La bodega Pizzorno refuerza su apuesta por la calidad y el enoturismo para crecer en Uruguay y el exterior

La empresa familiar uruguaya exporta más de la mitad de su producción y busca consolidar su marca sin perder su esencia

lunes 9 de junio de 2025

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La bodega Pizzorno refuerza su apuesta por la calidad y el enoturismo para crecer en Uruguay y el exterior

La bodega Pizzorno, ubicada en Las Piedras, Uruguay, lleva más de un siglo dedicada a la producción de vinos. La empresa nació en 1910, cuando Próspero José Pizzorno plantó los primeros viñedos en la zona. Desde entonces, la familia ha mantenido el control y la gestión del negocio, pasando de generación en generación. Actualmente, Francisco Pizzorno, junto a su padre Carlos y su hermana María Clara, dirige la bodega con el objetivo de situarla entre las diez principales del país en los próximos diez años.

Francisco Pizzorno se incorporó formalmente a la empresa en 2010 tras finalizar sus estudios universitarios y una experiencia en Nueva Zelanda. Aunque siempre mostró interés por el trabajo en los viñedos, hoy lidera el área comercial. Su hermana María Clara, contadora de profesión, se sumó hace siete años para reforzar la gestión interna y acompañar el crecimiento de la empresa. El equipo actual está formado por unas 60 personas.

La historia reciente de Pizzorno muestra una evolución marcada por la apuesta por los vinos finos. En 1988, Carlos Pizzorno, tras formarse como enólogo y viajar por Europa, decidió transformar la producción familiar de vino de mesa a vino premium. Este proceso llevó cerca de una década y culminó en el año 2000 con una bodega dedicada exclusivamente a vinos finos. Ese mismo año, Ana Laura Rodríguez, madre de Francisco y gastroenteróloga de profesión, impulsó el comercio exterior y diseñó la primera etiqueta para exportación. La primera venta internacional se realizó a un supermercado británico tras participar en una feria en Londres.

Actualmente, Pizzorno produce unas 250.000 botellas anuales y exporta el 55% de su producción a doce países. Brasil es el principal destino internacional y representa la mitad de las ventas al exterior. Otros mercados incluyen Paraguay, México, Estados Unidos, Alemania, España, Rumanía, Inglaterra, Polonia, Japón, Singapur y Panamá. El resto de las ventas se realiza en Uruguay.

El mercado local ha cobrado mayor importancia desde que María Clara se incorporó al proyecto. La familia entendió que para construir una marca sólida era necesario ganar credibilidad dentro del país. Así comenzaron a ampliar su presencia en restaurantes y hoteles de Montevideo y otras ciudades.

El turismo del vino se ha convertido en otra línea fundamental para la empresa. El primer impulso llegó cuando turistas brasileños empezaron a visitar la bodega buscando los vinos que ya conocían en su país. En 2017 abrieron una tienda propia para atender esta demanda directa. Ese año recibieron unos 1.100 visitantes; hoy superan los 12.500 anuales. El público brasileño representa el 70% de quienes participan en las actividades turísticas y gastronómicas que ofrece Pizzorno.

La oferta turística incluye visitas guiadas por los viñedos y bodegas, degustaciones y un restaurante que funciona desde hace cinco años. Además cuentan con una posada construida en la antigua casa familiar y espacios para eventos y bodas. En Montevideo han abierto City Winery, un restaurante con tienda de vinos y bar panorámico donde también se proyecta contenido audiovisual sobre la vitivinicultura uruguaya.

La estrategia internacional de Pizzorno se basa en posicionarse como bodega de calidad antes que buscar grandes volúmenes de venta. Participan regularmente en ferias internacionales como ProWein o Win Expo para dar a conocer sus productos y buscan diferenciarse mediante la personalización del servicio.

En cuanto al futuro inmediato, Francisco Pizzorno señala que el principal problema es mantener el crecimiento sin perder la esencia familiar del proyecto. La empresa ha decidido dejar de invertir en infraestructuras físicas para centrarse en fortalecer la marca tanto dentro como fuera del país.

El sector vitivinícola uruguayo sufre varios obstáculos relacionados con los costes de producción: muchos insumos como botellas o corchos son importados y el clima limita el rendimiento por hectárea respecto a otros países productores como Argentina o Chile. Por este motivo, Pizzorno compite principalmente por calidad y no por precio en los segmentos más económicos del mercado internacional.

Francisco considera que Uruguay necesita mejorar su capacidad comercial para vender sus vinos fuera del país. Aunque existen productores con conocimientos técnicos avanzados y productos reconocidos por su calidad y sostenibilidad, faltan profesionales dedicados a la venta internacional.

Pizzorno prevé seguir invirtiendo en profesionalización e innovación sin perder su carácter familiar ni su apuesta por la calidad como principal valor diferencial frente a otros productores nacionales e internacionales.

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