Un sistema con móvil recorta un 9,8% el fungicida aplicado en el viñedo
La medición de hojas con el teléfono se asocia a menos cobre en mosto y vino
miércoles 9 de septiembre de 2026

Un estudio publicado este miércoles, 9 de septiembre, en la revista Scientific Reports plantea una vía para ajustar mejor los tratamientos fungicidas en el viñedo con ayuda del móvil. El trabajo, firmado por investigadores de la Universidad de Milán, probó en cuatro viñedos del norte de Italia un sistema basado en el índice de área foliar, o LAI por sus siglas en inglés, y observó una bajada media del 9,8% en el volumen pulverizado y del 9,4% en la dosis de fungicida aplicada.
La investigación parte de un problema conocido en viticultura. Los autores recuerdan que las estrategias tradicionales de tratamiento, calculadas a partir de la superficie del suelo, suelen aplicar más producto del necesario, sobre todo en las primeras fases del ciclo de la vid. En esas etapas, añaden, hasta un 70% del fungicida puede dispersarse en el medio en lugar de quedar sobre la vegetación.
El método evaluado intenta corregir ese exceso con una medición más ajustada del tamaño real de la masa foliar. El índice de área foliar expresa la cantidad de hoja presente en la cubierta vegetal y sirve para adaptar el tratamiento al desarrollo de cada parcela. En este caso, la estimación del LAI se hizo con un teléfono inteligente y se utilizó para fijar tanto el volumen de caldo de pulverización como la dosis de fungicida, siempre dentro de los límites indicados en la etiqueta del producto.
La prueba se llevó a cabo durante 2024 en explotaciones comerciales del norte de Italia. Los investigadores compararon las aplicaciones guiadas por LAI con los volúmenes decididos por los propios viticultores. La reducción media obtenida fue moderada, pero constante en los dos parámetros principales del tratamiento: menos líquido aplicado y menos materia activa distribuida.
Junto a ese ajuste, los autores no observaron un empeoramiento evidente del rendimiento ni un aumento de la severidad de la enfermedad en las condiciones analizadas. El estudio menciona el mildiu entre las referencias del trabajo, una de las enfermedades que más tratamientos concentra en el viñedo europeo, y sitúa el uso más preciso del producto como una herramienta útil para mantener el control sanitario sin recurrir a sobreaplicaciones.
El análisis también midió residuos de cobre en mosto y vino. En promedio, el sistema basado en LAI redujo un 8,6% el cobre en el mosto y un 18,1% en el vino. Para la cadena del vino, estos datos tienen una lectura directa: un tratamiento más ajustado en campo puede traducirse en menos residuos en la materia prima y en el producto final, además de un uso más eficiente de los fitosanitarios.
Ese punto resulta relevante para el sector de las bebidas porque conecta la fase agraria con la elaboración. En una bodega, la presencia de cobre en mosto y vino no solo tiene interés ambiental, también afecta al manejo de la uva y a los controles sobre el producto elaborado. Una reducción de residuos, si se confirma en más campañas y zonas de producción, podría ayudar a mejorar el equilibrio entre protección del viñedo, eficiencia en el uso de insumos y calidad de la materia prima.
El trabajo aporta además un dato sobre la deriva del tratamiento, es decir, la parte del producto que acaba fuera del objetivo. En una aplicación realizada en una de las fincas, los investigadores estimaron una bajada del 37,3% en un índice de área manchada utilizado para medir esa deriva. El resultado apunta a una menor deposición fuera de la vegetación, aunque en este caso los propios datos del estudio se limitan a una sola aplicación en una sola explotación.
Los autores presentan el ensayo como una evaluación en condiciones reales de trabajo y no como una prueba de laboratorio. Esa diferencia es importante porque el sistema se puso a prueba en viñedos comerciales, con decisiones de campo y operaciones habituales. También por eso los resultados deben leerse con cautela: la base del estudio son cuatro explotaciones y una campaña concreta, de modo que hará falta comprobar si el comportamiento se repite en otras variedades, climas y marcos de plantación.
Aun así, la investigación ofrece una señal clara sobre el margen de ajuste que existe en los tratamientos del viñedo. El uso de una herramienta sencilla, apoyada en un móvil, permite vincular la dosis aplicada al volumen real de vegetación y no solo a la superficie de la parcela. Para muchas explotaciones, esa diferencia puede suponer menos producto perdido, menos residuo en mosto y vino y una gestión más afinada de los tratamientos.
El equipo añade que el sistema ya está incorporado a una aplicación móvil. Esa base digital, en opinión de los investigadores, facilita su traslado a explotaciones en funcionamiento y abre la puerta a una adopción más amplia de métodos de aplicación guiados por el índice de área foliar.