Lunes 20 de Abril de 2026
En Lanzarote, las parcelas vitícolas no siempre se organizaron por variedades separadas. Durante años, distintas cepas crecieron juntas sobre el suelo volcánico, bajo el viento alisio y con una exposición intensa al sol. La vendimia se hacía al mismo tiempo y la fermentación también compartía depósito. De esa práctica nació una forma de elaborar vinos que buscaba una armonía natural entre las uvas, una manera de trabajar que El Grifo ha querido recuperar con El Grifo Cofermentación 2024.
La bodega ha desarrollado este vino dentro de su colección Experiencias de Vendimia, a partir de una pequeña parcela co-plantada al pie de la Montaña de Testeina. Allí conviven desde la raíz malvasía volcánica y vijariego blanco, dos variedades que no se separan ni en la viña ni en la bodega. La propuesta parte de una investigación y de una experimentación en torno a una práctica histórica de la isla, con el objetivo de volver a un método que formó parte del paisaje vitícola lanzaroteño.
El planteamiento de este vino se apoya en esa convivencia desde el origen. Las cepas crecen juntas en la misma parcela y se vendimian al mismo tiempo, de modo que la mezcla no se produce en la botella, sino antes, en el propio proceso de elaboración. La fermentación conjunta recupera una forma de trabajo que, según explica la comunicación de la bodega, quedó casi olvidada con el paso del tiempo.
El Grifo sitúa esta elaboración en un entorno muy concreto de Lanzarote, donde el carácter del terreno volcánico y las condiciones climáticas han marcado siempre el viñedo. La Montaña de Testeina aparece como el lugar elegido para esta parcela, en la que la convivencia de las dos variedades es el punto de partida del vino. La bodega presenta así una interpretación contemporánea de una técnica antigua, sin separar lo que en origen nació unido.
Con esta referencia a la tradición, El Grifo Cofermentación 2024 se incorpora a una línea de trabajo centrada en la vendimia y en la recuperación de prácticas ligadas a la historia vitícola de la isla. La bodega plantea el vino como una forma de volver a mirar el viñedo de Lanzarote desde su memoria agrícola, con una elaboración que respeta la unión de las variedades desde la cepa hasta la bodega.