La IA no tiene todas las respuestas

Una bodega argentina propone un giro de época

jueves 22 de octubre de 2026

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La IA no tiene todas las respuestas


Frente al avance de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, la bodega sanjuanina Finca Las Moras, en su última campaña, reivindica el valor de preguntarles a quienes ya vivieron el amor. La idea invita a recuperar el criterio para saber cuándo conviene una pantalla y cuándo, una conversación cara a cara.

En un contexto donde la inteligencia artificial parece tener respuesta para todo, la línea Alma Mora lanza una campaña que invita a hacer una pausa y preguntarse: ¿realmente necesitamos que una máquina nos explique cómo amar? Bajo el concepto "Hablemos con los que realmente amaron: una conversación entre generaciones", la marca propone recuperar las historias, consejos y códigos de quienes aprendieron a vincularse en un mundo sin pantallas.

La propuesta no trata de oponerse a la tecnología, sino de encontrarle su justo lugar. La IA puede servir para muchas cosas, pero en cuestión de vínculos, no puede superar la experiencia vivida. Esa que se transmite en una sobremesa, en una anécdota de abuela, en el relato de una primera cita que salió mal y aun así dejó una enseñanza.

Rosario Garré, Brand Manager Global de Finca Las Moras, lo resume con claridad: "En tiempos en que todo evoluciona a una velocidad abrumadora, hay algo mágico que sigue sucediendo cuando dos personas se sientan frente a frente y comparten un vino. Ese fue siempre el puente que quisimos construir con Alma Mora."

Según la Encuesta Nacional sobre Adopción de IA en Argentina de la Universidad Torcuato Di Tella y Fundar, aproximadamente el 45% de los adultos argentinos utiliza IA para fines personales. Respecto al uso en el ámbito de las relaciones de pareja, el especialista en tecnología Joan Cwaik estimó en entrevistas que alrededor del 30% de las parejas ha recurrido a herramientas de IA para resolver conflictos conyugales, aunque se trata de una estimación experta, no de un dato de encuesta académica.

No se trata de satanizar la IA ni de idealizar el pasado, sino de reconocer que hay preguntas que merecen otro tipo de respuesta. Para saber qué escribirle a alguien que nos gusta, quizás la IA nos dé una fórmula. Pero para entender por qué una relación funciona o cómo superar un desencuentro, tal vez sea mejor preguntarle a alguien que ya se animó a vivirlo. Claro que ese pasado que la campaña reivindica no era necesariamente mejor: también tenía silencios, mandatos de género y presiones que hoy muchas personas pueden nombrar. La nostalgia funciona como recurso narrativo, pero conviene leerla con matices.

También vale señalar que la disyuntiva entre IA y personas no es tan tajante. En la práctica, la mayoría consulta a la IA además de hablar con amigos, familiares o terapeutas: lo hace cuando no tiene a quién preguntar a las 2 de la mañana, por vergüenza o para ensayar lo que después dirá en persona. El problema de fondo, entonces, no es la tecnología en sí, sino la soledad y la falta de redes de confianza. Si alguien le pregunta a una máquina cómo responder un mensaje, muchas veces es porque no tiene a quién preguntarle.

La campaña recupera historias de primeras citas, formas de demostrar interés, rituales alrededor del amor y aprendizajes que nacieron mucho antes de los likes, los matches y los vistos. Es un recordatorio de que, antes de que existieran las pantallas, también había dudas sobre el amor. Y había alguien a quien preguntarle. La conversación entre generaciones, eso sí, debería ser de ida y vuelta: los vínculos contemporáneos (abiertos, no monógamos, a distancia, mediados por tecnología) plantean preguntas que las generaciones anteriores quizás nunca se hicieron.

Alma Mora no propone apagar la IA, sino encender otra cosa: la conversación, la escucha, la experiencia compartida. Es un gesto publicitario, y como tal subordina la reflexión a la venta (vende vino, y la asociación entre amor, conversación y alcohol no es inocente), pero el disparador vale: para algunas preguntas podemos buscar respuestas en una pantalla. Para el amor, quizás sea mejor preguntarle a alguien que ya se animó a vivirlo. Eso sí: con criterio, y sin olvidar que el pasado no siempre fue mejor, solo distinto.

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