Neuquén, una región vitivinícola de la Patagonia que merece atención

Neuquén explora nuevas oportunidades para su vitivinicultura, impulsadas por inversiones en energía, infraestructura y proyectos de riego

viernes 6 de noviembre de 2026

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Trabajos de poda en los viñedos de Bodega del Fin del Mundo, uno de los emprendimientos pioneros de la vitivinicultura moderna de Neuquén.
Trabajos de poda en los viñedos de Bodega del Fin del Mundo, uno de los emprendimientos pioneros de la vitivinicultura moderna de Neuquén.

Neuquén se encuentra a unos 1.150 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires. La provincia ocupa casi 95.000 kilómetros cuadrados, una superficie mayor que la de Austria, y presenta paisajes muy diferentes entre el oeste y el este. Sobre la frontera con Chile se extienden los Andes, los lagos y los bosques. Hacia el este aparecen los valles, las mesetas áridas y la estepa patagónica.

La vitivinicultura ocupa una parte muy pequeña de ese territorio. A unos 50 kilómetros al norte de la ciudad de Neuquén, siguiendo el curso del río del mismo nombre, se encuentra San Patricio del Chañar, donde comenzó a desarrollarse la vitivinicultura moderna de la provincia a fines del siglo pasado.

Los viñedos no llegaron a un territorio sin antecedentes agrícolas. El riego ya había permitido desarrollar la fruticultura en algunas áreas. Entre fines de los años noventa y comienzos de los 2000, una nueva etapa incorporó parcelas agrícolas de mayor superficie, sistemas de riego presurizado y la infraestructura necesaria para extender los cultivos sobre la meseta árida. A ese proceso se sumaron el financiamiento provincial y las inversiones privadas.

El agua explica buena parte de esta geografía. Los ríos Limay y Neuquén transportan agua de origen andino a través de un territorio predominantemente seco hasta encontrarse en las proximidades de la capital provincial.

Bodega del Fin del Mundo fue uno de los primeros proyectos vitivinícolas de esta etapa. Luego llegaron Familia Schroeder, Bodega NQN, actualmente Malma, Bodega Patritti y otros emprendimientos. Se plantaron viñedos, se construyeron bodegas y, en un período relativamente breve, San Patricio del Chañar se convirtió en la región vitivinícola significativa más joven de Argentina.

Actualmente, Neuquén cuenta con unas 1.500 hectáreas de vid. Frente a Mendoza, que supera ampliamente las 140.000 hectáreas, su escala es muy pequeña. Sin embargo, más de veinte vendimias permitieron responder muchas de las preguntas que enfrentaron aquellos primeros inversores.

El Malbec demostró su adaptación al territorio. El Chardonnay encontró diferentes expresiones, incluida la elaboración de espumosos. El Pinot Noir adquirió una importancia particular en la construcción de una identidad reconocible para los vinos de esta parte de la Patagonia.

También existen indicadores comerciales. En 2023, Neuquén exportó 10.770 hectolitros de vino por un valor de 4,96 millones de dólares. Para una región de estas dimensiones, esas cifras aportan otra perspectiva sobre su desarrollo.

En un artículo anterior publicado en *The Buyer* analicé lo que sucede con el Pinot Noir patagónico y las razones por las que comienza a encontrar un lugar en el mercado internacional. Sin embargo, alrededor de esos mismos viñedos se está desarrollando otra historia, y buena parte de ella ocurre fuera de la industria del vino.

Una economía mucho más grande

Desde San Patricio del Chañar no hace falta recorrer grandes distancias para encontrar otra realidad neuquina. Los viñedos y las plantaciones frutales dan paso a instalaciones petroleras, gasoductos, tránsito pesado y antorchas de combustión que pueden observarse durante la noche sobre la estepa.

Es Vaca Muerta, la formación geológica de hidrocarburos no convencionales que colocó a Neuquén en el centro de la actividad energética argentina.

Su dimensión económica es incomparable con la vitivinicultura. Las inversiones vinculadas con la energía impulsan caminos, infraestructura eléctrica, sistemas de agua, comunicaciones, empresas contratistas y servicios en una escala que una actividad vitivinícola de 1.500 hectáreas difícilmente podría generar por sí sola.

Instalaciones de la industria petrolera y gasífera en Vaca Muerta, cuyo desarrollo está transformando la economía y la infraestructura de Neuquén.
Instalaciones de la industria petrolera y gasífera en Vaca Muerta, cuyo desarrollo está transformando la economía y la infraestructura de Neuquén.

La relación con el vino es indirecta, y conviene distinguirla. Una línea eléctrica construida para la industria energética no garantiza energía económica para un viñedo. Un gasoducto o un camino en Vaca Muerta puede tener escasa utilidad para un productor situado a cientos de kilómetros. Sin embargo, Neuquén atraviesa un ciclo de inversiones e infraestructura que está modificando el contexto económico en el que se desarrolla su vitivinicultura.

El gobierno provincial también busca ampliar la base productiva mediante iniciativas destinadas a la agricultura y otras actividades ajenas a los hidrocarburos, utilizando parte de los recursos generados por el desarrollo energético.

Al sur de la capital, sobre otro tramo del río Limay y a unos 130 kilómetros en línea recta de San Patricio del Chañar, se estudia uno de los proyectos más ambiciosos de esta nueva etapa.

En julio de 2026, el gobierno provincial abrió las ofertas para la elaboración de estudios y proyectos ejecutivos del Corredor del Viento del Limay, que comprende aproximadamente 54.000 hectáreas en el área de Picún Leufú y el valle medio del río Limay.

Los trabajos contemplan estudios de riego y drenaje, caminos, evaluaciones agrícolas, económicas, financieras y ambientales, además de la preparación de futuros proyectos de infraestructura.

Neuquén también incorporó un régimen de promoción de inversiones que comprende la agricultura y la agroindustria, junto con programas de crédito fiscal orientados a estimular la inversión productiva.

Nada de esto constituye un programa de expansión vitivinícola. Lo que muestra es que están cambiando algunas de las condiciones que rodean a la inversión productiva en una provincia donde el vino ya ha demostrado que puede desarrollarse.

Una realidad que también presenta dificultades

Existe una contradicción importante en este escenario. Mientras Neuquén estudia nuevas áreas para incorporar agricultura bajo riego, su superficie vitícola registrada se redujo en los últimos años.

Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, la provincia tenía aproximadamente 1.792 hectáreas de vid en 2023. En 2024, esa superficie descendió a unas 1.499 hectáreas y en 2025 se ubicó alrededor de las 1.508 hectáreas.

Una reducción cercana a las 300 hectáreas tiene importancia en una región de estas dimensiones.

Parte de esa variación responde a un proceso nacional de verificación del registro de viñedos, mediante el cual se dieron de baja establecimientos inactivos. La información periodística regional también señala que una parte considerable de la reducción neuquina estuvo concentrada en el cese de actividad de un operador.

Las estadísticas oficiales no permiten afirmar que se hayan arrancado físicamente 300 hectáreas de viñedos. Sin embargo, la disminución de la superficie registrada sigue siendo un dato relevante para comprender la situación del sector.

Neuquén ya atravesó un primer ciclo de inversiones vitivinícolas. Algunos proyectos prosperaron, otros cambiaron de propietarios y algunos no alcanzaron el desarrollo inicialmente previsto.

Bodega Malma y sus viñedos en San Patricio del Chañar, uno de los principales polos vitivinícolas de la Patagonia argentina.
Bodega Malma y sus viñedos en San Patricio del Chañar, uno de los principales polos vitivinícolas de la Patagonia argentina.

Hoy existe una experiencia acumulada de más de veinte años sobre variedades, manejo de viñedos, riego, viento, heladas y las condiciones comerciales de producir vino en el norte de la Patagonia.

Para quien analiza una inversión en Neuquén, ese conocimiento forma parte del valor del territorio, posiblemente tanto como la tierra misma.

Qué representan realmente las 54.000 hectáreas

La dimensión del Corredor del Viento resulta llamativa cuando se compara con las aproximadamente 1.500 hectáreas de viñedos que tiene Neuquén. También puede conducir a interpretaciones equivocadas.

Las 54.000 hectáreas corresponden a un área de estudio. No son tierras que ya dispongan de riego ni superficies ofrecidas para desarrollar viñedos.

La documentación provincial identifica un territorio con posibilidades de incorporar agricultura bajo riego. Los estudios hidráulicos, agrícolas, económicos y ambientales deberán determinar qué desarrollos podrían realizarse y bajo qué condiciones.

Actualmente no existen elementos que permitan afirmar que toda esa superficie, o siquiera una parte considerable, resulte adecuada para la vitivinicultura.

En esta zona de la provincia ya existe una presencia vitícola muy pequeña. El INV registra 21,5 hectáreas de vid en el departamento Picún Leufú. La información pública disponible sobre esos viñedos, sus variedades y sus resultados recientes es limitada, por lo que todavía aportan pocos elementos para evaluar el potencial de un territorio mucho más amplio.

Por ahora, lo importante es que la provincia inició los trabajos necesarios para conocer qué actividades podrían desarrollarse en esos paisajes.

El Limay es uno de los grandes ríos patagónicos. Transporta agua desde los Andes hacia el este, atravesando extensas superficies áridas. Sin embargo, ser propietario de una tierra próxima al río y disponer legal y económicamente de agua para utilizarla son situaciones muy diferentes.

El río Limay, uno de los principales cursos de agua de Neuquén, fundamental para el desarrollo agrícola de los valles patagónicos.
El río Limay, uno de los principales cursos de agua de Neuquén, fundamental para el desarrollo agrícola de los valles patagónicos.

Un viñedo necesita los derechos o autorizaciones correspondientes, infraestructura para transportar el agua y, según las características del terreno, energía para bombearla y presurizarla.

La experiencia de San Patricio del Chañar permite comprender esa diferencia. La vitivinicultura llegó cuando ya había comenzado la transformación agrícola mediante el riego y cuando fue posible reunir infraestructura, financiamiento e inversión privada.

Todavía no sabemos si esas condiciones podrán repetirse en otros lugares de Neuquén.

Cuánto cuesta desarrollar un nuevo viñedo

El precio aparentemente accesible de algunas tierras patagónicas puede resultar atractivo, pero representa solamente una parte de la inversión necesaria.

En julio de 2025, un modelo económico elaborado por INTA Alto Valle estimó una inversión de implantación de 24.920 dólares por hectárea neta durante los primeros tres años para el viñedo considerado en el estudio.

El modelo utiliza Malbec, con una densidad de 3.333 plantas por hectárea, riego gravitacional y protección pasiva contra heladas.

Se trata de una referencia para los valles irrigados del norte de la Patagonia, no de un presupuesto aplicable a cualquier terreno de Neuquén.

La estimación tampoco incluye la compra de la tierra ni la construcción de una bodega.

Si utilizamos esa cifra únicamente para comprender el orden de magnitud, implantar 50 hectáreas representaría una inversión aproximada de 1,25 millones de dólares antes de adquirir el terreno o construir las instalaciones para elaborar el vino.

Los costos pueden variar considerablemente según la ubicación, la variedad, el diseño del viñedo, las necesidades de riego y los sistemas de protección que requiera cada lugar.

La Patagonia presenta dificultades propias. El viento forma parte de la actividad agrícola cotidiana. Las heladas pueden determinar la viabilidad de un emplazamiento. Las distancias son considerables y un viñedo necesita varios años para alcanzar una producción significativa.

Argentina agrega otra variable. Las políticas cambiarias, los impuestos y las regulaciones se modificaron repetidamente durante la vida de los viñedos que hoy producen en Neuquén.

Quien invierte en vitivinicultura toma decisiones para varias décadas dentro de una economía cuyas reglas han cambiado con mucha mayor frecuencia.

Represa Pichi Picún Leufú sobre el río Limay. El agua y la infraestructura constituyen elementos centrales para el desarrollo productivo de Neuquén.
Represa Pichi Picún Leufú sobre el río Limay. El agua y la infraestructura constituyen elementos centrales para el desarrollo productivo de Neuquén.

Los nuevos incentivos provinciales pueden reducir determinados costos y mejorar las condiciones para los proyectos que cumplan los requisitos establecidos. No modifican, sin embargo, la aptitud de un terreno, no proporcionan agua donde no está disponible ni eliminan los riesgos económicos de invertir en Argentina.

Qué tipo de inversión podría tener sentido

Neuquén tiene pocos motivos para intentar competir con Mendoza en volumen.

Mendoza cuenta con más de un siglo de infraestructura vitivinícola acumulada, una enorme superficie de viñedos, bodegas, proveedores, trabajadores especializados y redes comerciales consolidadas.

Neuquén ofrece otra escala.

Aquí, un proyecto de 20, 50 o 100 hectáreas puede adquirir una importancia considerable. Es posible desarrollar un viñedo alrededor de las características de un lugar determinado y orientar la producción hacia vinos de alta gama, incorporando una bodega, gastronomía, alojamiento o venta directa cuando las condiciones de ubicación lo permitan.

En este punto, la Patagonia adquiere importancia más allá de las cuestiones técnicas del cultivo.

El territorio es mucho más conocido internacionalmente que sus vinos. Patagonia ya tiene un significado para personas que posiblemente nunca probaron una botella de Neuquén.

Las montañas, las grandes distancias y los paisajes abiertos construyeron una imagen que la industria vitivinícola no necesitó crear. Los vinos recién comienzan a encontrar su lugar dentro de ella.

Para un productor o una familia que considera desarrollar un proyecto a largo plazo, existe además un elemento difícil de incorporar a un modelo económico.

Los propietarios pasan tiempo en los lugares donde invierten. Reciben clientes, amigos y familiares. Las bodegas se convierten en espacios que trascienden su función productiva y, en algunos casos, una nueva generación termina involucrándose en el emprendimiento.

La ubicación de esa inversión adquiere entonces importancia por razones que van más allá del precio de la tierra y del costo de producir una tonelada de uva.

La Patagonia ya cuenta con un atractivo considerable en ese sentido.

¿Una segunda etapa para el vino neuquino?

Sería tentador observar el proyecto del Corredor del Viento e imaginar otro San Patricio del Chañar esperando su oportunidad sobre las tierras del Limay.

Todavía no sabemos si eso será posible.

Los estudios podrían identificar lugares con condiciones agrícolas interesantes. También podrían determinar que los suelos, las heladas, la disponibilidad de agua, la infraestructura o los costos económicos dificultan el desarrollo de viñedos en buena parte del área.

Neuquén es una provincia geográficamente diversa, pero esa diversidad no significa que todos sus paisajes tengan aptitud vitivinícola.

Lo que cambió es el punto de partida.

Los primeros inversores de San Patricio del Chañar llegaron a un territorio con escasos antecedentes de vitivinicultura moderna y debieron descubrir por sí mismos buena parte de sus posibilidades.

Hoy Neuquén cuenta con productores, bodegas, profesionales formados, vinos reconocidos, mercados de exportación y más de veinte años de experiencia acumulada.

Alrededor de esa pequeña actividad vitivinícola, la provincia atraviesa un ciclo mucho mayor de inversiones en energía, infraestructura y desarrollo productivo.

Neuquén no necesita incorporar decenas de miles de hectáreas de viñedos para que esta evolución tenga importancia en el mundo del vino.

Unos pocos lugares nuevos, si demuestran reunir las condiciones adecuadas, podrían aportar información muy valiosa sobre las posibilidades vitivinícolas del norte de la Patagonia.

Veinticinco años después del comienzo del desarrollo vitivinícola moderno en San Patricio del Chañar, la pregunta es si están comenzando a reunirse las condiciones para una segunda etapa de inversiones en el vino neuquino.

Esta vez conocemos mucho más sobre el territorio que estamos observando.

Sergio Landoni, Sommelier de Territorio y Embajador del Vino Neuquino, especializado en la comunicación de los vinos de la Patagonia argentina.
Sergio Landoni, Sommelier de Territorio y Embajador del Vino Neuquino, especializado en la comunicación de los vinos de la Patagonia argentina.

Sergio Landoni

Sommelier de Territorio y Embajador del Vino Neuquino

San Martín de los Andes, Patagonia argentina
https://sergiolandoni.com.ar/

*Versión en español del artículo «Why Patagonia’s Neuquén is a wine region worth watching», publicado originalmente en The Buyer el 6 de noviembre de 2026.* https://www.the-buyer.net/insight/why-patagonia-s-neuquen-is-a-wine-region-worth-watching

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