Una investigadora del INRAE plantea rediseñar los viñedos para frenar los incendios
El cuidado del terreno y el diseño de viñedos pueden frenar la propagación del fuego en zonas expuestas
miércoles 21 de octubre de 2026

Este miércoles, 21 de octubre, la investigadora Anne Ganteaume, directora de investigación del INRAE y especialista en incendios, ha defendido que la prevención debe ganar peso frente a una estrategia centrada casi solo en la extinción. A su juicio, la ordenación del territorio y el mantenimiento de montes y parcelas agrarias son ya una parte básica de la respuesta al fuego.
Ganteaume sostiene que los bomberos no pueden cubrir todos los frentes y que el debate no puede reducirse al número de medios aéreos. La investigadora plantea actuar antes, con más cuidado del terreno y con una organización del espacio que limite la propagación de las llamas.
En ese planteamiento, la agricultura tiene un papel directo. La especialista recuerda que las parcelas cultivadas funcionan como cortes de combustible porque ofrecen menos biomasa al fuego. Eso, añade, puede hacer que pierda intensidad y velocidad. Pero pone una condición: esas superficies deben estar limpias y la hierba debe quedar enterrada.
La investigadora pone el foco también en la forma de implantar las parcelas. En el caso de los viñedos y de los frutales, advierte de que las filas plantadas en la misma dirección que el viento dominante pueden facilitar el avance del fuego. Por eso propone orientar las hileras en perpendicular a ese viento, con la idea de evitar que las llamas encuentren pasillos por los que avanzar con más rapidez. Ganteaume añade que, a diferencia de lo que ocurre en un bosque, en una viña o en un huerto el viento no queda frenado por la altura del arbolado.
La gestión de la hierba y de las cubiertas vegetales es otro de los puntos que considera prioritarios en las zonas con más exposición. Ganteaume afirma que la hierba seca y otras plantas herbáceas actúan como una mecha. Además, recuerda que las pavesas empujadas por el viento pueden prender más allá del frente principal. En esas áreas, su propuesta es labrar y enterrar la hierba una vez se ha secado.
La investigadora reconoce, no obstante, que las cubiertas tienen utilidad agronómica, en especial en agricultura ecológica, donde ayudan a mantener poblaciones de auxiliares. Su planteamiento es buscar un equilibrio entre ese interés y la prevención del fuego. Entre las opciones que menciona figuran dejar la hierba cuando las parcelas estén orientadas en perpendicular al viento o regarla para que se mantenga verde.
Estas ideas afectan de forma directa a las zonas vitícolas. En comarcas expuestas a los incendios, el diseño de nuevas plantaciones y el manejo de las cubiertas pueden cambiar si estas recomendaciones se trasladan a la práctica. Eso podría implicar más labores y más costes de mantenimiento, pero también una menor probabilidad de perder cosecha o de interrumpir la actividad de bodegas y explotaciones tras un fuego.
El debate llega además en un momento de ampliación del riesgo. Julien Ruffault, investigador del INRAE, analizó en 2023 las consecuencias del cambio climático sobre los incendios en la zona mediterránea. Sus cálculos apuntan a una doble extensión: más territorio expuesto y una temporada de peligro más larga. En la situación actual, sitúa el periodo de riesgo entre finales de junio y mediados de septiembre, con el tramo más delicado entre el 16 de julio y el 24 de agosto.
Ruffault advierte de que, en el peor escenario del IPCC, con un aumento de 4°C al final de siglo, la temporada sensible podría alargarse más de un mes y medio, desde finales de mayo hasta finales de octubre. El investigador ya señaló en 2024 que ese alargamiento tiene efectos sobre la capacidad de intervención de los servicios de extinción.
Sus estimaciones apuntan también a incendios de mayor tamaño. El número de fuegos de 1 hectárea o más, cuando falla la estrategia de ataque inicial, podría aumentar un 80% en ese escenario. Los incendios de más de 100 hectáreas podrían hacerlo un 240%.
El investigador añade que los fuegos tenderán a desplazarse hacia zonas donde antes eran menos habituales, en particular hacia el oeste de la cuenca mediterránea y hacia áreas de mayor altitud. En la fachada mediterránea occidental, recuerda, la reducción de incendios en las dos últimas décadas ha sido menor que en departamentos como Bocas del Ródano o Var. Ruffault lo vincula a un menor esfuerzo inversor y, quizá, a que la presión urbanística era más baja. A su juicio, todavía hay margen para reforzar la prevención en esos territorios, también a través de la gestión del espacio agrario.