Las organizaciones agrarias de La Rioja denuncian que la uva vuelve a pagarse por debajo de los costes de producción

La vendimia más temprana por el calor complica la entrega de uva en bodegas aún poco adaptadas

miércoles 16 de septiembre de 2026

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Las organizaciones agrarias UAGR, UPA-Rioja y ARAG-Asaja denunciaron este miércoles, 16 de septiembre, que los viticultores de La Rioja vuelven a cobrar por la uva importes que, a su juicio, no cubren los costes de producción. La que describen como la vendimia más temprana de la serie histórica ha reabierto así un problema que el campo da por enquistado: el adelanto de la recogida por el calor no ha ido acompañado, sostienen, de precios suficientes ni de una adaptación plena de las bodegas al nuevo calendario.

La campaña comenzó el 6 de agosto con las variedades blancas. El adelanto es tal que las fiestas de la vendimia llegan con buena parte del trabajo de campo ya terminado, algo poco habitual en Rioja. Roberto Ruiz Clavijo, coordinador de UAGR, vincula ese cambio al clima y sostiene que no se trata de un episodio puntual. “Tenemos que habituarnos ya”, afirmó al reclamar ajustes tanto en la viticultura como en la comercialización. A su juicio, hacen falta políticas agrarias que ayuden a mantener la actividad en el medio rural y eviten una pérdida de viñedo y población en la zona.

Las altas temperaturas han marcado la campaña de principio a fin. Néstor Alcolea, secretario general de UPA-Rioja, señala que la viña ha tenido un comportamiento sano en términos generales y que no se han registrado grandes problemas de enfermedades, pero añade que el verano más caluroso desde que hay registros ha pasado factura en varias áreas. Según su valoración, algunas cepas han quedado resentidas y eso ha reducido la cosecha en determinadas zonas, con una consecuencia directa para el agricultor: menos kilos recogidos implican menos ingresos.

Ese descenso no ha sido uniforme, y ahí aparece otro de los puntos de fricción del sector. Igor Fonseca, secretario general de ARAG-Asaja, sostiene que en algunas parcelas la uva alcanzó antes de lo previsto un nivel adecuado de maduración y calidad, mientras parte de las bodegas no había ajustado todavía su operativa. Cita problemas para seleccionar la uva en el momento preciso y también limitaciones en el enfriamiento de las instalaciones. Fonseca añade que los cupos diarios de entrada fijados por algunas bodegas han complicado la organización de la vendimia para muchos viticultores, obligados a concentrar cortes y entregas en un periodo más corto.

El adelanto de la campaña no es solo una cuestión de calendario. En vendimias más tempranas, la ventana de recogida suele estrecharse y la coordinación entre parcela, transporte y recepción en bodega gana peso. Las organizaciones agrarias sostienen que, si esa adaptación falla, el margen de maniobra del agricultor se reduce todavía más, sobre todo cuando la uva está lista y la entrega se retrasa por motivos logísticos o por falta de preparación en las bodegas.

Pese a esas diferencias operativas, las tres organizaciones coinciden en el problema de fondo. Mantienen que los precios pagados por la uva siguen por debajo de los costes de producirla y llevarla a bodega. Por eso reclaman medidas que permitan sostener la viña y sitúan como una de las salidas el arranque subvencionado de viñedo a partir de 2027, con financiación de los gobiernos de La Rioja y del País Vasco.

Frente a esa lectura, el sector comercializador maneja un análisis distinto. Iñigo Torres, director general de Esencia Rioja, sostiene que la vendimia ha estado marcada por el calor y por su adelanto, pero considera que el balance es positivo porque el viñedo ha evolucionado bien. Torres prevé vinos de gran calidad y asegura que esta campaña ha recuperado rendimientos. También recuerda que no se han repetido los problemas de enfermedades fúngicas del año pasado, lo que, en su opinión, reduce el gasto en fitosanitarios para el agricultor.

La discrepancia se mantiene también en el capítulo de los precios. Torres recuerda que las compras responden a decisiones individuales de cada bodega y defiende que los pagos se mantienen estables respecto al año pasado. Su argumento es que en la campaña anterior los rendimientos fueron muy bajos y eso empujó al alza el precio de la uva, mientras que en esta vendimia, con más kilos, la rentabilidad del viticultor debería recuperarse aunque el pago por kilo no suba.

Esa diferencia de criterio deja ver hasta qué punto la rentabilidad del viñedo depende de varios factores al mismo tiempo. No basta con el precio: cuentan también la producción final, el gasto sanitario, la mano de obra, la logística de vendimia y la capacidad de recepción en bodega. Cuando una parte del sector defiende que hay más kilos y menos gasto en tratamientos, y otra insiste en que el precio sigue por debajo de los costes, el desacuerdo pasa del terreno comercial a la viabilidad de muchas explotaciones familiares.

La discusión tiene además alcance para el negocio del vino más allá de Rioja. Si esa distancia entre ingresos y gastos se mantiene durante varias campañas, podrían aumentar las peticiones de arranque de viña o los cambios de cultivo. En una denominación con el peso de Rioja, ese movimiento afectaría a la base productiva de muchas bodegas y podría terminar alterando la oferta disponible en el mercado europeo del vino.

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