Palacio Quemado. Esa denominación identifica a Viñas de Alange, una empresa nacida en el año 2000 por el empeño de dos familias, los Losada y los Alvear, para honrar la tradición y apostar por la innovación en la elaboración de vinos tintos de calidad que reflejen el trabajo de generaciones en este rincón del sureste de la provincia de Badajoz.

Palacio Quemado no es solo una finca, un viñedo, un vino o una ubicación en el mapa. Es el resultado de la experiencia, de la sabiduría y del vínculo con una tierra de suelos arcillosos y calcáreos que aportan el rasgo diferencial de las 400.000 botellas anuales que elabora esta bodega extremeña, integrada en la Ruta del Vino y Cava Ribera del Guadiana.

Si se denomina terroir a la combinación del suelo, el clima, la variedad de la uva y el trabajo humano, en Viñas de Alange esos cuatro elementos marcan el carácter de los tintos crianza que elaboran sus trabajadores. “Todo lo que hacemos pasa por madera”, explica el enólogo de Viñas de Alange, David Rodríguez, que señala que la filosofía de la bodega se basa en la apuesta por variedades tintas en las más de noventa hectáreas de la finca, viñedos propios de los que salen todos los vinos.

A la entrada de la bodega hay un pequeño jardín con distintas variedades. Aunque casi todos los viñedos son de tempranillo, también trabajan con sirac, cabernet, garnacha tintorera y común, además de variedades portuguesas ya implantadas como la trincadeira y la touriga nacional. Ese conjunto permite elaborar vinos con Denominación de Origen Ribera del Guadiana como Palacio Quemado, pero también Zarcita o Raya, un vino que une la tradición vinícola alentejana y la de Tierra de Barros y que fermenta en depósitos de hormigón antes de su crianza en fudres de roble francés.

Cada detalle se cuida al máximo y la investigación y la innovación presiden, junto al respeto a la tierra, la elaboración de los vinos. Rodríguez indica que pasan años desde que se planta una variedad nueva hasta que se decide si es idónea. “No sabemos cómo se puede adaptar. Tenemos que entender la variedad y ver a nivel técnico y de campo cómo evoluciona para sacarle el mayor partido”, comenta. Ese trabajo se desarrolla ahora en dos pequeñas parcelas sembradas de alfrocheiro y touriga franca.

Nada se deja al azar en un terreno arcilloso y calcáreo que define los vinos de Viñas de Alange. Ni la vendimiadora con mesa de selección que permite que la uva llegue entera a la tolva, ni el inicio de la vendimia el tres de agosto, cuando lo habitual en la zona es que comience el quince del mismo mes, ni la recogida nocturna para evitar la fermentación en los remolques. Todo el proceso se cuida: la fermentación alcohólica, la maloláctica para quitar la acidez agresiva y el trabajo posterior en bodega.

La acidez también viene marcada por el terreno calcáreo, que hace que la uva tenga una acidez y un pH bajo y permite que no se tengan que hacer adiciones de ácidos en bodega. “Cada vino lo hacemos por separado, no mezclamos parcelas”, apunta el enólogo de Viñas de Alange, que subraya que esa misma lógica se mantiene en las barricas de roble americano y francés con las que cuenta la bodega, unas 1000.

Para Rodríguez, el vino “es un ser vivo”, por lo que la cata por parte del equipo técnico para determinar su calidad y su destino final, si es reserva, crianza o roble, resulta esencial. En esa decisión cuentan también con la experiencia del enólogo portugués Luis Lopes, un referente del sector.

La bodega trabaja con tres tipos de barricas, de distinta capacidad para contener distintos vinos. Las más grandes se reservan para variedades aromáticas, para que al tener menos contacto con la madera respeten más la identidad de la uva. Las más pequeñas se usan para domar el vino más fuerte. “El trabajo más importante lo tenemos en la uva, intentamos respetarla al máximo”, afirma Rodríguez.

El mantenimiento de esos recipientes donde reposa el vino es muy cuidadoso, igual que el de las máquinas embotelladoras con cartuchos de microfiltración para evitar la contaminación de los vinos. Ese control de todo el proceso permite al equipo ofrecer tintos de alta calidad que también hacen su crianza en botella respetando sus tiempos.

Viñas de Alange forma parte de la Ruta del Vino y Cava Ribera del Guadiana, itinerario enoturístico enmarcado en la DO Ribera del Guadiana. Desde el respeto por la historia, la experiencia, el conocimiento del suelo, el entendimiento de la uva y el mimo de quien elabora los vinos, la bodega compone un terruño propio que da lugar a vinos singulares, con carácter propio y orgullo de Extremadura.