Mientras llega la ceremonia de los Nobel, el sabor de Suecia ya está en Madrid
A la espera de la ceremonia de los Nobel, Cabaña Marconi propone descubrir Suecia por la mesa
miércoles 21 de octubre de 2026
Hay muchas maneras de acercarse a Suecia. Se puede viajar a Estocolmo, perderse entre los canales, visitar el archipiélago, refugiarse en un chalet frente al Báltico o seguir, cada otoño, el anuncio de los Premios Nobel.
También se puede empezar por la mesa.
Los nombres de los galardonados ya son públicos, pero la ceremonia no llegará hasta el 10 de diciembre. Mientras Estocolmo prepara la entrega, Cabaña Marconi reivindica una manera bastante más apetecible —y menos solemne— de acercarse a la cultura sueca. Sentarse a comer.
Porque si los Nobel premian las grandes aportaciones de la humanidad, quizá haya llegado el momento de reconocer también el valor de una buena Toast Skagen, de un plato de arenques suecos o de unas albóndigas con puré de patata.
Y para eso no hace falta viajar a Estocolmo.
Una pequeña Suecia escondida entre encinas
En El Encinar de los Reyes, a pocos minutos de Madrid, Cabaña Marconi nació de la historia personal de su fundador, Marcos Olazábal, y de sus raíces familiares suecas. Su madre, Maud, transmitió al fundador recuerdos y recetas de su infancia que hoy forman parte de la identidad gastronómica del restaurante. El resultado no es un restaurante sueco ortodoxo ni pretende serlo. Es más bien una interpretación personal de Suecia pasada por el Mediterráneo, el Cantábrico, Italia y las experiencias viajeras de su fundador.
Una especie de Suecia con pasaporte español. La propia carta funciona como un mapa de esa memoria gastronómica. Junto a producto español y recetas internacionales aparecen algunos de los grandes clásicos que permiten reconocer inmediatamente la huella nórdica.
El menú que podría pasar el filtro de la Academia Sueca
La Toast Skagen, tradicional tosta de gambas asociada a los mercados de Estocolmo, es probablemente uno de los platos que mejor resume esa conexión. Le acompañan el salmón marinado con salsa de eneldo, los arenques suecos, las albóndigas suecas con puré de patata, el salmón al vapor con salsa escandinava y una ensalada de gambas con aliño sueco.
Aquí no hay necesidad de ponerse demasiado académicos, basta con probar.
La Toast Skagen, por ejemplo, lleva directamente a Estocolmo sin necesidad de pasar por el aeropuerto. El gravlax pone el salmón en modo escandinavo. Los arenques recuerdan que Suecia tiene una relación seria con el mar. Y las albóndigas demuestran que la cocina nórdica también sabe ser reconfortante.
Comer dentro de un chalet del Báltico… sin salir de Madrid
La experiencia sueca no termina en la carta.
El restaurante ocupa un antiguo invernadero convertido en un espacio acristalado rodeado de encinas, donde el diseño tiene tanto protagonismo como la gastronomía. El proyecto de interiorismo, firmado por Sofía Olazábal, hermana del fundador, incorpora referencias escandinavas y evoca los chalets del Mar Báltico. Madera de roble, tonos azules y blancos, chimeneas, grandes superficies acristaladas y elementos naturales construyen una atmósfera que mezcla refugio nórdico y paisaje madrileño.
La decoración juega precisamente con esa mezcla de mundos: tradición marinera, inspiración escandinava, recuerdos de viaje y una cierta vocación de refugio. Un espacio que hace que la palabra “cabaña” deje de ser simplemente parte del nombre.
A la espera de la ceremonia, Suecia se saborea en Madrid
Los Premios Nobel ya tienen nombres, pero la gran cita llegará el próximo 10 de diciembre, cuando se entreguen en Estocolmo, como cada año, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Alfred Nobel.
Hasta entonces, Madrid puede permitirse una celebración paralela mucho menos solemne, sin discursos ni protocolo. No hace falta descubrir una nueva teoría científica o escribir una obra maestra, solo hace falta tener hambre.
Cabaña Marconi
Camino del Cura, 233 — El Encinar de los Reyes, Madrid
91 650 79 13
www.cabanamarconi.com