A los 101 años, María Antonietta sigue fiel al vino tinto y a una vida sencilla

Una centenaria de Cerdeña atribuye su longevidad al trabajo, la vida de campo, la escasez, hábitos sencillos y vino tinto

miércoles 23 de septiembre de 2026

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Una mujer de 101 años de Cerdeña sitúa en el trabajo la clave de su longevidad

María Antonietta, una mujer de 101 años que vive en Cerdeña, ha resumido en una frase una parte de su rutina diaria: “No tomo ningún medicamento. Solo un vaso de vino tinto”. Lo dijo en una entrevista difundida en el canal de YouTube Proyecto Happiness, donde también habló de su alimentación, del trabajo físico que ha marcado su vida y de cómo recuerda los años de escasez en la isla italiana.

Su testimonio se ha difundido por la combinación de edad, buen estado de salud y sencillez de sus hábitos. Aun así, sus palabras describen una experiencia personal y no equivalen a una pauta médica general sobre consumo de alcohol, medicación o longevidad.

Cerdeña suele aparecer entre los territorios vinculados a las llamadas zonas azules, áreas con una presencia alta de personas centenarias. En la conversación se citan cifras próximas a 22 personas de más de 100 años por cada 100.000 habitantes, en niveles similares a los de Okinawa, y una esperanza de vida media cercana a 83 años. Esa asociación con la longevidad se suele relacionar con una vida diaria muy activa y con una alimentación basada en productos de proximidad.

En el caso de la isla, una de las explicaciones más repetidas apunta al peso histórico del pastoreo y del trabajo en el campo. Muchas zonas son montañosas y obligan a caminar a diario en pendientes pronunciadas. A eso se suma una dieta con presencia de verduras, legumbres, queso de cabra y vino, alimentos muy ligados a la producción local.

María Antonietta describió una relación sencilla con la comida. “No me salto ninguna comida, como lo que haya”, afirmó. También recordó que durante la guerra no existía margen para elegir: “No le hago ascos a nada salvo a las patatas crudas. Eran tiempos de guerra, no había nada y no se podía decir que te gustaba comer porque no era posible. Lo que había tenía que gustarte”.

En esa misma intervención repasó cómo era la vida doméstica en su juventud. Contó que en casa tenían huerto, judías verdes frescas y patatas, y que entonces ni siquiera disponían de agua corriente. “No había agua en casa, íbamos al río a cogerla con el cántaro en la cabeza”, relató. Ese recuerdo sitúa su infancia y su juventud en un entorno rural con trabajo físico diario y pocos recursos materiales.

Pese a las dificultades de aquella época, María Antonietta dijo que prefiere aquel tiempo al actual. A su juicio, ahora se vive con más comodidades, pero con menos conformidad. “Era mejor antes porque ahora nunca estamos satisfechos. Si nos dan un dedo queremos la mano entera”, sostuvo durante la entrevista.

Cuando le preguntaron por el secreto para llegar a los cien años, respondió sin rodeos: “Trabajar”. Después detalló en qué consistía esa rutina: ir al campo, subir a las montañas, preparar leña, volver a casa y cultivar el huerto. También recordó desplazamientos largos a pie. “Hacíamos siete kilómetros para ir y otros tantos para volver”, contó.

Ese relato encaja con una idea repetida en los estudios sobre longevidad en áreas rurales mediterráneas: la suma de movimiento diario, alimentación sencilla, vida social estable y una relación continua con el trabajo manual. En su caso, esa combinación aparece unida a una memoria muy concreta de la escasez y a una forma de vida en la que el esfuerzo físico era parte de cada jornada.

María Antonietta cerró su intervención con una frase que resume cómo se percibe a sí misma a los 101 años: “Yo no me siento tan vieja, aunque mis años los tengo”.

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