Habitat Weine cierra su viñedo tras el desplome del consumo de vino en Alemania

La cooperativa ecológica culpa a la sobreoferta, los bajos precios y los costes crecientes

lunes 12 de octubre de 2026

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Habitat Weine cierra su viñedo tras el desplome del consumo de vino en Alemania

La cooperativa vinícola Habitat Weine eG, con sede en Rümmelsheim, en el distrito de Bad Kreuznach, ha decidido cesar por completo su actividad en el viñedo tras entrar en administración concursal provisional a finales de agosto. La entidad, creada en 2021 y formada por unos 180 socios, atribuye su situación a la caída del consumo de vino en Alemania, la presión de precios en el mercado y el aumento de los gastos de energía, personal y producción.

La decisión supone el cierre de un proyecto centrado en viticultura ecológica. Detrás de esa iniciativa está el viticultor Wolfgang Bender, de 38 años, cuya familia lleva cuatro generaciones vinculada al sector. El modelo de la cooperativa preveía reinvertir los beneficios en la explotación y en medidas de conservación de la naturaleza en las parcelas trabajadas, en lugar de repartirlos entre los socios.

Bender sostiene que la pérdida de demanda ha sido uno de los factores más visibles. En una consulta realizada entre clientes de la cooperativa, alrededor del 20% afirmó que ya no consume alcohol. A eso se sumó el recorte de compras de su principal socio de cáterin. Según explica el propio Bender, los pedidos pasaron de 150 palés de vino, con 504 botellas por palé, a 27 palés, pese a que el recinto para eventos al que abastecían mantenía el mismo nivel de ocupación.

Los datos del Instituto Alemán del Vino apuntan en la misma dirección. La entidad cifra en 21,5 litros por persona mayor de 16 años el consumo de vino en Alemania durante la campaña 2024/25, frente a los 22,2 litros del ejercicio anterior. Frank Schulz, portavoz del organismo, atribuye parte de esa bajada al cambio demográfico y al menor interés de los jóvenes por el vino. El instituto asegura que está tratando de llegar a ese público con nuevas campañas, aunque varios investigadores prevén que el consumo total podría reducirse a la mitad cuando desaparezcan las generaciones de mayor edad.

A la debilidad de la demanda se añade, según Bender, un exceso de oferta. El viticultor calcula que desde 2010 se han incorporado en Alemania unas 450 hectáreas adicionales de viñedo cada año, lo que equivale a un potencial extra de unos 23 millones de litros anuales. A su juicio, esa mayor producción ha llenado el mercado de vinos baratos elaborados a escala industrial y ha empujado al sector a una guerra de descuentos que dificulta la viabilidad de proyectos pequeños o cooperativos.

Esa presión no afecta solo a Habitat Weine. En Alemania ya han anunciado el cierre o atraviesan problemas otras bodegas y cooperativas. Entre los casos citados por el sector figura Winzer von Baden eG, fundada en 1935 y con unos 900 socios. También atraviesa dificultades una bodega pública de Sajonia-Anhalt con casi 900 años de historia. En Renania-Palatinado, la bodega Huf, con 90 años de actividad y cuatro generaciones al frente, también ha solicitado el concurso.

Bender añade un elemento más: la pérdida de atractivo del vino en parte de la hostelería. A su juicio, salvo en la alta gastronomía y en algunas excepciones, la oferta que encuentra en muchos restaurantes alemanes no responde a lo que espera como aficionado. Por eso, afirma, en bastantes ocasiones opta por beber cerveza. Esa preferencia ayuda a entender por qué esta noticia va más allá de una cooperativa concreta: cuando el vino pierde peso en bares, restaurantes y eventos, el cambio puede beneficiar a otras bebidas y alterar las decisiones de compra de distribuidores y operadores de hostelería.

El sector alemán del vino también denuncia la presión de productores extranjeros con menores gastos de energía y mano de obra. Schulz añade que en Alemania influye además el nivel del salario mínimo. Para explotaciones con márgenes reducidos, esa combinación hace más difícil mantener precios competitivos sin deteriorar la rentabilidad.

A todo ello se suma el efecto del clima. Bender pone en duda la continuidad de parte de la producción local si no se acometen inversiones de mayor tamaño en el paisaje agrario para responder a la falta de agua y a las alteraciones meteorológicas. Su advertencia es directa: sin medidas de ese tipo, en veinte años podría no quedar viticultura en esa zona.

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