Jueves 06 de Agosto de 2026
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La vendimia española de 2026 avanza con un adelanto poco habitual y sin un aforo nacional cerrado. A este jueves, 6 de agosto, la recolección ya ha arrancado en julio en Canarias, Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Aragón; este miércoles, 5 de agosto, empezó en El Bierzo, y este jueves, 6 de agosto, lo hizo de forma oficial en Rioja. El sector trabaja con una estimación provisional de entre 34 y 36 millones de hectolitros de vino y mosto, por encima de los 33,28 millones de la campaña 2025/2026, aunque aún entre un 8% y un 13% por debajo de la media de las cinco campañas anteriores.
La mejora sobre el año pasado no permite hablar, por ahora, de una cosecha amplia en el conjunto del país. El volumen final dependerá en buena medida de Castilla-La Mancha, primera región productora, y del rendimiento real de la uva en agosto. En muchas zonas hay un número suficiente de racimos y una sanidad favorable, pero el calor y la falta de lluvias en junio y julio están reduciendo el tamaño de las bayas, con el consiguiente efecto sobre los kilos recogidos y, sobre todo, sobre los litros de mosto obtenidos.
La campaña pasada sirve de referencia para medir la evolución. España produjo 33,28 millones de hectolitros de vino y mosto, un 10% menos que en el ejercicio anterior y un 15% por debajo de la media de las cinco campañas precedentes, de acuerdo con los datos del Ministerio de Agricultura. Con ese punto de partida, el escenario que maneja el sector se mueve entre tres rangos: de 31 a 33 millones de hectolitros si persiste el calor intenso y bajan más de lo previsto los rendimientos; de 34 a 36 millones en una recuperación moderada; y de 36 a 38 millones si Castilla-La Mancha se sitúa en la parte alta de las estimaciones privadas y agosto no deja daños por tormentas o granizo.
Andalucía es una de las comunidades donde la mejora se aprecia con más claridad, aunque con diferencias por comarcas. En el Marco de Jerez, la previsión sectorial ronda los 55 millones de kilos de uva frente a los 34,5 millones de 2025. Hasta este miércoles, 5 de agosto, los lagares inscritos habían recibido 16,15 millones de kilos, con una graduación media de 11,7 grados, lo que equivale a cerca del 29% de esa previsión inicial. En Montilla-Moriles, donde la vendimia comenzó a finales de julio, las primeras cuentas apuntan a una producción entre un 35% y un 45% superior a la de 2025, que fue de unos 20 millones de kilos, con una horquilla provisional de 27 a 29 millones. En Málaga, la recolección arrancó el pasado 24 de julio en la Axarquía y pocos días después en las zonas del norte, cerca de una semana antes de lo habitual, con una previsión inicial de 2,6 millones de kilos.
En Extremadura, el adelanto ronda los diez días. Las organizaciones del sector trabajan con una producción superior a 2,6 millones de hectolitros, algo por encima del año pasado, aunque aún por debajo de la media de las cinco últimas campañas. La comunidad cuenta con unas 80.000 hectáreas de viñedo, alrededor de 15.000 viticultores y unas 150 bodegas, de modo que su resultado tendrá peso en el balance nacional.
Castilla-La Mancha sigue siendo la pieza que más puede mover la cifra final española. Cooperativas Agro-alimentarias de Castilla-La Mancha mantiene la cautela y evita ofrecer una previsión cerrada. La organización aprecia similitudes con 2025 en el inicio del ciclo y habla de una sanidad generalmente óptima, pero avisa de que el calor de agosto puede alterar el resultado de forma amplia. Las primeras estimaciones privadas situaban la comunidad entre 20 y 24 millones de hectolitros, una distancia demasiado amplia para darla por buena como cifra definitiva. En el campo se observa maduración adelantada, un número razonable de racimos en muchas parcelas, diferencias claras entre secano y regadío y riesgo de deshidratación en variedades como Airén y Tempranillo si continúa la misma situación térmica. Las cooperativas añaden otro elemento: consideran que al menos el 20% de la cosecha debería ir a mosto para evitar una concentración excesiva de vino y favorecer el equilibrio comercial.
La Comunidad Valenciana también ha iniciado la campaña antes de lo habitual. La Denominación de Origen Valencia comenzó este lunes, 3 de agosto, la vendimia más temprana de su historia, unos quince días antes de la fecha habitual, con primeras uvas procedentes sobre todo de la zona de Clariano. Las muestras presentan buena sanidad y niveles de acidez aún adecuados, aunque el calor ha obligado a moderar las previsiones. En alguna cooperativa se espera entre un 20% y un 25% más que en la mala campaña de 2025, pero todavía alrededor de un 15% menos que una cosecha normal si se toma como referencia la media de la última década. La recuperación, en cualquier caso, no será igual en toda la comunidad: las parcelas con riego y las zonas que recibieron lluvias en primavera parten con ventaja sobre los secanos más castigados por el estrés hídrico.
En Murcia, la Denominación de Origen Jumilla empezó el pasado 27 de julio, también en la fecha más temprana de su historia. Las primeras variedades blancas presentan una sanidad favorable y un buen equilibrio enológico. La zona espera una cosecha por encima de las tres campañas anteriores gracias a las lluvias acumuladas durante el año hidrológico y a una presión relativamente baja de plagas y enfermedades. Aun así, la valoración final dependerá de agosto, ya que la Monastrell, que ocupa cerca del 70% del viñedo de la denominación, no entrará de forma generalizada en bodega hasta septiembre.
Cataluña ha comenzado a recoger a finales de julio las variedades destinadas a espumosos. Tras casi cuatro años de sequía, el viñedo presenta más vigor, mejor equilibrio y mayor carga de fruta. Las primeras previsiones llegaron a contemplar subidas cercanas al 30% en algunas zonas, pero la ausencia de precipitaciones en las últimas semanas y las altas temperaturas han recortado esas expectativas. La campaña apunta a un resultado mejor que el de los últimos años, aunque por debajo de lo que se esperaba en primavera. La DO Cava ha fijado un rendimiento de disponibilidad inmediata de 10.000 kilos por hectárea y permite destinar parte de la producción adicional a mecanismos de reserva dentro de un límite regulado, con la idea de facilitar la recuperación del viñedo sin llevar de golpe un exceso de oferta al mercado.
Aragón ha adelantado la vendimia alrededor de quince días en sus cuatro denominaciones. En Somontano, donde la campaña empezó el pasado 30 de julio, la previsión se mueve entre 15 y 15,5 millones de kilos, una cifra parecida a la de las dos campañas anteriores, aunque por debajo de los 17 a 18 millones que antes se consideraban habituales. Las lluvias de invierno y primavera ayudaron al cuajado y a la vegetación, pero el calor posterior ha reducido el tamaño de las bayas. Ese menor tamaño puede favorecer la concentración, sobre todo en las tintas, pero limitará el volumen de mosto.
Rioja abrió de forma oficial este jueves, 6 de agosto, la vendimia más temprana registrada por la denominación, con las primeras entradas centradas en variedades blancas de Rioja Oriental. El primer boletín de maduración dibuja una situación menos lineal de lo que sugiere el calendario: en algunas variedades y zonas el peso de las bayas está por debajo del de 2025, la acidez y el pH se mantienen en niveles adecuados, los indicadores de madurez fenólica son favorables y la madurez alcohólica no va necesariamente más adelantada que el año pasado. Eso obliga a las bodegas a seguir parcela por parcela para no recoger uvas con alto contenido en azúcar, pero con semillas, pieles o compuestos aromáticos aún sin completar su evolución. Rioja mantiene además una política restrictiva de rendimientos: en tintas se podrá comercializar con amparo el 90% del rendimiento estándar, con un máximo de 5.850 kilos por hectárea, mientras que en blancas siguen en 9.000 kilos. La vendimia en verde ya eliminó alrededor de 6,2 millones de kilos potenciales de Tempranillo mediante ayudas aplicadas a más de 1.000 hectáreas y 505 viticultores.
En Castilla y León, El Bierzo arrancó este miércoles, 5 de agosto, casi dos semanas antes de la fecha habitual y también con récord de precocidad. En Ribera del Duero, Rueda, Toro y otras zonas de la comunidad se observa adelanto fenológico, aunque la parte principal de la campaña aún no había comenzado este jueves, 6 de agosto. Asaja Castilla y León ha advertido de que algunas empresas compradoras están lanzando mensajes bajistas antes de la vendimia sin diferenciar de forma suficiente entre zonas, calidades y costes. La organización pide contratos por escrito, precios que cubran los gastos efectivos de producción y cumplimiento de los plazos de pago previstos en la Ley de la Cadena Alimentaria.
Galicia aparece entre las regiones con mejores perspectivas. La Xunta calcula que las cinco denominaciones de origen podrían alcanzar en conjunto 81 millones de kilos si agosto y septiembre no dejan daños. La previsión pasa por una producción próxima o superior a la del año pasado en Rías Baixas, recuperaciones en Ribeiro, Ribeira Sacra y Valdeorras, y alrededor de 8,5 millones de kilos en Monterrei. Solo Rías Baixas espera 49,9 millones de kilos, un 5,05% más que los 47,5 millones de 2025. El rendimiento medio estimado por hectárea, sin embargo, es algo menor, lo que sugiere que parte de la mejora se apoya en una mayor superficie productiva y no solo en más kilos por viña. Galicia tiene un riesgo distinto al del centro y sur peninsular: si llueve cerca de la recolección, pueden aparecer roturas de bayas, botritis, dilución y problemas de acceso a las parcelas.
La campaña española empezó en la primera mitad de julio en Lanzarote, donde el clima y las variedades locales permiten recoger antes que en la Península. En Baleares, algunas bodegas de Ibiza y Formentera esperan mejorar alrededor de un 10% su producción y hablan de una buena calidad inicial en blancos y rosados, aunque también citan problemas muy localizados de estrés térmico, dependencia del riego y salinidad del agua.
El factor que explica buena parte del adelanto está en el tiempo. La primavera de 2026 fue la segunda más cálida de la serie histórica española, con una temperatura media 1,6 grados por encima del promedio 1991-2020, y además fue seca, con unos 134 milímetros, equivalentes al 75% de la precipitación normal. Junio acentuó esa pauta: fue el segundo junio más cálido registrado, con una anomalía de 3,2 grados, y el tercero más seco, con lluvias equivalentes solo al 39% de lo habitual. El resultado en el viñedo ha sido un adelanto de brotación, floración, envero y maduración, una acumulación más rápida de azúcares, más evaporación, mayor necesidad de agua, bayas más pequeñas, más riesgo de deshidratación y quemaduras solares y menos margen para elegir la fecha de vendimia.
Aemet prevé para el trimestre agosto-octubre una probabilidad muy alta de temperaturas superiores a la media en toda España. También da más opciones a episodios húmedos en buena parte del país, aunque ligados sobre todo a fenómenos convectivos y tormentas puntuales, no a lluvias regulares. Esa combinación puede aliviar de forma temporal el estrés hídrico, pero también puede causar granizo, daños en la piel de la uva, roturas de bayas y podredumbres cerca de la madurez.
La sanidad de la uva es uno de los puntos favorables de la campaña. La sequedad de junio y julio ha limitado en términos generales el desarrollo de mildiu, oídio y botritis. El sector considera que la calidad potencial puede ser buena o muy buena en gran parte del país. Las bayas pequeñas pueden aportar concentración, sobre todo en tintas, y los aromas en blancas pueden beneficiarse si la uva se corta de noche o llega a bodega a baja temperatura. El problema está en el equilibrio: el calor acelera el azúcar, reduce el peso de la baya y pone en riesgo la acidez. En esas condiciones, una uva puede alcanzar graduaciones altas sin que pieles, semillas y aromas hayan llegado al mismo punto. La vendimia nocturna gana así peso en las zonas cálidas porque reduce oxidaciones, facilita la entrada de la uva a menor temperatura y baja la necesidad de refrigeración inmediata.
La campaña también se juega en el empleo. Randstad ha anunciado unas 2.300 vacantes ligadas de forma directa a la vendimia de 2026. De ellas, unas 1.600 corresponden a Galicia, cerca de 400 a Castilla y León y alrededor de un centenar, en cada caso, a Cataluña, Aragón y La Rioja. La empresa cita perfiles como vendimiadores, tractoristas, operarios de bodega, carretilleros, personal de recepción y trabajadores para carga, descarga y selección. No es el total del empleo que mueve la campaña, pero sí refleja la concentración de la demanda.
A esa necesidad de mano de obra se suma el tirón de Francia. UGT-FICA calcula que entre 12.500 y 13.000 trabajadores españoles se desplazarán a la vendimia francesa. El salario bruto de referencia ronda los 2.156 euros mensuales por 35 horas semanales y el pago por hora, unos 12,32 euros, supera con claridad los cerca de 8,90 euros señalados para trabajos equivalentes en España. Cerca del 90% de quienes van a esas campañas son trabajadores recurrentes y con experiencia, procedentes sobre todo de Andalucía, Castilla-La Mancha y Murcia, lo que reduce la disponibilidad de cuadrillas cualificadas para algunas zonas españolas. El adelanto simultáneo de muchas vendimias añade más presión sobre el personal, la maquinaria, el transporte y la capacidad de recepción de las bodegas.
En el mercado, la situación es mixta. Las existencias nacionales de vino y mosto sin concentrar se situaban en 38,95 millones de hectolitros a 30 de abril, un 2,5% menos que un año antes, lo que limita en parte el riesgo de acumulación. Pero las exportaciones españolas de los doce meses terminados en marzo de 2026 bajaron un 4,3% en volumen, hasta 18,3 millones de hectolitros, y un 3,4% en valor, hasta 2.851 millones de euros. El exterior, por tanto, no llega con una capacidad clara para absorber por sí solo una cosecha mucho mayor.
Los precios medios del vino a granel venían subiendo. El blanco sin indicación geográfica alcanzó 50,13 euros por hectolitro, un 3,1% más, y el tinto sin indicación geográfica llegó a 49 euros por hectolitro, un 9,7% más. Esa mejora no asegura una subida equivalente del precio de la uva. La evolución dependerá de la zona, la variedad, la calidad, los contratos ya firmados y el volumen que entre finalmente en bodega. El peso medio de las bayas en variedades como Airén, Tempranillo, Garnacha y Monastrell, el rendimiento real de transformación, las temperaturas nocturnas y las tormentas entre mediados de agosto y septiembre marcarán el recorrido de una campaña que ya ha empezado antes que nunca en buena parte del mapa vitícola español.
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