Sábado 18 de Abril de 2026
El Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen Jerez-Xérès-Sherry, Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda y Vinagre de Jerez volvió a poner el foco en la formación especializada con una nueva edición del Curso de Sumiller especializado en Vinos de Jerez, celebrado en Jerez de la Frontera los días 13 y 14 de abril. La cita reunió a 25 profesionales del sector, entre ellos perfiles de referencia como el sumiller de Nobu Barcelona y la sumiller de Alquimia, en Valladolid, en una convocatoria que confirma el interés creciente de la alta restauración por unos vinos que exigen conocimiento, sensibilidad y capacidad de prescripción. El curso forma parte del Aula de Formación del Consejo Regulador, que desarrolla programas específicos para profesionales del vino y la sala, mientras que la Sherry Academy amplía esa labor divulgativa con cursos online gratuitos de nivel básico y avanzado.
Durante dos jornadas intensas, el programa abordó los grandes ejes que explican la singularidad del Marco de Jerez, a través de clases impartidas por expertos del sector de destacada fama, entre ellos César Saldaña, actual Presidente del Consejo, Paco del Castillo, profesor de sumillería y experto en análisis sensorial, y Juan valls, bartender, empresario fundador de la Feria Internacional Cocktail Bay de Valladolid (FIBAR) y propietario del cocktail bar Niño Perdido. La primera mañana se abrió con una introducción general y una sesión dedicada a la viticultura, la elaboración y la crianza de los vinos de Jerez, seguida de una cata de los tipos básicos. Después, el curso se desplazó al terreno de la gastronomía con una clase específica sobre el papel de estos vinos en la mesa y un taller de maridaje que fue, sin duda, uno de los momentos más comentados por los asistentes. Por la tarde, la formación continuó con una introducción al Brandy de Jerez, su correspondiente cata, el traslado a Bodegas Osborne, una visita centrada también en los vinos en rama y un taller de coctelería con vinos de Jerez.
El segundo día se centró en aspectos decisivos para el trabajo cotidiano del sumiller. La jornada incluyó contenidos sobre conservación, gestión de bodega y servicio del vino de Jerez, además de una sesión dedicada a las particularidades de su análisis sensorial. El programa incorporó asimismo un examen teórico y práctico, una cata de vinos con vejez calificada VOS y VORS impartida por Beltrán Domecq, anterior Presidente el consejo y eminencia del vino de jerez, y el traslado a la viña La Canariera, de González Byass, donde tuvo lugar la entrega de certificados y un taller de venencia antes del almuerzo final. Más que una sucesión de actividades, el curso planteó una inmersión completa en el universo del Jerez, desde el viñedo hasta el servicio en sala.
Uno de los ejercicios más reveladores fue la clase de maridaje, planteada por el periodista y embajador Jose Ferrer Morato con cucharas de comida gelificada. La propuesta, tan precisa como lúdica, permitió medir con claridad la capacidad de los vinos de Jerez para dialogar con ingredientes de personalidad compleja. Alcachofas, boquerones en vinagre y salsa romesco sirvieron como base de una práctica que sorprendió incluso a profesionales acostumbrados a trabajar con armonías difíciles. El resultado, según los asistentes, fue extraordinario. No solo por el contraste de texturas y temperaturas, sino porque demostró con nitidez algo que el Consejo Regulador lleva años defendiendo: que los vinos de Jerez no ocupan un lugar marginal en la mesa, sino que son herramientas gastronómicas de enorme precisión, versatilidad y profundidad.
También las visitas de campo y bodega reforzaron esa idea de vínculo entre origen y experiencia sensorial. La parada en Bodegas Osborne permitió a los participantes entrar en contacto directo con la dimensión patrimonial y enológica de una de las grandes casas del Marco, mientras que la visita a La Canariera, en González Byass, devolvió la atención al viñedo, a la tierra albariza y al paisaje del que nacen estos vinos. Esa combinación de aula, cata, gastronomía, viña y bodega convirtió el curso en una experiencia especialmente completa, pensada no solo para transmitir información, sino para afinar criterio y discurso profesional.
En un momento en que la sumillería busca relatos auténticos, identidad territorial y vinos capaces de ofrecer registros muy distintos en la mesa, el Jerez vuelve a reclamar el espacio que le corresponde. Este curso organizado por el Consejo Regulador no solo actualiza conocimientos: forma embajadores. Profesionales capaces de explicar una manzanilla, un fino, un amontillado o un oloroso desde la técnica, sí, pero también desde la emoción, la cultura y la experiencia gastronómica. Y ahí reside quizá su mayor valor: recordar que el vino de Jerez, lejos de cualquier simplificación, sigue siendo uno de los lenguajes más complejos y fascinantes del vino español.