La vendimia de Chipre se hunde por cuarto año consecutivo
Las bodegas reciben menos uva de la necesaria por la sequía, el calor extremo y el mildiu
lunes 21 de septiembre de 2026

La viticultura de Chipre atraviesa una de sus etapas más delicadas por la combinación de sequía prolongada, olas de calor y un brote extendido de mildiu, que ha reducido con fuerza la cosecha de uva y ha abierto un problema de suministro para las bodegas. Datos del Departamento de Agricultura difundidos este domingo, 20 de septiembre, sitúan la vendimia de 2026 en niveles muy bajos, similares a los de 2023 y 2024, tras cuatro campañas en las que la entrada de uva ha quedado por debajo de lo que el mercado necesita para operar con normalidad y mantener existencias.
Giorgos Neophytou, responsable de la rama de Viticultura y Enología del Departamento de Agricultura, cifra en 14,5 millones de kilos la media de uva recibida por las bodegas en el periodo 2016-2025. El propio departamento calcula que una cantidad anual suficiente para cubrir la demanda y gestionar inventarios se mueve entre 13 y 16 millones de kilos. Esa referencia permite medir el deterioro de las últimas campañas.
La serie reciente muestra una oscilación fuerte. En 2022, la producción llegó a 22 millones de kilos, un volumen que obligó al Estado a activar ayudas de urgencia para absorber excedentes. Después llegaron tres años por debajo de la media: 10,2 millones de kilos en 2023, 11,1 millones en 2024 y 12,3 millones en 2025. Para la cosecha actual, las estimaciones apuntan de nuevo a un nivel muy reducido.
Neophytou subraya que el viñedo chipriota ha recibido inversiones de peso en las últimas décadas y que el país ha pasado de cuatro grandes bodegas en los años ochenta a 70 en la actualidad. También sostiene que la calidad del vino producido en la isla ya no está en duda. Ese avance empresarial convive, sin embargo, con una base agraria más frágil. La superficie vitícola registrada se sitúa en 65.000 stremmas, una unidad de uso agrario en Chipre, y el responsable público admite una bajada gradual desde la entrada del país en la Unión Europea.
El vino local conserva una posición amplia en el mercado interior. Neophytou señala que el 60% del vino vendido en Chipre procede de producción nacional, impulsado por consumidores que priorizan la calidad y las variedades autóctonas. Aun así, el sector soporta otros problemas que van más allá de la cosecha de este año: el envejecimiento de la población rural, la salida de jóvenes hacia otras profesiones, la dureza del trabajo en el campo y unos ingresos que las empresas y la administración describen como bajos e inciertos.
Las grandes bodegas LOEL y KEO describen la situación con especial preocupación. Sus directivos afirman que el mildiu en viñedos de Pafos y Limassol ha sido el golpe final después de la sequía y el calor, hasta el punto de borrar por completo la producción en algunas zonas. Como consecuencia, añaden, las bodegas afrontan por cuarto año seguido una recepción de uva que no supera el 50% de sus necesidades reales. Las dos compañías avisan además de una fuerte subida de los costes de producción y de posibles recortes de empleo si no llegan medidas de apoyo que permitan sostener la actividad.
Para el sector de bebidas, un episodio de este tipo puede ir más allá del mercado local. Una menor disponibilidad de uva complica la planificación de las bodegas, la gestión de existencias y las compras de materia prima, y sirve como referencia para otros viñedos mediterráneos expuestos a episodios de calor extremo y enfermedades fúngicas. En un negocio donde la vendimia marca el ritmo de elaboración y ventas, varios años seguidos con entradas tan bajas pueden alterar la oferta de vino y la estructura de costes de las empresas.
El ministro de Agricultura, Desarrollo Rural y Medio Ambiente, Costas Kadis, mantiene que el apoyo al sector del vino sigue siendo una prioridad del Gobierno. El Ejecutivo ha reservado alrededor de 22 millones de euros a través de las intervenciones de la Política Agraria Común 2023-2027, con ejecución prevista hasta 2027. La respuesta oficial combina ese marco con ayudas estatales para paliar daños por mildiu y por fenómenos meteorológicos extremos.
El esquema nacional cubre cultivos con pérdidas de producción superiores al 50%. A esa vía se suma un régimen complementario de minimis para pérdidas superiores al 30% en variedades adicionales. El Departamento de Agricultura ha incluido dentro del marco nacional 61 comunidades de Pafos para las variedades Mavro, Xynisteri, Maratheftiko y Vasilissa, además de seis comunidades de Larnaca. El programa de minimis añade cinco variedades más en Pafos y una zona compacta de 2.500 stremmas en Omodos y en el área semimontañosa de Limassol.
El plazo para presentar declaraciones de daños termina este lunes, 21 de septiembre. La previsión del Gobierno es completar antes de que termine 2026 el pago de las ayudas a los viticultores afectados. La rapidez en esa tramitación será una de las claves para un sector que llega a esta vendimia con menos uva, menos margen de maniobra y una dependencia mayor del apoyo público para mantener el cultivo y la actividad de las bodegas.