Europa prueba una herramienta para prever sequías en los viñedos mediterráneos

La aplicación combina datos meteorológicos con observación por satélite para ayudar a viticultores a adaptar cultivos

lunes 26 de octubre de 2026

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Un proyecto europeo trabaja en una herramienta para anticipar las sequías a partir de datos meteorológicos y de observación por satélite, con la idea de que el sector vitivinícola pueda adaptar el viñedo antes de los periodos de escasez de agua. Según informa la Agència Catalana de Notícies (ACN), en Cataluña la aplicación se está estudiando sobre la viticultura con la participación de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y con datos aportados por el Servei Meteorològic de Catalunya.

La iniciativa, llamada Germ of Life, reúne a geógrafos, físicos, sociólogos, ingenieros informáticos y enólogos de varios países del Mediterráneo. Además de Cataluña, participan Portugal, Italia, Macedonia del Norte, Francia y Grecia, con universidades, instituciones públicas y empresas tecnológicas que desarrollan la herramienta de seguimiento y detección avanzada de la sequía.

El objetivo es convertir una gran cantidad de información técnica en avisos útiles para quienes toman decisiones en el campo. Enric Aguilar, director del Institut Universitari de Recerca en Sostenibilitat, Canvi Climàtic i Transició Energètica de la URV, explica que en el caso catalán se ha elegido la viticultura porque es una actividad muy expuesta a los efectos del cambio climático, mientras que en otros países del consorcio se analizan otros ámbitos del territorio.

Aguilar señala que el grupo catalán está probando una metodología que ya se había desarrollado en una primera fase. A los registros meteorológicos del Servei Meteorològic de Catalunya se suman datos del programa europeo Copernicus y de los satélites Sentinel. La combinación de esas fuentes debe servir para alimentar un programa capaz de prever episodios de falta de agua con antelación suficiente para que productores y técnicos ajusten sus planes.

El coordinador europeo del proyecto es Thanos Argiriou, de la Universidad de Patras, en Grecia. Su planteamiento, según expone, pasa por ofrecer previsiones que no se queden en el ámbito de los especialistas. La intención es que la información sea comprensible para personas que no son físicas ni meteorólogas, sin perder precisión, y que pueda servir a todos los sectores afectados por la sequía.

En el viñedo, esa anticipación puede traducirse en cambios muy concretos. Entre las medidas que se estudian figuran la reorientación de las filas de cepas para reducir el impacto del calor, la elección de otras variedades y la reducción del número de plantas por hectárea para que cada una aproveche mejor el agua disponible en el suelo. También se analiza el cultivo en zonas situadas a mayor altitud sobre el nivel del mar.

Joan Miquel Canals, profesor de la Facultad de Enología de la URV e investigador del proyecto, sostiene que el cambio climático ya está alterando el calendario de la vendimia. En varios puntos de Cataluña, afirma, este año la recogida de la uva se ha adelantado algunas semanas respecto a campañas anteriores y, en algunos lugares, se ha llegado a vendimiar hasta un mes antes de lo que era habitual hace un par de décadas.

Ese adelanto no afecta solo a la fecha de cosecha. Canals explica que la uva debe recogerse en un estado concreto de maduración y que, al acortarse el ciclo, la vid dispone de menos tiempo para completar procesos que influyen en el perfil del vino. No se trata únicamente de la acumulación de azúcares, sino también de metabolitos secundarios relacionados con los aromas o con el color. El resultado, según el investigador, es que los vinos cambian.

Para el sector de bebidas, una herramienta de este tipo puede tener efectos más allá del trabajo diario en la viña. Si las bodegas y los viticultores cuentan con señales previas sobre la falta de agua, pueden orientar inversiones y decisiones agronómicas con más margen. Eso podría ayudar a mantener la producción y a reducir cambios bruscos en el estilo y la calidad del vino en zonas mediterráneas donde la disponibilidad hídrica condiciona cada vez más la campaña.

Los expertos del consorcio celebraron una jornada en la URV y visitaron después las instalaciones que la Facultad de Enología tiene en el Mas dels Frares, en Constantí. Allí ya están en marcha varias líneas de investigación que pueden incorporarse al proyecto. Canals cita, entre ellas, el estudio genético de nuevas variedades mejor adaptadas a ciclos más largos y de maduración más tardía, con la idea de que sufran menos los golpes de calor del verano.

Otra variable que se estudia es la orientación de las hileras. Si las cepas se plantan de este a oeste, reciben más radiación solar que si se disponen de norte a sur, una diferencia que puede influir en la temperatura del viñedo y en el uso del agua. También entra en juego el marco de plantación, es decir, cuántas cepas hay por hectárea y cómo se reparte la superficie entre ellas.

El propósito final, en palabras de Canals, es obtener vinos de la misma calidad aunque las condiciones climáticas sean distintas. Aguilar añade que quien prueba un vino de una determinada denominación de origen espera reconocer una sensación ya conocida, y defiende que tanto el cultivo como la elaboración tendrán que ajustarse a lo que impone el clima en cada zona.

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