La reforma fiscal en Colombia amenaza con disparar el precio de las bebidas alcohólicas
El sector prevé un golpe especialmente duro para la cerveza artesanal por tres subidas fiscales
sábado 7 de noviembre de 2026

La industria de bebidas alcohólicas en Colombia ha lanzado una advertencia por el efecto que, a su juicio, tendría la reforma tributaria promovida por el Gobierno de la Espriella. Productores, licoreras y distribuidores sostienen que la subida planteada en varios gravámenes elevaría el precio final de cervezas, destilados y otras bebidas, con un impacto más duro sobre la cerveza artesanal. La iniciativa, por ahora, es una propuesta y aún debe superar su tramitación.
Los empresarios consultados ponen el foco en tres cambios fiscales: el IVA, que pasaría del 5% al 19%; el impuesto al consumo por grado alcoholimétrico, que subiría de $360 a $750; y el ad valorem, que aumentaría del 25% al 35%. Con esa combinación, el sector calcula fuertes subidas en el precio de venta. Entre los ejemplos difundidos figuran una cerveza que pasaría de $3.000 a $5.000, una cerveza artesanal de $8.000 a $17.000, un aguardiente de 750 mililitros de $43.000 a $60.250, una botella de Aguardiente Amarillo de Manzanares de $53.000 a $78.000, un whisky de $131.400 a $168.600 y un ron de $58.000 a $80.150.
Diego Angelillis, gerente de la Industria Licorera de Caldas, considera que los impuestos propuestos son “absolutamente ruinosos para el sector”. En el caso de su empresa, afirma que las ventas caerían un 40% si la reforma sale adelante en los términos conocidos. Angelillis pone el acento en el salto del IVA y en el incremento del impuesto por grado de alcohol, que, recuerda, subiría más del 100%, además del alza del gravamen ad valorem.
Juan Martín González, presidente de Dislicores, pide al Gobierno que revise la estructura del impuesto. A su entender, el esquema debe ser igual para todos y no debería abrir diferencias entre categorías. Su aviso apunta a la brecha que, en su opinión, puede aparecer entre la cerveza y otros productos como el vino o los destilados si la carga tributaria queda repartida de forma desigual.
La preocupación es todavía mayor entre los pequeños elaboradores. Alejandro Manotas, empresario y creador de Menchas beer, sostiene que la reforma sería “un golpe duro” para la cerveza y, de manera especial, para la artesanal. Manotas explica que este segmento trabaja con materias primas más complejas y en muchos casos importadas, y que una parte de su oferta se apoya en estilos con más graduación. A su juicio, esas recetas quedarían penalizadas por la nueva estructura fiscal.
El propio Manotas pone un ejemplo de distribución: una cerveza artesanal que vende a $7.000 pasaría a rondar los $15.000. Ese cálculo no coincide del todo con otras estimaciones difundidas por el sector, que sitúan una referencia artesanal de $8.000 en $17.000, pero ambos casos apuntan en la misma dirección: un aumento fuerte del precio final. El empresario añade que, si se mantiene ese esquema, muchos productores se verán empujados a rebajar graduación y simplificar recetas para intentar seguir en el mercado.
Ese posible cambio no afecta solo a las microcervecerías. También puede alterar los márgenes de distribuidores, bares, tiendas y cadenas de hostelería, además de reducir la variedad disponible para el consumidor. En el sector de bebidas, una subida fiscal de este tamaño podría dar más peso a los operadores de gran volumen, que suelen tener más capacidad para repartir gastos y ajustar precios, mientras que los proyectos pequeños disponen de menos margen para absorber incrementos en materias primas, impuestos y logística.
La advertencia llega, además, en un momento en el que parte de la cerveza artesanal colombiana intenta abrir espacio con estilos distintos a la lager industrial tradicional. Manotas menciona elaboraciones de 7 a 10 grados de alcohol y recetas inspiradas en estilos europeos. Si los impuestos se calculan con más dureza sobre ese tipo de productos, la oferta podría desplazarse hacia cervezas de menor graduación y menor precio, con una diferencia más amplia entre la producción artesanal y la industrial.
Por ahora, la discusión queda abierta en el trámite de la reforma. Mientras el Gobierno busca más ingresos, las empresas del sector intentan que el diseño fiscal no eleve hasta ese punto los precios de venta ni cierre espacio a las cervezas artesanales de mayor graduación y a otras bebidas con más carga impositiva.