Martes 24 de Junio de 2025
En las laderas de los Picos de Europa, donde el viento aún susurra los pasos del ganado, vive uno de los últimos testigos de una tradición milenaria: la trashumancia. Argimiro Rodríguez Villarroel, conocido como Miro, nació en Tejerina (Prioro) y ha dedicado sus 72 años a guiar ovejas por cañadas reales que hoy languidecen pese al esfuerzo de algunos pocos por mantenerlas y preservarlas. Su voz, serena pero firme, alerta: "El pastor de ovejas trashumantes está en peligro de extinción. Está casi extinguido".
Miro representa la séptima generación de pastores trashumantes en su familia, una estirpe que se remonta siglos atrás. Su historia está recogida en los libros del doctor Manuel Rodríguez Pascual, uno de los grandes estudiosos de esta tradición. "Manuel es una enciclopedia del oficio", dice Miro con orgullo.
La primera vez que descendió con el ganado a las dehesas extremeñas fue con 18 años, acompañado por su padre, mayoral de una cabaña de ovejas. Desde entonces, cada año repitió el recorrido entre las montañas leonesas y el sur. Durante décadas, esta migración estacional marcó el ritmo de su vida.
"En los años cincuenta la trashumancia cambió: muchos pastores comenzaron a utilizar el tren. Entre 1950 y 1955 casi todos empezaron a viajar desde Medina del Campo. Yo lo hice en 1968 desde Palencia", recuerda Miro. De Salamón hasta Palencia tardaban ocho días andando con las ovejas. Luego, embarcaban en tren hacia Villanueva de la Serena y caminaban otro día hasta alcanzar las dehesas extremeñas.
Era una ruta exigente, pero bien organizada. "Entonces los caminos estaban bien. Todos los cordeles se respetaban", afirma. Hoy, la realidad es otra.
"El deterioro de los últimos años ha sido tremendo", lamenta. La expansión de carreteras, el abandono institucional, la invasión de algunos agricultores y el desuso han hecho desaparecer los senderos que durante siglos marcaron el paso del ganado. "Por ejemplo, cerca de Palencia, la carretera cogía parte del cordel. Con 1.500 ovejas era muy difícil no ocuparla. Venía la Guardia Civil y te decía que la dejaras libre. Pero era imposible", relata.
En muchas zonas, la vegetación ha tomado los pasos, otros están cubiertos de escombros o directamente ocupados por construcciones ilegales. "En Extremadura, por suerte, algunas cañadas reales siguen delimitadas, incluso con alambradas", explica.
En 2024, Miro realizó su último recorrido con el rebaño. Ese año, la falta de mano de obra le impidió continuar. "El camino es muy duro. Ahora hay camiones y coches de apoyo, pero antes dormíamos al sereno. Si llovía, llovía. Si hacía sol, hacía sol. Era lo que había", recuerda. No hay relevo en su familia. Nadie ha querido continuar con la tradición.
Los inviernos en la montaña eran especialmente duros. "Solíamos irnos sobre el 20 de octubre. A veces nos cogía la nieve. En Lois me vi con 20 centímetros de nieve y tuve que refugiarme en Salamón con las ovejas durante días", cuenta.
La trashumancia es mucho más que una actividad económica. Es cultura, paisaje, conocimiento ancestral del territorio. Fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO, pero el reconocimiento institucional aún no se ha traducido en una verdadera protección de las rutas ni en apoyo para quienes las transitan.
"Hoy por hoy, habría que marcar todos los caminos. Es la única solución para evitar su desaparición. Identificarlos, conservarlos. Si no, desaparecerán para siempre", advierte Miro que aplaude iniciativas como Caminos Trashumantes, la primera plataforma nacional de turismo en torno a las rutas trashumantes tradicionales que conecta a más de 370 agentes rurales, un proyecto impulsado por la asociación club de producto Caminos Trashumantes financiado por el programa Experiencias Turismo España del Ministerio de Industria y Turismo.
Mientras él habla, el eco de un modo de vida resuena en sus palabras. Su voz, cargada de memoria, no solo cuenta su historia, sino la de miles de pastores que durante siglos tejieron, con pasos y paciencia, el mapa vivo de la península.
Las ovejas de las dehesas de Huelva y Extremadura ya pastan en los puertos de la montaña leonesa, concretamente en Salamón. Allí estarán hasta mediados de octubre.@aquilatierratve @jacobpetrus_tve @La1_tve pic.twitter.com/JkVrNOuuBL
— Javier Montes (@JavierMontesCas) June 23, 2025