Declive en las ventas del vino argentino

Miércoles 04 de Octubre de 2023

Las bodegas argentinas buscan respuestas ante la caída en ventas

Las bodegas de Argentina están atravesando un período de dificultades. Su volumen de ventas ha experimentado un declive notable tanto en el mercado interno como en las exportaciones. Pese a la adversidad, un aumento en los precios internacionales ha conseguido atenuar parcialmente el impacto negativo en sus cuentas.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) ha publicado recientemente unos datos que ilustran la gravedad de la situación. Durante los primeros ocho meses de este año, las exportaciones de vino embotellado han sufrido una reducción del 21,7%. Concretamente, en ese periodo de 2022, las bodegas argentinas exportaron 129,8 millones de litros de vino embotellado, mientras que este año la cifra se sitúa en 101,6 millones de litros. Este descenso representa una merma de 28,2 millones de litros en ventas al exterior.

Este retroceso no solo tiene repercusiones en volumen, sino también en términos económicos. Las bodegas exportadoras dejaron de percibir 94 millones de dólares. Si se observan las cifras, las empresas locales facturaron 529,8 millones de dólares en los primeros ocho meses de 2022, y este año, en el mismo periodo, las ventas fueron de 435,8 millones de dólares, lo que se traduce en una caída del 17,7%. A pesar de este oscuro panorama, la subida de los precios internacionales ha sido un factor positivo. En promedio, de enero a agosto, el valor por litro pasó de 3,86 dólares a 4,23 dólares.

El mercado interno también se resiente

El mercado local no ha sido ajeno a esta situación. Aunque el descenso de ventas ha sido algo menos pronunciado en porcentaje (-13,1%), el impacto en volumen es considerable. Las estadísticas del INV señalan que entre enero y agosto de 2022 se vendieron 340,6 millones de litros de vino embotellado en el país, cifra que bajó a 296,1 millones en el mismo periodo de 2023, lo que representa una diferencia de 44,5 millones de litros.

Factores adversos para el sector

La viticultura argentina ha tenido que hacer frente a diversos problemas climáticos que han afectado a la producción. La falta de lluvias, olas de calor extremo, heladas y tormentas de granizo justo antes de la cosecha, han mermado la cantidad de uva disponible, lo que inevitablemente ha llevado a una disminución del vino en el mercado.

Esta escasez ha impulsado un incremento en los precios. Según el Indec, el litro de vino común ha experimentado una subida del 88% en los primeros ocho meses del año, cifra que supera la inflación promedio, situada en el 80,2%. Si se considera el acumulado de los últimos doce meses, el aumento ha sido del 139%, frente al 124,4% del IPC.

En un entorno económico donde los salarios no logran seguir el ritmo de la inflación, y apenas en julio mostraron una pequeña ventaja frente al IPC, no es sorprendente que las ventas de vino caigan. Economistas e industria coinciden en que el vino, especialmente en los segmentos medio y alto, no se considera un bien esencial, por lo que su demanda disminuye en momentos de pérdida de poder adquisitivo.