Krug lanza dos champagnes basados en mezclas de múltiples añadas
La Grande Cuvée reúne 143 vinos con 36% de reserva frente a 29 componentes en el Rosé
martes 3 de noviembre de 2026

La maison de champagne Krug presentó el 27 de octubre dos nuevas ediciones de su gama: Krug Grande Cuvée 174ème Édition y Krug Rosé 29ème Édition. La firma vincula ambos lanzamientos a la idea con la que Joseph Krug fundó la casa en 1843: elaborar cada año el mejor champagne posible sin depender de cómo haya sido una sola cosecha.
Krug sitúa esa continuidad en el trabajo de seis generaciones de la familia y en tres bases de su método: la identidad de cada vino, el arte del ensamblaje y la paciencia en bodega. En esta nueva salida al mercado, la casa pone el acento en el tiempo como parte central de la elaboración, tanto por la suma de añadas distintas como por la crianza prolongada antes de la comercialización.
La Krug Grande Cuvée 174ème Édition se ha elaborado con 143 vinos de diez años distintos, desde 2001 hasta 2018. Los vinos de reserva representan el 36% de la mezcla final. La maison sostiene que esa proporción aporta concentración, complejidad y redondez. Después de alrededor de siete años en sus bodegas, la firma considera que esta edición alcanza una amplitud aromática y de sabor que no se obtiene con vinos de una sola añada.
Ese dato permite situar el peso del trabajo de ensamblaje en esta referencia. En Champagne, los vinos de reserva son partidas guardadas de vendimias anteriores que se incorporan a nuevas mezclas para mantener un estilo constante pese a la variación del clima y del rendimiento del viñedo. En el caso de Krug Grande Cuvée, la casa resume el resultado como una elaboración que reúne más de dos décadas de trabajo acumulado y transmisión interna del oficio.
La segunda novedad es Krug Rosé 29ème Édition, un rosado que la firma relaciona con el espíritu de la quinta generación de la familia, que dio forma a esta línea en 1976. Esta edición se ha construido en torno a la cosecha de 2017 y reúne 29 vinos de cinco años diferentes, entre 2010 y 2017.
Krug describe este rosado como un vino de equilibrio entre estructura y finura. La casa sitúa en primer plano la fruta amarilla y roja, apoyada por la profundidad de los vinos de reserva, que, en su lectura, aportan riqueza y una textura suave. Como en la Grande Cuvée, la crianza se ha prolongado al menos siete años en bodega antes de su salida.
Las cifras de ambas ediciones muestran dos planteamientos distintos dentro de una misma filosofía. La Grande Cuvée recurre a un número mucho mayor de vinos y a una ventana temporal más amplia, con 143 componentes repartidos en diez años. El Rosé reduce ese abanico a 29 vinos y cinco años, con la cosecha de 2017 como eje. En ambos casos, Krug mantiene su apuesta por el ensamblaje de varias añadas frente al modelo de champagne basado en una sola vendimia.
La firma entiende esa forma de trabajar como una respuesta a la variación natural de cada campaña. En una región como Champagne, donde la climatología influye de forma directa en maduración, acidez y perfil aromático, las mezclas de vinos de años distintos permiten corregir desequilibrios y conservar una identidad reconocible de una edición a otra.
Con estas dos referencias, Krug mantiene el esquema que ha convertido en su seña de identidad: largas crianzas, uso de vinos de reserva y ensamblajes complejos. La Grande Cuvée 174ème Édition llega al mercado con una mezcla de 143 vinos de 2001 a 2018 y un 36% de vinos de reserva, mientras que Krug Rosé 29ème Édition se apoya en 29 vinos de 2010 a 2017 y ha pasado, como mínimo, siete años en las bodegas de la maison.