La Cultura del Vino desbanca conceptos caducos
En la República de Sudáfrica conviven descendientes de esclavos y bodegueros produciendo vinos
lunes 26 de octubre de 2026

Escultura tallada en piedra en el Parque de Félix Rodríguez de la Fuente, Haro. Foto de Alfredo Selas
Términos como resiliencia, valentía, conocimiento y trabajo pueden servir para poner en valor lo que está sucediendo en la industria del vino en Sudáfrica. En ese país asolado durante mucho tiempo por un régimen brutal de segregación racial (el apartheid) en los últimos años están sucediendo cosas amables… gracias al vino. Y no precisamente por beberlo, sino por los esfuerzos de gentes cuyos antepasados, esclavizados, trabajaban en viñas y bodegas, mientras sus descendientes hoy cooperan con bodegueros que igualmente son sudafricanos.
Es reconfortante que unos cuantos productores de vino sudafricanos hayan reconocido prácticas inhumanas de esclavitud en los siglos pasados, y acepten ahora y reconozcan el trabajo de tantas personas que tuvieron que trabajar forzadas en las viñas y en las bodegas por su condición de esclavos.
Da repelús conocer que, en marzo de 1658 un barco mercante neerlandés ancló en Table Bay llevando en sus bodegas, además de otras cargas y provisiones, 174 esclavos congoleños. Pero incluso antes, en 1652, otros mercantes descargaron un grupo de esclavos en la colonia del Cabo.
Ya en el siglo XIX, dos decenas de familias elaboraban y vendían vino con más de tres mil personas esclavizadas trabajando a su servicio.
Impensable en otras latitudes vitivinícolas, en Sudáfrica hay un museo donde se trata la historia de la esclavitud y se recuperan legados históricos para no olvidar aquellos tiempos nefastos. Se pueden ver exposiciones relacionadas e incluso una proyección visual evocadora de bella factura.
La historia en la actualidad no es perfecta, no lo es en ningún sitio, y los tiempos cambian que es una barbaridad: hoy en día el reto de las bodegas allí, aquí y en todos lados, no es solo elaborar con prácticas sostenibles y demás… sino vender los vinos ante el desafío de que las nuevas generaciones que no saben disfrutar el placer de la degustación organoléptica que ofrecen ciertos vinos, ni tampoco quieren apreciar los valores históricos y culturales inherentes al vino, que por otra parte nació en los alrededores del Mar Mediterráneo.
No vamos a dar detalles ni nombrar bodegas de entonces y sus prácticas esclavistas, ni actuales que funcionan con unos u otros problemas como en cualquier otro país productor de vinos. Mejor quedémonos con la gloriosa época que estamos viviendo ahora, donde personas amantes del vino y de su cultura relacionada disfrutan vinos que son deudores de quienes los elaboran; y son conscientes de que ningún tiempo pasado fue mejor.
Y aquí en La Rioja, aparte del Museo Vivanco, ¿para cuándo un museo multidisciplinar sobre el vino que seduzca y traiga a personas de todo el mundo que para socializar solo toman cervezas o destilados de alta graduación?
La Rioja Alta o la Sonsierra riojana serían emplazamientos magníficos.