Martes 26 de Agosto de 2025
Arqueólogos en Galilea están sacando a la luz pruebas sobre el lugar donde, según el Evangelio de Juan, Jesús convirtió el agua en vino. Este relato sigue atrayendo tanto a peregrinos como a aficionados al vino. El episodio, que narra la transformación del agua en vino durante una boda en una aldea galilea llamada Caná, ha sido motivo de debate porque no existe consenso sobre la ubicación exacta de esa aldea.
La Autoridad de Antigüedades de Israel ha publicado recientemente un extenso estudio firmado por la arqueóloga Yardenna Alexandre. Tras años de excavaciones en el yacimiento conocido como Karm er-Ras, en las afueras de la actual Kafr Kanna, Alexandre sostiene que este lugar corresponde a la Caná mencionada en los textos bíblicos. Su argumento se basa en la acumulación de hallazgos: viviendas del periodo romano temprano, un baño ritual o mikve, fragmentos de recipientes de piedra y restos de una industria alfarera que producía las típicas vasijas utilizadas en asentamientos judíos humildes de la época. En 2019, una excavación localizó incluso residuos de producción cerámica y parte de un horno, lo que sugiere que Karm er-Ras pudo haber abastecido de vajilla a toda la zona.
Sin embargo, no todos los expertos aceptan la identificación de Kafr Kanna con la Caná bíblica. Desde hace décadas, arqueólogos estadounidenses excavan en Khirbet Qana, una ruina situada al noroeste de Nazaret. Allí han encontrado un poblado judío del periodo adecuado, con baños rituales, monedas y una sala similar a una sinagoga. Uno de los hallazgos más llamativos es un conjunto de cuevas que los cristianos transformaron posteriormente en un santuario. En su interior se halló un banco-altar hecho con la tapa de un sarcófago, cruces talladas y grafitis con inscripciones como “Señor Jesús” en griego. También hay una repisa construida para sostener seis grandes tinajas de piedra.
El responsable de estas excavaciones, C. Thomas McCollough, sostiene que los peregrinos bizantinos identificaron este lugar como Caná y acudían allí para venerar el sitio donde supuestamente ocurrió el milagro. Para quienes se interesan por el vino, esas tinajas son relevantes: estaban hechas de piedra caliza y no de barro porque la ley judía asociaba la piedra con la pureza ritual. Cada una podía contener entre 80 y 120 litros, lo que encaja con el tipo de recipientes mencionados en el Evangelio cuando relata que había seis tinajas listas durante el banquete nupcial.
Las investigaciones han demostrado que estas tinajas no se fabricaban en Caná. Excavaciones recientes en ‘Einot Amitai, una cantera cerca de Nof HaGalil, han identificado el taller donde se producían estos objetos. Los arqueólogos Yitzhak Adler y Danny Mizzi han documentado cómo los trabajadores extraían bloques de caliza para convertirlos en jarras, cuencos y grandes tinajas para agua. El taller estuvo activo en el siglo I, coincidiendo con la época del relato evangélico. Este dato explica por qué aparecen fragmentos similares tanto en Kafr Kanna como en Khirbet Qana: formaban parte del menaje habitual judío y eran símbolo tanto de pureza como de utilidad doméstica.
En cuanto a cuál es la verdadera Caná, Alexandre defiende Karm er-Ras apoyándose en los estratos arqueológicos y la tradición moderna: desde hace siglos existe allí una iglesia dedicada a las bodas. Por su parte, McCollough y su equipo siguen apostando por Khirbet Qana debido a su ocupación romana temprana y a la continuidad del recuerdo cristiano reflejado en el santuario subterráneo.
El relato bíblico describe cómo durante una boda se agotó el vino, lo que suponía un problema serio en una cultura donde la hospitalidad era fundamental. Según el texto, Jesús pidió llenar seis tinajas con agua y esta se transformó en vino. Más allá del milagro religioso, los hallazgos arqueológicos permiten conocer mejor cómo era la vida cotidiana en Galilea: aldeas donde se tallaban recipientes para rituales de pureza, donde se cocían vasijas para almacenar alimentos y donde las celebraciones reunían a toda la comunidad.
Aunque nunca se pueda demostrar si ocurrió o no aquel episodio concreto, los objetos recuperados muestran que el vino tenía un papel central tanto en las fiestas como en los símbolos sociales y religiosos del momento. Dos mil años después, sigue habiendo debate sobre Jesús y el vino; mientras tanto, los suelos galileos continúan ofreciendo pruebas materiales sobre las costumbres y creencias de sus antiguos habitantes.